Colombia: asesinaron a la ex ministra de Cultura
El presidente Andrés Pastrana, amigo personal de Consuelo Araujo y quien fue su ministra de Cultura, suspendió un viaje a un enclave cedido a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y convocó a una reunión de emergencia en Bogotá.
Araujo, de 56 años y esposa del procurador Edgardo Maya, fue secuestrada el pasado lunes por las FARC en un retén en una carretera del departamento del Cesar, al norte del país.
La mujer fue internada junto con otras personas en una zona inhóspita de la Sierra Nevada de Santa Marta, donde el ejército encontró el sábado en la noche su cadáver con dos impactos de bala en la cabeza y con un uniforme camuflado.
«Encontramos su cadáver en los operativos con los que intentábamos rescatarla y en los que recuperaron la libertad otras cuatro personas», dijo el comandante de la primera división del ejército, general Gabriel Contreras.
El asesinato, atribuido a las FARC, se registró en momentos en que el proceso de paz entre esa organización y el gobierno atraviesa por un momento difícil, ante una reciente intensificación de la violencia de los rebeldes.
«Es un asesinato absolutamente injusto e incomprensible», dijo la candidata presidencial independiente, Noemí Sanín.
«Propongo que el proceso de paz se suspenda», agregó la dirigente política, visiblemente consternada.
Araujo era ampliamente reconocida y respetada en los círculos sociales y culturales de Colombia, por ser una de las dirigentes del Festival Vallenato que anualmente se realiza en la ciudad de Valledupar y que es uno de los más representativos de la música folclórica colombiana.
Proceso de paz «en estado cataléptico»
La ex ministra, conocida como «La Cacica» y quien acostumbraba a participar en bailes populares, pertenecía a una de las familias políticas más reconocidas del departamento del Cesar y era amiga personal de Pastrana y de ex presidentes.
El crimen también se produce a una semana de que el gobierno decida si prorroga la vigencia de un enclave de 42.000 kilómetros cuadrados de sabanas y de selvas que sirve de sede a la negociación.
«El proceso de paz no está muerto, pero está en estado cataléptico», dijo el candidato presidencial del Partido Liberal, Horacio Serpa.
Pastrana cedió a finales de 1998 a la guerrilla el control de la región, que equivale a dos veces el tamaño de El Salvador, como parte de su estrategia para poner fin a una guerra interna de 37 años que en los últimos 10 años ha dejado unos 40.000 muertos, en su mayoría civiles.
Pese a la negociación que se inició en enero de 1999, las FARC no han suspendido sus hostilidades, que incluyen ataques a pueblos, cuarteles militares y el secuestro de civiles, por lo que el proceso avanza en medio de la aparente desconfianza de la mayoría de colombianos.
Siempre que el gobierno debe adoptar una decisión sobre el enclave rebelde, las FARC suelen intensificar sus hostilidades y cometer actos de gran impacto, en lo que podría interpretarse como una estrategia para demostrar su poderío militar, según analistas.
«Yo creo que estamos asistiendo a una crisis en el proceso de paz que era necesaria y que es benéfica», declaró el ex presidente liberal Alfonso López, amigo personal de Araujo.
Las fuerzas militares acusan a la guerrilla de usar el enclave del sudoeste del país para entrenar a sus combatientes, ocultar a secuestrados, preparar ataques y producir y exportar cocaína, así como para introducir armas.
Pero las FARC, con 17.000 combatientes armados, niegan las acusaciones y aseguran que son calumnias para entorpecer la negociación.
La noticia del asesinato también se divulgó un día después de que las FARC impidieron el acceso al enclave, con disparos y explosiones de mortero, de una caravana política de Serpa.
Las FARC también asaltaron el sábado dos pueblos del sur de Colombia, en ataques con proyectiles de fabricación casera que dejaron 12 muertos, entre civiles y policías.*
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