Nueva York teme represalias
DEBORAH PASMANTIER NUEVA YORK, AFP
Las nuevas medidas de seguridad adoptadas ayer por las autoridades de Nueva York en previsión de posibles acciones de respuesta a los ataques liderados por Estados Unidos contra Afganistán no parecieron afectar demasiado a los neoyorquinos.
El anuncio de los ataques no provocó el pánico ni hizo volver a sus casas a los paseantes en Nueva York, a casi un mes del atentado al World Trade Center que provocó cerca de 5.000 muertos o desaparecidos.
Una larga cola de visitantes esperaba ante las puertas del edificio Empire State –que permanece abierto– para subir a la terraza del piso 102. Además, las calles, restaurantes y demás comercios del barrio Soho estaban llenas de gente; y una multitud continuaba intentando ver las ruinas de las Torres Gemelas en el sur de Manhattan.
El reforzamiento de las medidas de seguridad anunciado por el alcalde Rudolph Giuliani no era perceptible a primera vista, ni siquiera cerca de los edificios de la ONU ni del centro cívico que alberga diversas cortes de Justicia y edificios federales.
Giuliani precisó que el dispositivo de seguridad sería superior al de los últimos días pero inferior al de las jornadas inmediatas al atentado del 11 de setiembre.
La medida no cambió los planes cotidianos de los neoyorquinos –que aún están traumatizados por los atentados– que sin embargo al ser interrogados en la calle reconocen estar inquietos y esperan con certeza una respuesta al ataque estadounidense.
Neoyorquinos consultados al azar no estaban convencidos de la utilidad de estos ataques, incluso si apuntan a Osama bin Laden y su organización Al Qaeda, responsabilizados por los atentados a Washington y Nueva York.
«Estoy más nervioso, cuando escucho un helicóptero miro hacia arriba. En alguna parte, en algún momento va a pasar algo, y tengo miedo», dijo el Jason Forrest, un artista de 29 años que vio cómo las Torres Gemelas se derrumbaban desde su apartamento en Brooklyn.
«No estoy muy contento» con los ataques, «va a morir gente, civiles afganos o estadounidenses», continuó.
«Espero lo inesperado. Está en mi cabeza y estoy inquieto, aunque eso no influye en mi vida cotidiana», dijo por su parte Jeff Wine, un desocupado de 30 años.*
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