Suicidio masivo de secta ugandesa

Al menos 400 carbonizados

Clausuraron las puertas y ventanas con maderas y clavos y cantaron durante horas hasta que se rociaron en combustible y prendieron fuego a la iglesia, en lo que se considera el segundo gran suicidio colectivo de la historia contemporánea.

Más de 400 miembros del «Movimiento para la restauración de los 10 Mandamientos de Dios», muchos de ellos con sus hijos, pusieron fin a sus vidas el viernes, convencidos de que así estaban ganando un pasaporte al cielo.

«Durante todo el tiempo habían dicho que esta iglesia era el Arca de Noé», aseguró Florence, una residente local, quien agregó que «se les dijo que tenían que venir aquí cuando llegara el tiempo de la calamidad».

«Les dijeron que en algún momento de este año el mundo acabaría (…) quizá esa gente creyó que eso es lo que había ocurrido», destacó.

Cientos de restos carbonizados permanecían ayer en las ruinas de la iglesia en el suroeste de Uganda, mientras la lluvia caía sobre la zona.

Entre los cadáveres se divisan los de al menos 11 niños, aunque probablemente haya muchos más.

Varios de los cuerpos sin vida se encuentran con sus brazos extendidos en lo que parece ser un pedido de auxilio. Otros están boca abajo o en posiciones diferentes.

Muchos más aparecen como si estuvieran acurrucados juntos contra las llamas. Un bebé que tenía pocos meses se encuentra en posición fetal en el piso.

Entre 400 y 600 se calculaban las víctimas de la secta que cometió el suicidio colectivo, según informó ayer domingo en Kampala, la capital ugandesa, el portavoz policial Eric Naigambi.

De acuerdo con la policía de Uganda, dicha secta contaba con unos 235 miembros registrados en la localidad, mientras una radio ugandesa, captada por la BBC de Londres, señaló que la cifra de muertos puede superar los 400.

Un gran barril, que, según la policía, pudo haber contenido combustible, se encontraba en uno de los extremos de la iglesia, junto con los restos de varios bidones.

«Se produjo una gran explosión y luego otra», declaró a Reuters el funcionario local Kalule Sengo.

Los vecinos consideraron que quizá nunca se sepa si todos los miembros de la secta sabían exactamente lo que les iba a ocurrir, mientras la policía afirmó que investiga el caso como suicidio colectivo pero también como asesinato, debido sobre todo a la muerte de niños.

La última cena

En un dormitorio cercano, los huesos de pollo y los restos de pan de semillas de mijo dan testimonio de la última cena que disfrutaron los miembros de la secta.

Funcionarios locales dijeron que los fanáticos sacrificaron una vaca y ordenaron 70 cajas de refrescos la noche anterior a quitarse la vida.

Kanungu, a 320 kilómetros de la capital Kampala, se encuentra en el extremo suroeste de Uganda, un país que el ex dictador Idi Amin convirtió en una época en sinónimo de horrores.

Al oeste, limita con la República Democrática del Congo, donde los ejércitos de seis estados africanos están inmersos en una sangrienta guerra civil.

Al sur, se encuentra Ruanda, donde 800.000 personas fueron víctimas en 1994 del mayor genocidio luego de la Segunda Guerra Mundial.

Los líderes de la secta, que incluían al ex dirigente opositor Joseph Kibwetere y a dos sacerdotes católicos excomulgados, dijeron a sus discípulos que el mundo se acabaría en el 2000.

El mayor suicidio en masa de los tiempos modernos tuvo lugar en 1978 cuando un pastor paranoico estadounidense, Jim Jones, condujo a 914 seguidores a su muerte en Jonestown, Guyana, con un jugo de frutas envenenado con cianuro.

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