Los 31 blancos acertados en la acción militar en curso fueron destruidos ó dañados "en un 80%"

Ataques aéreos durante las 24 horas

La tercera jornada de incursiones aéreas sobre Afganistán se enmarcó en un ataque que el Pentágono considera continuo, sin pausas y destinado a durar por lo menos varios días, quizás cinco en total.

Los ataques van siempre acompañados por acciones humanitarias paralelas.

Este es el comienzo del operativo Libertad Duradera, la campaña contra el terrorismo tras las matanzas de Nueva York y Washington del 11 de setiembre, contra la organización terrorista de Osama bin Laden, Al Qaeda, y los talibán que están en el poder en Afganistán y que la protegen.

Oficialmente, las fuentes no hablan de plazos ni de duración (los primeros bombardeos, con misiles y aviones, comenzaron entre el domingo y el lunes).

El objetivo es no dar cuartel a los adversarios y no proporcionarles tampoco la ventaja de un ritmo de incursiones previsible.

Los 31 blancos acertados en la acción militar en curso fueron dañados ó destruidos «en un 80 por ciento».

La información fue dada a conocer, después de haber examinado los datos proporcionados por satélites, por el jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, general Richard Myers.

Este mostró incluso fotografías, antes y después de los bombardeos, de una base con aeropuerto militar, un campo de adiestramiento y un sitio para misiles tierra-aire.

Para el secretario de Defensa norteamericano Donald Rumsfeld «es claro» que los talibán y los terroristas advierten la presión de los ataques: «Irán creciendo y serán más fuertes cada día», prometió para agregar, de inmediato, que todos los aeropuertos atacados están fuera de uso, excepto uno.

Los misiles y las bombas de la tercera jornada cayeron cerca de Kabul, Jalalabad, Herat y Kandahar.

Estados Unidos asumió la total responsabilidad del ataque contra la casa en Kandahar del líder de los talibán, el molá Omar: «Era –explican– un centro de comando y de control y constituía ‘un blanco legítimo’, no fue un error».

Entretanto, Rumsfeld ratificó el compromiso de evitar víctimas civiles: una referencia a cuatro empleados de las Naciones Unidas, cuya muerte en un edificio reducido a escombros, cerca de un centro de comunicaciones, crea dificultades a Estados Unidos más de lo que, en rigor, han dejado traslucir.

Una vez concluida la primera etapa de los ataques con misiles y aviones, la cuestión es saber qué vendrá ahora.

Rumsfeld ratifica que Estados Unidos no quiere «ocupar» o «mantener una presencia militar duradera» en Afganistán.

La Casa Blanca hizo saber que «habrá una pausa» y que excluida la hipótesis de «invasión» de Afganistán con tropas de tierra, queda pendiente la de operaciones en el terreno, una vez debilitadas las defensas afganas realizada con fuerzas especiales.

El Pentágono se preocupa por reforzar el dispositivo militar en Asia Central, adonde ya envió mil hombres de la 10ª división de montaña, además de fuerzas especiales y al cuarto grupo de las operaciones psicológicas activísimo desde los primeros pasos de la campaña militar.

Según dijo ayer el Washington Post, una vez concluida la ofensiva aérea, nuevas tropas participarán para Medio Oriente y Asia Central o serán desplazadas a ese sitio, oficialmente «para garantizar una mayor flexibilidad a los planes militares» y para «aumentar la gama de las opciones a disposición».

Es posible que las tropas lleguen de Bosnia o de Kosovo, donde los otros países de la OTAN deberán llenar los huecos.

El pasaje de la fase aérea a la segunda etapa sobre el terreno parece inevitable, aunque el ministro de Defensa británico, Geoff Hoon, haya dicho en Moscú que ninguna decisión fue tomada hasta el momento.

Por otra parte, ya se lucha en el terreno y las noticias de los enfrentamientos han llegado ya del noreste de Afganistán, en la frontera con Tadjikistán, donde la Alianza del Norte antitalibán trata de ganar terreno sobre la milicia islámica, que podría disponer de algunos centenares de tanques y blindados de origen soviético.

 

4 civiles que trabajaban para la ONU muertos

 

Tras los ataques de la víspera, la ONU anunció la muerte de cuatro civiles que trabajaban para una ONG en Kabul y pidió «a la comunidad internacional que proteja a los civiles inocentes».

«A las 21H00 locales (16H30 GMT), una oficina de la ONG Afghan Technical Consultants (ATC) fue alcanzada durante el bombardeo de Kabul. El edificio fue destruido», declaró la portavoz de la ONU, Stephanie Bunker, en rueda de prensa.

«Cuatro integrantes de ATC murieron en el acto», precisó la vocera. «Se siguen encontrando partes de sus cuerpos en los escombros», agregó.

Según Bunker, ATC es una ONG «que trabaja en Afganistán en el marco del Programa de la ONU para la erradicación de minas antipersonas».*

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