Washington advirtió que podría atacar otros países en represalia por los ataques que sufrió

Nueva oleada de bombardeos en Afganistán y temor en los EEUU

Funcionarios del Pentágono confirmaron el lunes que comenzó una segunda oleada de ataques aéreos, pero no brindó detalles, mientras un funcionario del Ministerio de Defensa en Londres indicó que las fuerzas británicas participaban nuevamente en los ataques. Según la agencia AIP, basada en Pakistán, los bombardeos afectaron los aeropuertos de la capital Kabul, Jalalabad (este) y Kandahar (sur), el bastión de los talibán. Según el corresponsal de la AFP en la capital afgana, explosiones se produjeron en Kabul poco después de las 16H00 GMT, o sea exactamente 24 horas después de la primera oleada de ataques.

Mientras tanto, la agencia iraní ISNA señaló que el comandante de las Fuerzas Aéreas afganas, Ajtar Mohammad Mansur, murió en los bombardeos de ayer.

También pereció en el mismo ataque otro importante jefe militar de la milicia talibán, el general Omar Ataie, comandante del primer batallón de Nangarhar, al este de Kabul, precisó la agencia, que explicó haber recibido esa noticia de una fuente bien informada en Afganistán.

En Estados Unidos, el fiscal general, John Ashcroft, dijo que decretó el estado de alerta máxima en todo el territorio en previsión de una respuesta a los ataques aéreos aliados.

También indicó que el FBI está tomando «muy seriamente» la aparición de un segundo caso de ántrax o carbunclo en el estado de Florida (sur), añadiendo que no podía descartar la posibilidad de un atentado bioterrorista.

El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, había advertido más temprano que el país «no es inmune» a nuevos ataques y «necesita nuevas defensas porque enfrenta nuevas amenazas», en la ceremonia de juramentación del ex gobernador de Pensilvania, Tom Ridge, como nuevo zar antiterrorista.

El vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, permanece en una residencia desconocida como medida de precaución, indicó la Casa Blanca. El principal sospechoso de los atentados terroristas del 11 de setiembre, el extremista islámico Osama bin Laden, que habría sobrevivido a los bombardeos del lunes, advirtió en un mensaje pregrabado y difundido por una televisora de Qatar que «Estados Unidos y los habitantes de este país no volverán a ver jamás la seguridad antes de que Palestina no la tenga y antes de que todos los ejércitos occidentales ateos no abandonen la tierra de Mahoma» (Arabia Saudita). La nueva oleada de ataques sobrevino poco después de que diplomáticos estadounidenses revelaron que Washington advirtió que podría atacar otros países en represalia por los ataques que sufrió el mes pasado.

«Podemos considerar que nuestra legítima defensa pueda requerir de acciones ulteriores con respecto a otras organizaciones y otros Estados», indicó una carta enviada el domingo por Estados Unidos al Consejo de Seguridad de la ONU.

En su carta, Washington justificó los bombardeos de Afganistán invocando la cláusula de la Carta de la ONU que garantiza a las naciones «el derecho inherente de defensa individual o colectiva», indicaron diplomáticos.

No había indicaciones de cuáles podían ser los futuros objetivos. Bin Laden y sus protectores talibán juraron venganza y una «Jihad» (guerra santa), pero aparecían cada vez más aislados dado que la mayoría de los Estados árabes y musulmanes permanecía circunspecta, salvo Irak e Irán, antiguos enemigos de Estados Unidos que denunciaron los bombardeos.

El apoyo a los extremistas islámicos se expresó en manifestaciones aisladas, que desataron la violencia en Gaza, en los territorios palestinos, y en Quetta, cercana a la frontera afgano-paquistaní.

El Presidente estadounidense, George W. Bush, indicó que los ataques del domingo se desarrollaron como «habían sido planificados». Su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, calificó como «muy exitosos» los ataques contra los talibán, protectores confesos de Osama bin Laden y su red Al Qaeda, responsabilizados por los atentados terroristas del 11 de setiembre que cobraron 5.500 vidas.

Rumsfeld indicó que los primeros bombardeos sobre Afganistán la noche del domingo permitieron hacer «progresos» hacia la destrucción de las defensas antiaéreas.

El secretario de la Defensa indicó igualmente que los bombardeos hicieron impactos en algunos aeropuertos militares.

«Todos los blancos (de los bombardeos) fueron blancos militares», aseguró. Interrogado más temprano por la televisión NBC sobre la muerte de civiles a raíz de los ataques militares, el secretario de Defensa había indicado que «claramente, no es el caso». «Los objetivos fueron cuidadosamente designados, tenían tendencia a situarse en localidades alejadas», dijo. «No queda ninguna duda de que la gente que se encontraba cerca de los objetivos formaba parte de la red Al Qaeda o militares talibán», concluyó. El secretario de Defensa británico, Geoffrey Hoon, indicó que misiles y bombarderos atacaron 30 objetivos en todo Afganistán. El enviado talibán en Pakistán, Abdul Salam Zaif, condenó los ataques aéreos de la noche del lunes como «horrendos ataques terroristas» dirigidos contra «todo el mundo musulmán» y advirtió que tendrá «severas» consecuencias para los atacantes.

La agencia de prensa Islámica Afgana indicó que los ataques mataron por lo menos a 20 civiles en Kabul y sus alrededores, y Zaif precisó que incluían a «mujeres, niños y ancianos».

Bin Laden y el líder espiritual de los talibán, el molá Mohammad Omar, sobrevivieron a los ataques, dijo Zaif, aunque precisó que desde entonces no hay contactos con Bin Laden.

El Procurador General de Estados Unidos, John Ashcroft, dijo que el FBI tomaba «muy seriamente» la aparición de un segundo caso de ántrax o carbunclo en el sur de Florida, y no descartó la posibilidad de un ataque bioterrorista.

«No descartamos nada por ahora», dijo Ashcroft.

Funcionario de salud de Florida, indicaron el lunes que se descubrió una segunda persona infectada con ántrax, tres días después de la muerte de uno de sus colegas del diario The Sun en West Palm Beach. Ashcroft dijo que el edificio fue clausurado.

La situación era tensa en Gaza, donde dos personas resultaron muertas por disparos cuando las protestas antiestadounidenses degeneraron en tiroteos entre militantes palestinos enmascarados y la policía palestina.

La explosión de violencia, que enfrentó a palestinos con sus propias fuerzas de seguridad, sobrevino mientras la Autoridad Palestina de Yasser Arafat intentaba mantener la distancia de Bin Laden, considerado un héroe por muchos militantes palestinos.

Una persona murió cuando el ejército intervino para reprimir los disturbios en Quetta, donde entre 10.000 y 15.000 estudiantes y musulmanes de línea dura incendiaron dos cines, una comisaría policial, un centro comercial, un edificio de la Unicef y un cuartel de bomberos.

Enfervorizados guerrilleros de la opositora Alianza del Norte, alentados por los bombardeos, lanzaron un ataque contra las posiciones talibán al norte de Kabul y afirmaron haber tomado el control del aeropuerto de Chaghcharan (centro), prediciendo que la capital afgana caerá en pocos días.

Pero Abdullah Abdullah, el ministro de Relaciones Exteriores de la Alianza y principal portavoz, indicó a la prensa: «Preferimos por ahora no avanzar (hacia Kabul) y elegir un mejor momento».

«La situación en Kabul dependerá… de la profundidad de los bombardeos de la alianza internacional», indicó.

La alianza, que controla apenas el 10% del territorio afgano, está integrada por minorías étnicas y analistas internacionales afirman que no puede asegurar un gobierno sobre la mayoría pachtún.

El presidente Pervez Musharraf de Pakistán, país que patrocinó a los t
alibán y actualmente es el único en el mundo que mantiene relaciones diplomáticas con Kabul, advirtió que Afganistán podría sumirse nuevamente en la anarquía.

«Sin duda, la Alianza del Norte debe ser mantenida bajo control para no volver al período de anarquía» que prevaleció entre milicias rivales desde la retirada soviética en 1989 hasta la conquista del poder por los talibán en 1996, indicó.

Un futuro gobierno de Afganistán debe ser amigo de Pakistán, enfatizó.

Musharraf, bajo ataque de los musulmanes conservadores paquistaníes por haber permitido la utilización de su espacio aéreo para los ataques contra Afganistán, reveló el lunes que realizó cambios en los mandos de sus Fuerzas Armadas en la víspera del ataque.

La purga secreta resultó en particular en la destitución del poderoso jefe de la inteligencia militar, el teniente general Mahmud Ahmed, que tiene estrechos vínculos con los talibán.

En un desarrollo sorpresivo tras los ataques del lunes, los talibán liberaron a la periodista británica Yvonne Ridley, detenida el 28 de setiembre por «ingreso ilegal» al país, entregándola a las autoridades paquistaníes. *

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