Un caso de ántrax en la Florida: el FBI investiga
WEST PALM BEACH, EEUU, AFP
Responsables sanitarios y el FBI siguían investigando ayer viernes cómo y dónde pudo contraer la enfermedad Robert Stevens, de 63 años, hospitalizado en estado muy grave cerca de West Palm Beach (Florida), donde reside, tras un viaje a Carolina del Norte. El último caso de ántrax registrado en Florida se produjo en 1974. El departamento de salud de Palm Beach reiteró ayer que el caso de Stevens «es aislado y no contagioso» pero anunció que está investigando en laboratorios y hospitales del condado eventuales indicios de otros casos, hasta ahora sin hallar nada.
Ayer viernes ni la policía, ni los centros escolares ni los responsables de sanidad pública del condado informaron sobre situaciones de pánico. Todos coinciden en que ello se debe a los mensajes tranquilizadores de las autoridades federales y locales.
Sin embargo, en el JFK Medical Center, donde está internado Stevens, varias personas han llamado interesándose sobre las medidas de precaución a adoptar. «Ello se debe más al frenesí mediático que a los hechos en sí», dijo una portavoz del hospital, en cuyo estacionamiento están congregados numerosos periodistas, a los que calificó de «tiburones».
Un informe de Arthur M. Friedlander, jefe de la división Bacteriológica del cuerpo médico del ejército de Estados Unidos, asegura sin embargo que la bacteria del ántrax es mortal si es «rociada» desde el aire, y puede convertirse en un temible método de ataque bacteriológico.
Así, algunas coincidencias, aunque probablemente fortuitas, han avivado la aprensión causada tras los atentados terroristas.
La casa de Robert Stevens se encuentra a 1,5 km de un aeródromo donde Mohammed Atta, presunto cabecilla de los terroristas, alquiló un pequeño avión en cuatro ocasiones en el mes de agosto, indicó el viernes The Miami Herald, citando a Marian Smith, propietaria del Palm Beach Flight Training.
El domicilio de Stevens se encuentra también a menos de 15 km de un conjunto de apartamentos donde residieron varios de los presuntos autores de los ataques del 11 de setiembre, según la misma fuente.
Tras esos atentados, el temor a sufrir ataques bacteriológicos se ha extendido en Estados Unidos. Una semana después de las matanzas de Nueva York y Washington, se supo que al menos uno de los 19 supuestos terroristas en setiembre se interesó por el funcionamiento de aviones fumigadores, según declaró un técnico en manutención de estos aparatos en un pequeño aeropuerto de Florida.
Las autoridades federales de aviación del país suspendieron temporalmente los vuelos de este tipo de aparatos, capaces de transportar entre 1.000 y 3.000 litros de sustancias químicas. *
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