Rusia prepara defensa total por posibles ataques químicos y biológicos

Rusia, empeñada en apoyar a Estados Unidos en la operación antiterrorista en Afganistán, se prepara para una defensa total contra posibles contraataques por aire, tierra o subacuáticos, mientras crece el temor a una agresión con agentes tóxicos.

Moscú no enviará tropas a Afganistán, pero abrió su espacio aéreo y ya está enviando ayudas militares a la Alianza del Norte (ADN) contra los talibán.

Los rusos también aseguraron la participación en operaciones de «búsqueda y auxilio» en territorio afgano, lo que sobreentiende una posible intervención de fuerzas especiales, mientras las repúblicas aliadas de Asia Central pusieron sus bases a disposición.

En los últimos días llegaron a Moscú dos misiones del Pentágono y del Departamento de Estado norteamericano para apurar los tiempos de la coordinación militar y política en vista de la contraofensiva antiterrorista.

Según fuentes de la ADN, los rusos proporcionaron a Estados Unidos mapas detallados sobre los refugios en Afganistán de Osama bin Laden, que parecería hallarse entre la capital, Kabul, y Jalalabad, al noreste.

Según la ADN, el hecho de que Washington parece disponer, gracias a los rusos, de informaciones sobre la red de Bin Laden habría acelerado los tiempos de un ataque anglo-norteamericano en Afganistán.

La alianza antiterrorista con Estados Unidos, criticada por la oposición política de derecha y de izquierda, pone a Rusia en primera línea entre los posibles objetivos de contraataques terroristas, sea contra la capital o contra otros puntos estratégicos.

Hoy informaciones trascendidas de las autoridades municipales, pero no confirmadas oficialmente, indican que éstas al parecer habrían recibido en los últimos días informes sobre el peligro de un posible ataque con armas químicas o bacteriológicas. En consecuencia, se habría puesto en marcha de inmediato un plan para proteger los puntos neurálgicos, como plantas hídricas, escuelas, centros deportivos y subterráneos.

También se habrían reforzado las medidas de seguridad en la industria alimentaria y en las fábricas que producen agentes tóxicos o patógenos.

El posible uso de armas químicas o biológicas de parte de la guerrilla chechena, acusada de relaciones con Bin Laden, ya había sido evocado el pasado agosto por los servicio secretos rusos. El Washington Times provocó una dura reacción de Moscú cuando escribió recientemente que el terrorista saudita compraría componentes para armas químicas y nucleares a la mafia rusa.

El comandante de la defensa antiaérea de la capital rusa, general Ghennadi Vasiliev, subrayó ayer la necesidad de reforzar la protección de la ciudad, actualmente protegida por un miniescudo como establece el tratado ABM de 1972.

Vasiliev subrayó que hasta ahora Moscú está a salvo de un eventual ataque aéreo suicida procedente de un punto externo, ya que la aviación tiene la capacidad y el tiempo para interceptarlo. En cambio, en caso de un avión que parta del interior de una zona urbana, la respuesta sería problemática.

La dificultad podría resolverse ubicando baterías misilísticas capaces de autotrasladarse en los edificios más altos de la capital.

Los controles se hicieron visiblemente más severos en todo el país, en torno a las nueve centrales nucleares y a las grandes ciudades, tanto encima como debajo de la superficie, con controles de la inmensa red cloacal.

En Moscú también se puso en estado de alerta la protección bajo el río Moscova, desde algunos puntos del cual –a través de las colectoras– sería posible, según informaciones publicadas por la prensa, llegar al Kremlin. Estos puntos están obstruidos con cercas y vigilados por un cuerpo especial y secretísimo de la policía federal, que fue reforzado después del 11 de setiembre. *

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