Los "hijos del Apocalipsis" ardieron en las llamas

A lo "bonzo" 200 se suicidaron en Uganda

El hecho, aún por descifrar del todo, se produjo el viernes pero fue dado a conocer hoy por la Policía. En el templo sólo se encontraron cuerpos irreconocibles.

La tragedia se produjo en Kanungu, una localidad del distrito de Rukingiri, situada a 320 kilómetros al sudoeste de la capital de Uganda, Kampala. Las víctimas eran seguidores de los «Diez Mandamientos de Dios», una de las numerosas y misteriosas sectas a las que el gobierno declaró guerra hace tiempo.

El grupo era activo en la región desde hace tiempo. «Su líder les dijo a sus seguidores que había llegado el momento de deshacerse de todas sus propiedades terrenas y de prepararse para el paraíso», reveló un vocero de la Policía. Según uno de los investigadores, no se puede excluir que haya sido el mismo líder de la secta quien prendió fuego al templo después de haber encerrado allí a los fieles.

Pero, por el momento, los investigadores dan más peso a la hipótesis del sacrificio ritual colectivo, práctica que en los últimos 25 años registró una larga serie de casos en el mundo.

El más grave se produjo en Guyana el 19 de septiembre de 1978, cuando 912 miembros del «Templo del Pueblo» murieron envenenados con una poción de cianuro. Uganda, ex colonia británica del Africa centro-oriental, es un país donde el 85% de sus 16,5 millones de habitantes son cristianos (44,5% católicos y 39% protestantes).

Ciertos ritos paganos, sin embargo, sobreviven y las sectas proliferan. En el último año, dos sectas fueron disueltas por orden de las autoridades por ser consideradas una amenaza social.

En setiembre último, en la ciudad de Luwero, la Policía hizo irrupción en un complejo que albergaba la «Iglesia del último mensaje de advertencia», una secta con más de mil adeptos.

Los agentes liberaron a siete muchachas que habían sido retenidas en el lugar contra su voluntad y que habían sido repetidamente violadas.

Dos meses después, en la localidad de Ntusi, 100 agentes desmantelaron otro centro clandestino donde operaba una secta liderada por una sacerdotisa de menos de 20 años que imponía a sus secuaces alimentarse sólo con miel.

Las autoridades de Kampala consideran que las sectas son peligrosas incluso desde el punto de vista político. Algunas apoyarían a los rebeldes antigubernamentales que operan sobre todo en el norte y en las regiones suroccidentales.

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