La CGT, la moderada y la combativa, ha sido un buen aliado del gobierno

Argentina concede todo al FMI pero no le creen

Herencia recibida del menemismo y obra de la actual administración, una continuidad que para muchos explica por qué todo sigue peor. Con el ajuste conocido y el que llegará, cualquier idea de reanimación económica suena a utopía. Por eso trepa la conflictividad laboral, de la que emergen los piquetes como el rasgo más combativo o desesperante.

Según el Centro de Estudios «Nueva Mayoría», durante julio tuvo lugar un fuerte incremento de los conflictos laborales: 41, frente a 26 de junio y a un promedio de 22, registrado en los últimos doce meses. La causa: el rechazo en el sector público al plan de ajuste derivado del programa del «déficit cero», que implica una rebaja del 13% en los salarios de los empleados públicos nacionales superiores a 500 pesos en agosto y que en los siguientes meses puede ser aún mayor. Además, están los cortes de ruta de las organizaciones de desocupados.

La buena voluntad de la CGT, la moderada y la combativa, ha sido un buen aliado del gobierno. ¿Persistirá? En el gremialismo tradicional el fantasma de un polo de atracción diferente para los trabajadores, por ahora está siendo superado por las perspectivas de un triunfo electoral del peronismo que abra el camino (o el intento) de un gobierno de unidad nacional donde la CGT oficial piensa que jugará un papel importante. Pero el árbol no debe tapar el bosque: en algunos de sus gremios como el de la construcción, donde la crisis golpea con rigor, su liderazgo debe abrir la mano de la irrupción por las calles. De la misma manera, la CGT de Hugo Moyano que no se ve jugando un papel político como sus primos, están más cerca de acordar con la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y las organizaciones piqueteras, otra etapa de movilizaciones que se cruzará con la campaña electoral donde será difícil encontrar defensores del oficialismo.

 

Posiciones esquizoides

 

Pruebas al canto: en los principales distritos (Capital Federal, provincias de Buenos Aires, Santa Fe) el discurso de la Alianza será critico de la política económica y social y Cavallo estará en la picota. Para que la esquizofrenia se complete, el ministro se alió al menemismo y sus amigos peronistas de ayer (Eduardo Duhalde, Carlos Ruckauf) lo desdeñan. La victoria de Rodolfo Terragno sobre la lista que alentaba el Presidente, exhibió la irritación de la base radical con De la Rúa en el distrito que nunca lo encontró perdedor. Y sirvió para darle oxígeno al Frepaso para que acompañe al radicalismo crítico en la recreación de la Alianza.

El gobierno cree tener acotados los conflictos. Sin embargo, las tres semanas de la confrontación exhiben una importante participación popular en ciudades del Interior, que es probable que sigan en esa escalada en la medida que el ajuste aterrice en todas las provincias. Lo que está ocurriendo en la de Buenos Aires es ilustrativo: en las dramáticas negociaciones del gobierno con el FMI, ese territorio, casi en estallido social, está en la agenda en primer término. Por eso, el gobernador Carlos Ruckauf ya no tiene espacio para juego propio y se sumó a la corriente del ajustazo. Ninguna provincia debe cerrar en rojo.

El FMI no termina por decidir que hará: si coadyuvar a alejar el fantasma del default o precipitarlo. El programa durísimo no está en discusión y no existe resistencia a aplicarlo. Lo que demora el final de las negociaciones es la duda en sectores del gobierno de los EEUU que tiene en el secretario del Tesoro, Paul O’Neill, su mayor expresión.

Hombres clave e influyentes sectores académicos no están convencidos que una inyección de fondos para fortalecer al sector financiero disipe definitivamente dos puntos neurálgicos: que sea posible mantener la convertibilidad y que no sea necesario reestructurar la deuda externa. Dudan también de la fuerza política –no de su voluntad– del gobierno para hacer aprobar pronto el presupuesto de 2002 con déficit cero.

Un funcionario del Tesoro italiano explicó: «EEUU aún está tratando de comprender la sustentabilidad del plan. Si el programa es factible, entonces es posible suministrar a la Argentina algunos fondos adicionales (los acordados en el blindaje). De otra manera, los fondos extra son inútiles».

 

Contradicciones

 

Que el gobierno norteamericano no es monolítico lo reflejan las contradictorias declaraciones de sus líderes. En abril, cuando se iniciaba la Cumbre de las Américas, el presidente norteamericano declaró que la Argentina (entonces con mil puntos de riesgo país) podría recibir ayuda bilateral, incluso a nivel de la recibida por México cuando el Tequila. Horas más tarde, O’Neill le enmendó la plana: los recursos de los contribuyentes no serían utilizados para financiar deudores que sistemáticamente incumplen sus compromisos, dijo. Luego, el Consejo de Seguridad Nacional de los EEUU sintetizó las posiciones internas: en caso de default de la Argentina, reforzar a Brasil para evitar el «efecto tango» y también a Turquía para detener su propagación al resto de los países emergentes. Para Argentina sólo canalizar apoyo a través de sus compromisos asumidos con el FMI.

Dicho de otro modo: no habría más sumas que las previstas en el blindaje. Pero lo que negocia Marx son un incremento de ellas. ¿Cuánto? No se sabe.

Cuando se filtró un posible entendimiento por 15 mil millones de dólares bajó el riesgo país, así como volvió a trepar cuando el FMI puso paños fríos a semejante expectativa. El viernes fue negro.

El gobierno logró apoyo político-diplomático del Grupo de Rio, así como antes de España, el Reino Unido, Francia. Es para tratar que el FMI aún sin el apoyo de los EEUU de vía libre a los requerimientos. Así ocurrió con Turquía por el respaldo de Europa. Pero la Argentina no es un país del Viejo Mundo. Están de todos modos los optimistas: «Hay que tener paciencia, la ayuda vendrá con los tiempos de ellos, no de nuestras angustias», explican sin nervios.

 

Una señora llamada Carrió

 

Las denuncias de Elisa Carrió vinieron para quedar instaladas. Hay que diferenciar lo que está escrito en el preinforme de algunas de las revelaciones de la legisladora del ARI. Los papeles que comprometerían a Carlos Menem, Alberto Kohan o Domingo Cavallo, sobre cuentas en el exterior con depósitos provenientes de ilegalidades, no están en el volumen presentado por Carrió, el conservador Gutiérrez y los frepasistas Ocaña y Vitar. Son documentos que han ido a la Justicia. ¿Son reales? ¿Han operado a la diputada? Lo dirán los magistrados. «Por documentos menos precisos hemos ordenado investigaciones», comentan privadamente jueces y fiscales.

La credibilidad que tiene la legisladora es tan fuerte que las impugnaciones, serias o aviesas, a algunas de sus afirmaciones o documentación, se diluyen y ponen en un brete a quienes la formulan. Su confirmación como titular de la Comisión legislativa tiene una lectura inequívoca: su gran popularidad. O el temor que con manos libres diga mucho más que lo que la Comisión esté dispuesta a difundir.

Hay políticos, empresarios o bancos enredados en supuestos delitos.

Es muy difícil que los acusados por el affaire del oro puedan eludir la acción judicial. Sería por primera vez que el caso pueda ser abordado a fondo por la Justicia local: hasta ahora sólo una parte del escándalo está atendido en un lejano Juzgado de Nueva Jersey: afectó a Casa Piana. Ahora es el mayor banco argentino, el Galicia, al que Carrió acusa y busca llevar a su titular a los tribunales.

Para el imaginario popular son verdades. Pero de la clase política y sindical, la legisladora no recibe respaldos. Pis

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