Detectives en busca de esposos chinos adúlteros
El elevado número de divorcios por infidelidad –que en 2000 llegó a 1,2 millones, contra los 389.000 de 1980– determinó que el parlamento enmendara hace tres meses la ley de matrimonio para garantizar a la parte afectada la posibilidad de una indemnización.
Esa modificación impulsó la aparición de detectives privados, una especie de Hércules Poirot (investigador en las novelas de Agatha Christie como «Muerte en el Nilo») con ojos rasgados.
«Soy más libre que cuando era cronista», descubrió Wang Honggan, 31 años, quien trabajaba como periodista en la televisión de Pekín y se transformó en investigador privado cuando entre los padres de su novia estalló una crisis de pareja.
Además se dio cuenta de que existe la posibilidad de «hacer un montón de dinero» y fundó la agencia de investigaciones X-really –en inglés porque resulta más atractivo– que significa que «en cada caso respondemos con la verdad».
La agencia demandó tres años de trámites para obtener las distintas autorizaciones para su funcionamiento en temas de interés social, pero no para la causa de la cual vive: el 60 por ciento de las investigaciones de X-really son por infidelidad.
Las mujeres desesperadas recurren a Wang en busca de revancha pero también hijos preocupados por la serenidad familiar o, tal vez, la herencia.
Es el ejemplo de un militar retirado, cuya vida personal fue descubierta por el periodista convertido en Hércules Poirot.
El general salía de su casa todos los días a las 6 de la mañana y regresaba al mediodía, sin decir cuál era su destino ni lo que había hecho.
Los hijos comenzaron a inquietarse y sospecharon que en los tiempos actuales la hipótesis de una amante no era descabellada, pese a sus 70 años.
Wang Honggan y siete de sus hombres se presentaron frente a las cuatro puertas del cuartel –el militar no sale siempre por la misma puerta– y esperaron, listos para seguirlo en un automóvil.
Pero el militar llegó en bicicleta, alterando los planes del detective, quien abandonó el vehículo y montó la bicicleta, juntos a sus dependientes, para comenzar a seguirlo.
Así descubrieron que se encontraba con una mujer casada de 52 años, la pasaba a buscar a su casa y se iban juntos a un lugar apartado, calmo, en las colinas perfumadas, donde en el silencio de la naturaleza se dejaban llevar.
«Para ustedes, occidentales, será un romántico, para nosotros y para sus hijos es muy extraño», dijo Wang.
El caso le reportó 6.000 yuan (alrededor de 900 dólares), «poco, demasiado poco, no creíamos que deberíamos poner tanta energía», agregó.
La actividad de la agencia, cuyo lema «nuestra palabra es sagrada» pertenece a un filósofo de la «escuela de la ley» de 2.500 años atrás, está siempre al límite de la legalidad.
La intimidad y el derecho de propiedad son regularmente violados, «pero es nuestro trabajo, en caso contrario cómo hacemos para hallar las pruebas», argumentó Wang.
Actualmente, el ex periodista y su socio, que invirtieron cerca de 300.000 yuan (alrededor de 45 mil dólares) en la agencia, esperan con ansias el ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC).
«Podremos finalmente tener toda la tecnología que la policía china nos niega y tal vez hacer ‘joint-venture'», dijo el detective, bronceado gracias a sus fines de semana de pesca.
Las agencias de investigación, toleradas pero ilegales, son unas pocas decenas en todo el país. La primera, «Pinkerton» –por el investigador norteamericano del 1.800– se abrió en Shenyang, en el nordeste del país, en 1993.
También se ocupan de las disputas sobre propiedades y de confiabilidad financiera.*
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