"Puñetazos diplomáticos" entre Sharon y Bush
NIKO SCHVARZ
En términos de «puñetazos diplomáticos» ha sido definido el reciente cruce de declaraciones entre George Bush y Ariel Sharon. Bastó que el presidente norteamericano –con el fin de embarcar a los países árabes en su alianza guerrera– declarase que un Estado palestino forma parte de su visión sobre el Oriente Medio, para que el primer ministro saltara con la acusación de que se procuraba apaciguar a los árabes a costa de Israel, del mismo modo que en 1938 «se decidió sacrificar Checoslovaquia» a los nazis. Bush consideró «inaceptables» estas imprecaciones y Sharon replicó que lo «inaceptable» era la conducta de EEUU. El vocero Ari Fleischer tranquilizó al primer ministro asegurando que «Israel no tiene un aliado y amigo más cercano en el mundo que Estados Unidos, y el presidente Bush es especialmente un cercano amigo de Israel». La pirotecnia verbal, un tanto ríspida pero finalmente de guante blanco, terminó aquí.
Sigue la matanza
Lo que terminó fueron las masacres en la región, los muertos de uno y otro lado, en un clima exasperado desde que Sharon aprovechó la coyuntura internacional para multiplicar la represión sangrienta en los territorios. En ese cuadro prohibió al canciller Shimon Peres concurrir a una reunión ya fijada con Arafat, y después que ésta a pesar de todo se realizó, la frágil tregua pactada voló en pedazos por acciones y reacciones agresivas de ambas partes, al extremo de que hoy el diálogo de paz está sepultado. Aunque Colin Powell reclama su reanudación, es poco probable que le lleven el apunte.
Sigamos examinando los hechos. En los últimos ocho días, murieron 20 palestinos y 2 israelíes en el atentado de Afula reivindicado por Al-Fatah. Mientras se producían los chisporroteos por TV (jueves y viernes), «al menos 7 palestinos murieron y 150 resultaron heridos en una batalla que estalló el viernes en las alturas que dominan la ciudad de Hebrón, en Cisjordania. La bandera israelí ondeaba en los barrios palestinos. Para impedir el avance de los blindados, los palestinos lucharon casa por casa. Muchas fueron dañadas, otras derribadas y algunos edificios transformados en puestos militares israelíes. El miércoles y jueves, los francotiradores palestinos dispararon sobre fieles judíos que llegaron a rezar en la Tumba de Patriarcas. Dos mujeres fueron heridas. En la noche, helicópteros de combate dispararon misiles, uno golpeó un edificio provocando la muerte de cinco jóvenes.
Cuenta trágica
En Rafah, franja de Gaza, blindados israelíes penetraron en las zonas autónomas de Netzarim (donde colonia judía fue atacada) y Tulkarem, donde murió un colono en una emboscada palestina. Un grupo cercano a Al-Fatah reivindicó el atentado del jueves en la estación de autobuses de Afula (Baja Galilea): un palestino vestido de paracaidista mató a tres pasajeros e hirió a 14 antes de ser abatido.
Los antecedentes inmediatos de estos últimos hechos son igualmente trágicos. El martes, un comando del Hamas atacó una colonia judía al norte de la franja de Gaza y mató a una pareja de jóvenes soldados. Los dos atacantes perdieron la vida. En la represalia, tanques y helicópteros israelíes mataron seis palestinos y destruyeron tres puestos policiales. La trágica cuenta ascendía el fin de semana a 856 víctimas desde el 28 de setiembre del año pasado: 659 palestinos, 174 israelíes, 23 árabes israelíes.
La historia, ayer y hoy
La invocación al pacto de Munich efectuada por Sharon merece una precisión histórica. Al regreso de su encuentro con Hitler, Chamberlain exhibió en el aeropuerto de Heathrow un papelito en que constaba «his signature as well as mine» (su firma, así como la mía). Era presuntamente la promesa de no invadir Checoslovaquia. Ya se sabe lo que hizo el jefe nazi con el papelito. En realidad, Chamberlain y Daladier buscaban empujar a Hitler al este, a la guerra contra la URSS. Esta reclamó en vano una acción colectiva para frenar al nazismo, cumpliendo los tratados con Checoslovaquia. A la ocupación de los Sudetes por los nazis siguió la de todo el país. Recién cuando las potencias occidentales se convencieron que Hitler aspiraba al dominio del mundo –y en ese sentido Churchill desempeñó un papel relevante– pudo gestarse la coalición que derrotó al nazismo.
En cuanto a la historia reciente, es sabido que Sharon siempre rechazó con tenacidad la creación de una fuerza de interposición de la ONU, que podría coadyuvar al mantenimiento de la paz en la región. Y precisamente EEUU vetó la iniciativa, que había logrado la mayoría requerida en el Consejo de Seguridad. En esta materia, como en el terreno militar, se comprobó que Bush y Sharon son un solo corazón.*
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