Los talibán intentan retener el poder ante el avance de la guerrilla de la Alianza del Norte

Presidente Bush: Fuerzas de EEUU ya "están listas" para atacar

Así lo expresó el presidente norteamericano George W. Bush durante una visita a la Fema, una agencia federal dedicada a la protección civil, donde hizo vibrar nuevamente las cuerdas del patriotismo como lo hizo la semana pasada con la CIA y el FBI.

Nuestros militares, exclamó al auditorio que lo aplaudía, «nos harán sentir orgullosos», al tiempo que dio detalles sobre el despliegue norteamericano para la nueva guerra: 29.000 hombres, decenas de naves de guerra, cientos de aviones y 17.000 reservistas convocados.

Ciertamente, Estados Unidos está preocupado por la persistente amenaza de acciones bioquímicas por parte del terrorismo internacional y por los informes sobre carencias de las defensas. Empero, Bush le dio la orden a su vocero, Ari Fleischer, de decir que «nada» lo disuadirá de reaccionar a los atentados del mes pasado.

En el Pentágono, durante su discurso de despedida, el general Hugh Shelton, jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas norteamericanas, aseguró que sus hombres y medios están listos para combatir al terrorismo.

Shelton se va luego de 38 años de servicios, el mismo día en el cual el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, le entregó al Congreso su estudio sobre nuevas prioridades de defensa norteamericanas, donde la defensa del territorio, frente a amenazas terroristas, por ejemplo, está en primer lugar.

Las operaciones de la «nueva guerra» serán comandadas por el sucesor de Shelton, el general de aviación Richard Myers, a quien el presidente quiso en ese lugar porque es un experto en tecnología y «guerras estelares», dotes que le debían servir para el «escudo espacial», pero que también serán usados para combatir con la inteligencia de los satélites y aviones espía la «guerra sucia» de las misiones secretas y los comandos especiales en el territorio afgano.

En tanto, crece la percepción de que los militares están listos a atacar de un momento a otro, aunque todavía deben completar su propio despliegue.

Asimismo, crecen los interrogantes sobre qué es lo que espera la Casa Blanca para dar el primer golpe: quizá una información que permita dar en el blanco con los santuarios del millonario saudita Osama bin Laden –sindicado por Estados Unidos como mandante de los atentados– y su organización Al-Qaeda, y no atacar en el vacío.

Durante la espera, el dispositivo «Libertad Duradera», tal el nombre de la operación antiterrorismo, se refuerza y completa día a día.

Ahora, desde Japón se confirma que el portaviones «Kitty Hawk» dejó la base de Yokosuka, cerca de Tokio, y enfila hacia el Océano Indico.

Cuando llegue, habrá en el área grupos navales de cuatro portaviones (los otros son el «Enterprise», el «Vinson» y el «Roosevelt», todavía navegando) con más de 300 aviones a tiro de Afganistán.

Además, bombarderos pesados B-52 y B-1, aviones cisterna y de reconocimiento, otras unidades navales, cuerpos del Ejército y fuerzas especiales ya llegaron a bases del Golfo, en Asia Central y el Océano Indico.

Informaciones de distintas fuentes señalan en tanto que Kazajistán, uno de los Estados miembro de la ex Unión Soviética, desmintió que aviones militares norteamericanos hayan aterrizado en su territorio –no tiene fronteras con Afganistán– mientras que Usbekistán y Tajikistán son los países cuyas bases en la frontera afgana serán primordiales para las fuerzas estadounidenses.

En cambio, se confirmó que el Pentágono ya desplegó en torno de Afganistán algunos aviones espía automáticos hasta ahora presentes en los Balcanes y también decidió acelerar los programas de compra de Predator y Global Hawk, erogando al menos un tercio de los 4.200 millones de dólares asignados de urgencia por el Congreso para la guerra contra el terrorismo.

Los talibán tratan de mantener el control de Kabul; la oposición se organiza

Los talibán trataban el lunes de mantener el poder en Kabul, mientras la oposición afgana reunida en Roma se organizaba para ofrecer una alternativa creíble a su régimen autoritario.

Estados Unidos admitió que ayudaría a buscar una solución de recambio en Kabul: «Obraremos por diferentes medios con diversas personas preocupadas por establecer un Afganistán pacífico y libre de terrorismo», declaró el portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer.

Paralelamente, los países del mundo lanzaron en Nueva York una movilización general contra el terrorismo internacional, en respuesta al deseo de Estados Unidos de un amplio apoyo a su guerra contra este fenómeno.

«Este es un conflicto entre asesinos y la humanidad», declaró ante la asamblea general de la ONU Rudolph Giuliani, el alcalde de Nueva York, la ciudad que el 11 de setiembre sufrió el ataque terrorista más mortífero de la historia.

Los 189 países de la asamblea general asisten a este debate, que durará una semana y durante el cual 156 oradores deben tomar la palabra.

Esta movilización se produce cuando los talibán se declararon dispuestos a compartir el poder con los jefes tradicionales de tres provincias del sureste afgano fronterizas con Pakistán.

Las provincias afectadas son Paktika, Paktia y Jost, cuya población, mayoritariamente pashtún –la etnia de los talibán–, es considerada moderada e incluye partidarios del ex rey Zaher Shá, de 86 años, exiliado en Italia desde 1973. Afganistán tiene 32 provincias en las cuales comandantes, jefes de tribus, dignatarios religiosos y consejos de ancianos desempeñan un papel preponderante en el funcionamiento de la sociedad. Esta apertura, sin embargo, llega demasiado tarde en opinión del único país que aún mantiene contactos con los talibán, Pakistán, y su presidente, el general Pervez Musharraf, estimó que los días del régimen de Kabul estaban contados. «Parece que Estados Unidos va a entrar en acción en Afganistán, se lo hemos hecho saber a los talibán», declaró Musharraf a la BBC. «Parece que debido a la postura que han adoptado los talibán, va a haber un enfrentamiento», agregó el presidente paquistaní. Washington exige a los talibán la entrega de Osama bin Laden, sospechoso de ser el principal instigador de los atentados del 11 de setiembre en Estados Unidos, que causaron unos 5.700 muertos y desaparecidos.

Los talibán admitieron por primera vez el domingo que sabían dónde se encontraba Bin Laden, pero no dijeron tener intención de entregarlo.

Estados Unidos quiere también que cesen su apoyo al terrorismo y destruyan los campos de entrenamiento, y movilizó medios militares importantes en torno a Afganistán.

La investigación de los atentados del 11 de setiembre, que constituye un esfuerzo mundial sin precedentes, permitió arrestar a medio millar de personas en Estados Unidos, una veintena en Europa y varias decenas en el resto del mundo. Frente a esta presión creciente, el jefe supremo de los talibán, el molá Mohamad Omar, amenazó a Estados Unidos con proseguir la guerrilla contra quienes acusa de colaborar con Estados Unidos si su gobierno es derrocado. En el noreste de Afganistán, disparos de artillería alimentaron la tensión entre los talibán y los combatientes de la Alianza del Norte, que ven en la movilización internacional un apoyo determinante para derrocar al gobierno de Kabul. *

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