Los "ultras" vigilarán las declaraciones de Juan Pablo II

El Papa hará una gira de alto riesgo a Tierra Santa

Ciudad del Vaticano, AFP

Antes de visitar Israel y los Territorios autónomos, el sumo pontífice cumplirá una etapa, seguramente menos tensa, a Jordania, del 20 al 21 marzo, para seguir los pasos de Moisés y rendir homenaje al monte Nebo, en donde el profeta divisó la Tierra Prometida para luego morir.

Las relaciones entre Jordania (71.000 católicos sobre 6,3 millones de habitantes) y la Santa Sede no presentan complicaciones desde hace buen tiempo. En esta ocasión, el anciano Papa, de 79 años, conocerá al joven soberano hachemita, Abdalá II, de 38 años.

Por su parte, el Vaticano e Israel (107.000 católicos en una población de 5,9 millones de habitantes) mantienen relaciones diplomáticas desde 1994, aunque la Santa Sede no reconoce el estatuto de capital a Jerusalén, ciudad sagrada para las tres religiones monoteístas, islámica, judía y cristiana.

La situación de Jerusalén fue objeto de recientes reacciones enérgicas por parte de las autoridades israelíes tras la firma en febrero de un acuerdo entre el Vaticano y la Organizción para la Liberación de Palestina (OLP) en el que se oficializaban las actividades de la Iglesia Católica en los territorios autónomos.

El acuerdo solicita una «solución equitativa» para Jerusalén y un «estatuto especial», que debe ser «garantizado internacionalmente», para que sea «salvaguardada» la ciudad, y sobre todo «su propia identidad y su carácter sagrado».

El compromiso insiste sobre la «igualdad de las tres religiones monoteístas» y pide el «libre acceso» a los «Lugares Santos».

En vísperas del viaje, el gobierno israelí de Ehud Barak advirtió a las autoridades vaticanas sobre «algunos puntos», en particular sobre actos o declaraciones que podrían poner en cuestión la soberanía del estado de Israel sobre Jerusalén-Este, cuya anexión en 1967 no ha sido reconocida por la comunidad internacional.

A pesar de otros temas de fricción, para el Vaticano la realización de la visita en el año del Jubileo, que hace un año resultaba impensable, es un «éxito».

Desde que fue elegido Papa en octubre de 1978, Juan Pablo II deseaba volver a Tierra Santa, que había visitado como arzobispo de Cracovia (Polonia). Antes de él, en las épocas modernas, sólo el Papa Pablo VI, en 1964, había estado en la tierra donde nació y vivió Cristo.

Además de los aspectos conmovedores y espirituales del peregrinaje, el viaje prevé momentos particularmente importantes, entre ellos la visita al monumento-museo en memoria del Holocausto de Yad Vashem.

Esa visita le ofrece la ocasión al pontífice de expresar, «con la claridad» que desea el mundo judío, la posición de la Iglesia sobre el papel del Vaticano y de los cristianos durante el nazismo.

El pasado 12 de marzo, durante el rito del Perdón celebrado en la basílica de San Pedro, Juan Pablo II pidió perdón por los pecados cometidos a nombre de los cristianos contra el «pueblo de la Alianza», comprometiéndose, a nombre de todos los creyentes, de vivir en el futuro con «auténtica fraternidad».

Si bien el gesto histórico fue apreciado por numerosas personalidades judías, la «confesión» de los pecados fue considerada insuficiente.

Invitado por el gobierno de Israel, Juan Pablo II es también huésped del presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat, con quien se ha entrevistado ya ocho veces.

Después de la ceremonia religiosa en la gruta de la Natividad, el Papa visitará a un grupo de niños en un campo, en donde podrá recordar «los sufrimientos» del pueblo palestino, que en parte es cristiano.

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