Análisis internacional

Vietnam, 25 años después

por Niko Schvarz

Sólo así logró ponerse término a uno de los mayores actos de genocidio del siglo XX, cuya contracara fue el heroísmo de un pueblo que luchó denodamente en defensa de la independencia nacional y el socialismo, derrotando sucesivamente a los imperios coloniales de Francia, de Japón y de Estados Unidos.

El genocidio norteamericano

William Cohen, el secretario de Defensa, tuvo especial cuidado en difundir por todos los medios a su servicio que no iba a pedir excusas al gobierno vietnamita por los 10 años de agresión de las fuerzas armadas de su país, en una de las guerras más mortíferas y prolongadas de la historia. Su objetivo era tratar de esclarecer la situación de unos 2.000 soldados norteamericanos que aún figuran como desaparecidos de guerra; y visitar un arrozal cercano a Hanoi, la capital, donde había sido derribado un jet F4 Phantom.

Bien podía haber solicitado disculpas. Desde la provocación del Golfo de Tonkín, en 1965, Estados Unidos –que había ocupado la región al sur del paralelo 17°, la antigua Cochinchina– descargó el grueso de su poderío militar por aire, tierra y mar sobre esa estrecha faja de territorio (y agredió también a Laos y Camboya, integrantes los tres de la ex Indochina francesa). Bombardeó con sus B-52 gigantes, arrojando sobre Vietnam más toneladas de bombas que todas las lanzadas en el curso de la Segunda Guerra Mundial. Destruyó aldeas enteras con saña hitleriana, exterminando a todos sus habitantes, ensartando a los niños en la punta de las bayonetas (véase Pelotón, de Oliver Stone). El nombre de My-Lai quedó en la historia junto a los de Lídice en Checoslovaquia y Oradour-sur-Glane en Francia, borradas del mapa por los nazis, o las masacres de las Fosas Ardeatinas en Italia.Norteamérica dejó 58 mil muertos en esos calcinados campos de batalla, más que en toda la última conflagración mundial.

Heroísmo y unidad de un pueblo

Además, EEUU experimentó en Vietnam la guerra química y bacteriológica. El arrogante secretario de la Defensa condescendió solamente en considerar con los gobernantes vietnamitas los efectos de los defoliantes como el agente o gas naranja, arrojado en enormes cantidades desde sus aviones, y que hicieron desaparecer todo vestigio de vegetación y de vida en extensas zonas.

Pero al final tuvieron que irse corridos, con la cola entre las piernas. El imperio sufrió la primera derrota militar de su historia, a manos de un pueblo pequeño, que contó con la ayuda soviética y una oleada de solidaridad internacional, al tiempo que la lucha contra la guerra de Vietnam generó un intenso y amplísimo movimiento de concienciación en los propios Estados Unidos, que perdura hasta hoy.

Fueron derrotados por el heroísmo y la unidad de todo un pueblo, y pocas veces estas palabras expresan su contenido real en forma tan nítida como en el caso de Vietnam. Heroísmo colectivo, no de uno u otro individuo aislado, y unidad que no dejó a nadie al margen de la lucha común, en todo el territorio, entre los diversos sectores sociales y las distintas etnias.

Vencedores de tres imperialismos

En 1930 Ho Chi Minh –un auténtico héroe de nuestro tiempo, como también lo es Nelson Mandela– fundó el Partido Comunista de Indochina, que puso proa a la tarea de liberar a su patria sojuzgada por el colonialismo francés desde el siglo pasado.

En 1941 fue creado el Viet Minh, Liga por la Independencia, como frente de unidad del pueblo en su conjunto: obreros, campesinos, pequeños burgueses y burgueses nacionalistas.

Ocupado el país por los japoneses como parte asiática del eje Berlín-Roma-Tokio cuando Francia estaba bajo el talón de los nazis, los vietnamitas lograron expulsar a todos los colonizadores extranjeros. El 18 de agosto de 1945 Ho Chi Minh lanzó la insurrección general, y el 2 de setiembre proclamaba la independencia de Vietnam en la plaza Ba Dinh de Hanoi.

Más tarde los franceses volvieron por la revancha. Aquí se inscribe la gesta de Dien Bien Phu (7 de mayo de 1954).

El ejército vietnamita, en una proeza de audacia y renovando el arte militar tradicional, con escasos medios y avituallando el frente con bicicletas, conquistó una plaza fuerte considerada inexpugnable, tomando prisionero al general De Castries.

Fue la primera voz que los invasores huyendo en helicópteros desde el vértice de la fortaleza figuraban en portada de la revista Time.

La tercera etapa fue la agresión norteamericana, que pretendió relevar a los franceses ocupando el sur y lanzando en 1965 su invasión al norte. Se estima en 3 millones los vietnamitas de ambas regiones (son el mismo pueblo), civiles y militares, muertos en la contienda. La paz sólo llegó con la derrota total de los invasores.

Fue obra de varias generaciones, que vivieron permanentemente con el arma al brazo.

Aquellos días de 1975

El 30 de abril de 1975 culminó la ofensiva general del Frente de Liberación Nacional (Viet Cong) de Vietnam del Sur, presidido por Nguyen Huu Tho y que había creado incluso su Gobierno Provisional Revolucionario en una zona selvática liberada, donde los cubanos mantenían su embajada. El movimiento contó con la ayuda de sus hermanos del norte.

La embajada de EEUU en Saigón fue tomada por asalto. Sus aviones de guerra quedaron paralizados en los aeropuertos; la ofensiva fulminante no les dio tiempo para actuar o huir.

Por segunda vez en la tapa de Time aparecieron soldados huyendo en helicópteros, esta vez desde el techo de la embajada yanqui, agarrándose desesperados de las piernas de quienes habían conseguido un lugar. La escena era un aquelarre.

Al día siguiente, 1º de mayo, el pueblo desfilaba por las calles de Saigón festejando las fecha internacional de los trabajadores. La antigua capital sureña pasó a denominarse Ho Chi Minh.

No deja de ser sugestivo ver ahora a William Cohen en su visita a esta ciudad, fotografiado junto a un busto del líder venerado del pueblo vietnamita (el mítico Tío Hu), que lo condujo a la victoria sobre tres imperialismos, a la independencia, a la libertad y al socialismo.

Y a la reunificación, que se verificó el 2 de julio de 1976, consagrando a la República Socialista de Vietnam, la cual de inmediato fortaleció sus vínculos fraternos con Laos y Camboya.

Hasta el 30 de abril los vietnamitas estarán festejando un cuarto de siglo de estos hechos relevantes, que dejaron su huella indeleble en el siglo que se va.

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