Llamados a la sensatez, a prevenir la guerra
El mundo vive una tensa vigilia. Se especula sobre el inicio de las acciones armadas, mientras un gigantesco despliegue militar cerca la más rica zona petrolífera del planeta. Hay quienes procuran aprovechar la situación y extender los ataques contra Afganistán a Irak para derrocar a Saddam Hussein, otrora el socio mimado de EEUU en la guerra contra Irán. En Washington se fabrica el nuevo gobierno de Kabul, sacan del sarcófago a un rey de 87 años y le dan el espaldarazo a la Alianza del Norte como antes armaron, adiestraron y financiaron al hoy satanizado Osama bin Laden. Berlusconi, que gobierna con ministros fascistas, desata un vendaval al agraviar la civilización islámica, mientras Bush coloca la lucha por la libertad en manos de la CIA, la misma que asesinó a decenas de líderes políticos y le pagaba un millón de dólares por año a Montesinos, su agente hoy encarcelado.
La congresista solitaria
En este cuadro ominoso se van alzando voces que con variadas fundamentaciones reclaman que impere la sensatez y se evite –mientras todavía es tiempo– una nueva hecatombe mundial. El primer lugar le corresponde a Barbara Lee, representante por el distrito de California (que incluye Oakland, Berkeley y Alameda), que fue la única en votar contra la concesión de poderes bélicos especiales al presidente Bush, en oposición a 420 legisladores de la Cámara baja del Congreso. En nota a Página/12 fundamentó su posición en estos términos:»Yo no podía apoyar el otorgamiento de facultades tan extensas al Ejecutivo para hacer la guerra. Hacerlo equivalía a poner más vidas inocentes en riesgo. Era un cheque en blanco al presidente para atacar a cualquiera… en cualquier país y sin límite de tiempo».
Prosiguió: «Debemos desarrollar nuestra inteligencia y traer a la Justicia a quienes cometieron los crímenes. Debemos movilizar, y mantener, una coalición internacional contra el terrorismo. Debemos responder, pero el tipo de respuesta determinará qué mundo heredarán nuestros hijos. Medidas que hagan germinar nuevos actos de terror no darán cuenta de las fuentes del odio ni aumentarán nuestra seguridad. Una carrera para lanzar precipitadamente un contraataque militar entraña el gran riesgo de que muera más gente inocente, hombres, mujeres y niños. Y no podía votar por una resolución que –creo– puede llevarnos a un final así».
Mercaderes en acción
Otra vez de alerta, desde Colombia, dice: «Los vendedores de armas norteamericanos se frotan las manos. Es el aquelarre comercial revestido de lucha por la democracia, la libertad y los derechos humanos. Es la venganza, no la justicia. Ellos, terroristas de toda la vida, pueden reclamar el derecho a señalar quién es terrorista. ¡Con tanta experiencia! Lo que hoy se vende son armas, muerte, destrucción y un modelo de gobierno único en el mundo. Una nueva Roma gobernada por alguien investido de poderes infinitos. Pero usted podrá ver la guerra cómodamente sentado, al frente de un televisor de marca extranjera, tomando Coca Cola, masticando chicles Adam’s y crujientes pop corns de transgénico maíz importado de California». Y concluye: «Ni con los terroristas ni con ellos, que también son terroristas. Estamos por la justicia, la vida, la paz y la soberanía».
Otra vez Fidel Castro
En la dramática coyuntura volvió a escucharse la voz serena de Fidel Castro. El líder cubano condenó sin atenuantes el terrorismo como «instrumento de los peores enemigos de la humanidad», enfatizando que «el empleo intencionado de las armas para matar personas inocentes como método de lucha es absolutamente condenable y debe ser erradicado como algo indigno e inhumano, tan repugnante como el terrorismo histórico de los estados opresores». Advirtió que «los que toman las decisiones sólo apuestan a las acciones bélicas», incluso con armas nucleares y sin importarles las vidas norteamericanas. A su juicio se requiere «liquidar el fenómeno del terrorismo sin necesidad de guerras de imprevisibles consecuencias y sin la muerte de un número incalculable de personas inocentes». En tal sentido hay que devolverle a la ONU y a la Asamblea General las prerrogativas que le han sido arrebatadas: «La fórmula de reintegrar a las Naciones Unidas sus funciones de paz es indispensable».
Según recordó, Cuba –que resistió con honor más de 40 años de guerra económica, bloqueo y terrorismo– fue el primer país en plantear la lucha internacional contra el terrorismo, y subrayó que «salvar la paz con dignidad, con independencia y sin guerra es piedra angular de la lucha que unidos debemos librar por un mundo verdaderamente justo de pueblos libres». En conclusión: «Â¡Estamos y estaremos contra el terrorismo y contra la guerra!». *
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