Las elecciones porteñas
Las razones son diversas: a) serán un test de la popularidad del gobierno, que aún es elevada pero en caída o, acaso, del estado de ánimo de la sociedad como consecuencia de los impuestos que gravan a las capas medias, tradicional base electoral del radicalismo y el Frepaso; b) mostrarán, según el resultado, la futura solidez de la Alianza; c) revelarán si la contraalianza que forjaron Domingo Cavallo y Gustavo Béliz catapulta al ex ministro de Economía como otro presidenciable futuro; d) si una buena performance hace de Cavallo el eje de una futura oposición, si es que consigue atraer no solamente al sector antimenemista del justicialismo sino también los votos de ese sector que en el distrito porteño hace tiempo tiene un techo bastante bajo. O él mismo forja una fuerza neoliberal con sustento popular.
El frente de centroderecha nació con buenos auspicios. No porque la interna donde se decidió la composición del binomio haya sido un suceso de participación. Es que logró repercusión mediática coincidentemente con un malestar visible, con un reagrupamiento interno del justicialismo y contradicciones más abiertas dentro de la Alianza.
Cavallo puede encontrarse con que el recuerdo sobre su gestión, que ha tenido más víctimas que beneficiarios, emerja más fuertemente que los rencores que la gente viene acumulando frente al gobierno.
Batalla por un distrito de historia progresista
La Capital Federal ha sido históricamente un reducto del progresismo político: el socialismo ganaba elecciones en los años 20 y 30; en 1961, el legendario socialista Alfredo Palacios fue elegido senador nacional, con un discurso en defensa de la Revolución Cubana; en 1973, cuando el peronismo radicalizado había vencido en las presidenciales, no pudo imponer a un candidato a senador de prosapia nacionalista de derecha como Marcelo Sánchez Sorondo: lo derrotó el joven Fernando de la Rúa con el apoyo de la izquierda.
Es en este distrito donde surgió electoralmente el Frente Grande de Carlos «Chacho» Alvarez en 1994 y donde Carlos Menem perdió frente al Frepaso en 1995, mientras logró su reelección ganando en el resto del país. El año pasado, De la Rúa consiguió el 54% de los sufragios, el más alto nacionalmente.
Estos antecedentes permitirían suponer que la fórmula Ibarra-Felgueras debería imponerse en mayo.No ocurriría en el primer turno, según confiesan sus líderes, aunque el Presidente es más optimista: «Me lo informa una encuesta aún no acabada totalmente», comentó el fin de semana.
Lo que perturba es la confusión que se observa en el gobierno. En la última semana, el discurso de la Alianza sobre seguridad ha tenido expresiones hasta esquizofrénicas, cediendo, a regañadientes, al que proclama, sin prejuicios, el gobernador bonaerense, Carlos Ruckauf, que incrementa la apuesta en ese y otros temas.
Confusión oficial, audacia peronista
Es que él busca conformar una plataforma posmenemista que combine conservadorismo ideológico, con nacionalismo económico con apoyo popular. Pasa lista entre los gobernadores peronistas de peso y sus ambiciones y forja su propio perfil.
El bonaerense no tuvo ningún tapujo para violentar el acuerdo con De la Rúa sobre el Código de Procedimientos cuando vetó un artículo que le prohibía a la Policía tomar declaraciones en las comisarías: al testar ese artículo, quedó otro que aumenta sus poderes.
Ruckauf apuesta fuerte también frente al Mercosur, cuyo tratado fundacional propone denunciar, buscando arrastrar al gobierno nacional tras esa postura. No la comparten gobernadores como Carlos Reutemann o José Manuel de la Sota, que quieren como de la Rúa un relanzamiento del proceso integracionista, no un regreso a una zona de libre comercio. Inopinadamente esta variante la proclamó el ministro de Economía, José Luis Machinea –luego se retractó– justo el día en que el canciller Adalberto Rodríguez Giavarini negociaba con los brasileños un modo de desalentar que los estados sigan incentivando el traslado de empresas.
Estos desencuentros dentro del gobierno son frecuentes y De la Rúa trata de frenar que sean conocidos. Pero es imposible tapar el cielo con un harnero.
La oposición sabe de los disensos, del descontento presidencial por la demora en difundir un plan de contención de los castigados por la crisis económica, sayo que le cayó a Graciela Fernández Meijide y que alienta ahora al peronismo a colocarla en el banquillo de una interpelación.
Varios ministros le encuentran falencias a la mujer, que no tiene rota su relación con «Chacho» Alvarez, como se ha escrito. Tampoco pasa por su mejor momento, pero no es verdad que no piensa en los gobernadores peronistas cuando envía la ayuda para los afectados por las lluvias, como le han imputado legisladores de ese color para castigarla.
«Chacho» pide medidas de crecimiento
En el gabinete «Chacho» Alvarez se ha dirigido al equipo económico con críticas: «No estamos para solamente hacer el ajuste», y el Presidente lo apoyó. Sin embargo, les cuesta salir de la meseta.
Pruebas: el proyecto de ley sobre Pymes tardó en redactarse por diferencias ente Machinea y Rodolfo Terragno. El primero proponía darle a las Pymes la ventaja del 5% en licitaciones del Estado, pero el jefe del gabinete cree que se trata de un subsidio inconveniente.
Conclusión: con ese porcentaje arriba de la mejor oferta de una empresa poderosa, nacional o extranjera, les permitirá sólo mejorarla. Ruckauf es más audaz: subsidiará exportaciones.
A las dudas en ciertas definiciones se añade un embudo: la secretaria general de la Presidencia. Allí, por caso, durmió meses hasta que el jueves la destrabó de la Rúa, la propuesta tecnológica del secretario de área, Dante Caputo, que el gabinete discutirá esta semana. Su difusión le permitiría al ex canciller remontar críticas de sectores científicos y exhibir una nueva perspectiva.
El justicialismo está convencido de que hay grietas y propone que es la hora de la pelea.
Sus hombres, duchos en debilidades ajenas, perfilan un nuevo curso de acción frente al gobierno.
Se debilita la base social de la Alianza
Han leído como una concesión la que De la Rúa aceptó para la Ley Laboral y su foto abrazado a Daer que «Chacho» Alvarez (y presumiblemente Alberto Flamarique, titular de Trabajo) le advirtió antes como mala señal. A la postre envalentonó a los senadores nacionales que le introducirán nuevas modificaciones a la ley.
Esta política, benevolente con el sector menos popular del sindicalismo, precipitó la nueva división de la CGT. La fractura sindical es una mala noticia para el gobierno porque el ala «dura» es hoy más fuerte que cuando Hugo Moyano era sólo el referente de una disidencia interna y tiene que justificarse con movilizaciones que temprano o tarde se convertirán en antigubernamentales.
«Es la CGT devaluacionista», concluyen en sectores oficialistas recordando que Moyano la propone –sólo ahora– como solución económica, sin entender que la de Rodolfo Daer jamás será una base de sustentación para la Alianza, como pudo serlo la CTA y, limitadamente, el MTA, que incluyó como legisladora a Alicia Castro. Ergo: el oficialismo no tiene un cable firme con el movimiento sindical.
En el campo empresarial la Alianza también pierde amigos. El Polo Productivo, que se prestaba a jugar un rol de respaldo, es ahora crítico y atento a la nueva realidad en el movimiento obrero.
La semana última fue de las peores. Por primera vez el oficialismo no pudo conseguir quórum para debatir, esta vez la ley de emergencia económica, tanto por el nuevo fervor del PJ como por su propio
error de calificar de ese modo una legislación cuando se proclama, por el otro, que «lo peor ya pasó».
El secretario de Hacienda, Mario Vicens, recibió el consejo de modificar con otro adjetivo el artículo primero de la ley y denominar a ésta de otro modo. Ocurrió en una cena donde participaron varios radicales con Raúl Alfonsín.
Hubo en esa comida coincidencia de aportar esfuerzos a favor del gobierno, convencer a sectores críticos para que entiendan las dificultades, pero hay preocupación.
«Me irrita que en los supermercados haya mas producción extranjera que Argentina», se escuchó al ex mandatario. Pero: ¿cómo se hace?
Vienen tiempos de reacomodamientos políticos y de mayor reflexión en la Alianza.
Han pasado sólo casi cien lunas.
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