Un comando de EEUU, cuyo campo de batalla es la mente del enemigo
Los especialistas del Quarto Psychological Operation Group, un comando estadounidense cuyo campo de batalla es la mente del enemigo, ya están actuando en la frontera de Afganistán, en un lugar secreto presumiblemente de Uzbekistán.
Los integrantes del comando, que no tienen autorización para matar, se encuentran entre los primeros que entraron en acción después del ataque del 11 de setiembre y sus armas son estaciones de radio, manifiestos y altoparlantes.
Los especialistas del Quarto Psychological Operations Group dejaron su base de Fort Bragg, en Carolina del Norte, la misma de la Delta Force, para instalarse en una localidad secreta, presumiblemente de Uzbekistán.
Los «guerreros de la mente» disponen de seis aviones EC–130E transformados en estaciones de radio volantes.
Desde esos aparatos es posible «bombardear» al enemigo, sin entrar en el cielo de Afganistán, por medio de transmisiones de radio y televisión, alterando al mismo tiempo las comunicaciones del adversario.
Esos comandos están dotados, además, de aparatos blindados que operan como tipografías móviles imprimiendo manifiestos, diarios, revistas y afiches.
La misión es informar a la población de Afganistán y a las fuerzas de los talibán de las verdaderas intenciones de la máquina de guerra de Estados Unidos, para quien –dicen– el enemigo no es el Islam sino el terrorista Osama bin Laden y quienes lo protegen. Los «comandos» de la mente pueden vanagloriarse hasta ahora de numerosos logros para Estados Unidos.
Ellos fueron quienes desalojaron al dictador de Panamá Manuel Noriega, en 1990, de la nunciatura vaticana tras bombardearlo durante tres días con música rock a todo volumen.
Durante la guerra del Golfo fueron tres «guerreros de la mente» los que capturaron, armados sólo con megáfonos, a más de 500 soldados iraquíes desmoralizados por la situación a que había llegado el conflicto.
Sin embargo, la campaña en Afganistán presenta para estas Fuerzas Especiales estadounidenses problemas notables.
Los tradicionales lanzamientos de manifiestos destinados a la población pueden revelarse, finalmente, de dudosa utilidad pues dos afganos de cada tres no saben leer.
Una de las ideas es utilizar símbolos gráficos, por ejemplo, imágenes de Bin Laden y de la bandera de Afganistán, manchadas de sangre.
Del mismo modo, presenta obstáculos también el tradicional «bombardeo» radiofónico, porque en Afganistán existen sólo tres estaciones de radio pero el primitivismo de la red eléctrica redujo la difusión de las radios en el país.
Una posibilidad para los especialistas en «operaciones psicológicas» es la ya experimentada con éxito en Haití: sembrar las ciudades afganas con radios a pila.
Otro posible objetivo de las operaciones son los refugiados que están abandonando Afganistán y se dirigen hacia Pakistán.
La población en fuga será informada, por manifiestos preparados por estos «comandos de la mente», de que el alimento que se entrega en los campos de refugiados es proporcionado por Estados Unidos. *
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