El "vale todo" de los dueños del mundo

NIKO SCHVARZ

 

En la llamada «guerra contra el terrorismo», vale todo: tal es el criterio que EEUU procura imponer llevándose a la rastra al mayor número de países que pueda alinear en la nueva cruzada preconizada por Bush el 20 de setiembre ante el Congreso. Ha concentrado una cantidad nunca vista de engendros bélicos en torno a Afganistán y presiona por todos los medios (incluida la visita del secretario de la Guerra Don Rumsfeld a Arabia, Omán, Egipto y Uzbekistán) para colocar bajo su dominio las bases militares, el espacio aéreo, los sistemas de inteligencia (e incluso las tropas en el caso de Gran Bretaña) en los países vecinos, sin excluir las ex repúblicas soviéticas del Asia Central por donde ingresaron las tropas en 1979.

Oleada macarthista

Los efectos de una campaña publicitaria que taponea todos los canales, las ondas y las páginas escritas, ya se hacen sentir en EEUU e impregnan a numerosos países en un turbión de histeria e irracionalidad. Se han denunciado atentados mortales contra musulmanes, persecución a niñas escolares de Bangla Desh, amenazas a personas de origen sij, todo lo cual ha sido ocultado por la censura imperante, la misma que impidió filmar los cadáveres.

Hay periodistas despedidos por no comulgar en el altar oficialista (¡en el país de Bob Woodward y la campaña del Watergate!), un sistema de protección especial en torno a la congresista Barbara Lee, que votó contra los poderes autocráticos a Bush, a lo que se suman dos hechos graves que acaba de resaltar la Human Rights Watch en carta a Bush.

Se trata de su vigoroso alerta contra el proyecto (prohijado por el fiscal general John Ashcroft) que levanta la prohibición de la participación de EEUU en asesinatos, o sea: que autoriza a matar. La HRW recuerda –como lo hicimos en reciente nota– que el presidente Ford impuso la prohibición «después que el informe del Comité Church (del Senado) revelara que la CIA había estado involucrada en la planificación o comisión del asesinato del presidente cubano Fidel Castro, el primer ministro congolés Patrice Lumumba, el presidente chileno Salvador Allende, el presidente dominicano Rafael Trujillo y el Che Guevara, entre otros». El organismo sostiene que «una política de asesinatos plantea el riesgo de que salga el tiro por la culata y constituye una violación flagrante del derecho a la vida», además de que «supondría eludir las normas de la justicia penal en el mundo».

La segunda objeción se refiere al reclutamiento por parte de la CIA de agentes involucrados en la violación de los derechos humanos, recordando al respecto que la CIA tenía a sueldo a oficiales del ejército guatemalteco que cometieron asesinatos a mansalva (incluso de ciudadanos norteamericanos) y al chileno Manuel Contreras, organizador del atentado terrorista en Washington que mató a Orlando Letelier y Ronni Moffitt. Ambos proyectos, concluye HRW, «pondrían en riesgo los derechos fundamentales de los ciudadanos».

Con el mazo dando

Se divulgó estos días el manual de terrorismo atribuido a Al-Qaeda. ¿Acaso el de la CIA es muy diferente? Ahora se revela que la CIA, en el gobierno de Clinton, armó comandos especiales en Pakistán para asesinar a Bin Laden tras los atentados a las embajadas USA en Tanzania y Kenia, pero fracasó porque Nawaz Sharif fue derrocado y hubo que empezar de nuevo.

Mientras prepara la guerra en gran escala, EEUU continúa librando una guerra limitada.

Los bombardeos a Irak siguen impunemente. Comandos especiales penetran en territorio afgano, contingentes británicos –que ingresaron por la frontera uzbeka– operan con la Liga del Norte, mientras Tony Blair y la cancillería de Berlusconi se arrogan el derecho de digitar el futuro gobierno de Kabul. Bush procura acercarse a los musulmanes con la promesa de reconocer el derecho a un estado palestino, pero Sharon hace oídos sordos y sigue la masacre, multiplicándose los choques con víctimas de ambos lados.

Una premonición de Galeano

A esta altura voy a recomendarles el libro de Eduardo Galeano «Patas arriba». En la página 127, bajo el título: «¿Nace una estrella?», hay un recuadro que dice: «A mediados del 98, la Casa Blanca lanza otro villano a la cartelera mundial: responde al nombre artístico de Usama bin Laden, es fundamentalista islámico, lleva barba y turbante, y en el regazo acaricia un fusil.

¿Hará carrera esta nueva figura estelar? ¿Tendrá buena taquilla? ¿Logrará demoler los cimientos de la civilización occidental, o será no más que un actor secundario? en el cine de terror, nunca se sabe».

¿Premonición, o qué? En todo caso, no se olvide que el libro tiene como subtítulo: «La escuela del mundo al revés». Quizá por eso haya acertado.*

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