Pakistán, el único aliado de Afganistán, reconoce que EEUU tiene pruebas contra Bin Laden

Los talibán asediados; Washington busca tranquilizar a los árabes

En un gesto al pueblo de Afganistán para que apoye la caída de los talibán, el presidente estadounidense George W. Bush anunció en Washington la concesión de una ayuda de 320 millones de dólares a este país amenazado por una catástrofe humana.

Los talibán, que rechazan entregar al jefe islamita Osama bin Laden, son el objeto desde hace varios días de reiteradas amenazas de Washington y de Londres, que evocan abiertamente la necesidad de apartarlos del poder.

Bin Laden está considerado como el responsable de los ataques suicida del 11 de setiembre contra Nueva York y Washington que habrían causado cerca de 5.500 muertos y desaparecidos.

El primer ministro británico Tony Blair aseguró de nuevo este jueves que las pruebas contra él eran contundentes.

Según Blair, el jefe islamita habría advertido a algunos de sus allegados del ataque del 11 de setiembre «poco antes» de la fecha y habría hecho viajar a Afganistán a varias otras personas.

Confirmando su ruptura con la milicia fundamentalista de los talibán, pese a haberla apoyado durante mucho tiempo, Pakistán anunció el jueves que le habían convencido las pruebas contra Bin Laden aportadas por Estados Unidos. «Vimos los documentos que nos proporcionó ayer la parte norteamericana, esos documentos proporcionan ciertamente una base suficiente para la inculpación ante un tribunal», indicó el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores, Riaz Mohamad Khan.

Pero Islamabad, elemento clave del dispositivo antiterrorista en la región, rechazó cerrar por completo todo canal de comunicación con los talibán y aseguró que aún eran posibles las negociaciones para la extradición de Bin Laden.

El viernes se espera la llegada de Blair a Pakistán, que ha tomado medidas de seguridad excepcionales para evitar que su apoyo a Washington y Londres no desate la ira de sus propios medios islamitas.

Más de 35.000 policías patrullan las calles de Karachi (sur), la mayor ciudad de Pakistán con 10 millones de habitantes, para proteger a «objetivos» de los islamitas radicales.

Las signos de un inicio de desmoronamiento del régimen talibán por la presión internacional se multiplicaron con informaciones no confirmadas que hablan de deserciones entre sus filas e incluso de rebelión contra su autoridad.

Según la oposición afgana, sectores de la población civil se encuentran en estado de insurrección en al menos dos provincias del oeste de Afganistán.

La Alianza del Norte, coalición de fuerzas que contaría con entre 12.000 a 15.000 hombres armados, señaló igualmente que varios miles de combatientes talibán están dispuestos a desertar.

La Alianza se ofrece como punta de lanza de una operación terrestre contra los talibán, cuyas fuerzas se estima que ascienden a entre 40.000 y 60.000 hombres.

Al mismo tiempo, los responsables norteamericanos tratan de tranquilizar a los países árabes aclarándoles que la guerra contra el terrorismo no es una guerra contra los musulmanes y que ningún país árabe será objetivo de la misma.

El secretario de Defensa estadounidense Donald Rumsfeld visitó este jueves Omán, emirato estratégico por su posición en la entrada del Golfo y por sus estrechas relaciones con Gran Bretaña, que tiene destacados a soldados en el país.

La víspera, en Arabia Saudita, fue recibido por el rey Fahd, el príncipe heredero Abdalá y su homólogo saudita Sultán Ben Abdel Aziz. Este último precisó que estaba «seguro» de que ningún país árabe será atacado por los norteamericanos.

Rumsfeld llegó el jueves por la noche a Egipto, donde el presidente Hosni Mubarak resaltó que su país no participaría en una acción militar. Egipto «apoya la lucha contra el terrorismo, pero no tomará parte con sus tropas» en una coalición, declaró Mubarak.

Con esta gira por Medio Oriente, Washington desea atenuar la impresión que dejaron las primeras declaraciones de la administración Bush, afirmando que los países sospechosos de dar cobijo a organizaciones terroristas serían víctimas de la cólera estadounidense.

Países como Irak, Siria, el Líbano, Libia o Irán podían sentirse concernidos, en la medida en que Estados Unidos les relaciona con organizaciones que reivindican actos violentos.

Para atraer a los países árabes al proyecto de coalición antiterrorista, Rumsfeld puede ha-

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje