Luis Farinello, sacerdote argentino: "Construir una alternativa sin caer en provocaciones"
Luis Farinello es un cura muy popular. Predicador de la justicia, levantándose contra el hambre, ha fundado comedores, dispensarios, albergues, en una larga trayectoria de vida, que se cruza en los años 70 con los Curas del Tercer Mundo, muchos de ellos asesinados por la dictadura. Hasta ahora venía rechazando propuestas para participar de la vida política. Se ha decidido no hace mucho, como él lo cuenta a LA REPUBLICA. Es candidato a senador nacional por la provincia de Buenos Aires y las encuestas lo ubican al lado del ex presidente Raúl Alfonsín, aunque los dos, lejos, ahora, de las intenciones que favorecen al ex gobernador bonaerense Eduardo Duhalde. No le preocupa no ser electo; sabe que se trata de un largo camino. Su Polo Social reúne vetas diversas, con fuerte arraigo en sectores muy pobres de las villas del sur de la Capital Federal. Lo que sigue es lo sustancial de una larga charla.
–¿Por qué Polo Social, un nombre que tiene implicancias antipolíticas?
–Al comienzo era un espacio de reflexión: Polo Social Cristiano. Después creció tanto y dijimos este nombre no, no pega. Pero ya estaba instalado y allí quedó, sin el cristiano, porque llegaron muchos marxistas, agnósticos, judíos. Por casualidad, quedó Polo Social, un nombre que estaba ya instalado, y no debería cambiarse
–¿Cómo ven la situación del país?
–No hay palabras para expresar las desesperanzas que tiene la gente. Yo predico en Quilmes, y allí los suicidios son cada vez más numerosos. La situación infantil calamitosa, el avance de la droga, la violencia, los asaltos, separaciones matrimoniales… La mujer en las villas es golpeada. Es como si fuera una cultura. Y si no le pegan, piensan que «ya no me quieren»… Además en las villas hay bandas, bandas de chicos de 14 años que pelean contra los de 16, siempre por la droga. Queremos hacerles entender que luchen contra el sistema. Y por eso, otros habitantes de las villas piden mano dura. La droga cambia toda la lógica, todos los códigos que había en las villas. Estamos en un sistema que no combate este flagelo, más bien lo necesita. La policía sabe, pero recibe coimas, hace vista gorda. Es un sistema que necesita de la droga para adormecer. La única platita que hay en esos sitios es proveniente de la droga. Los chicos roban para comprarla, y es de pésima calidad. No hay otra cosa. Ya no hay changuitas para hacer: una vereda, cortar el pasto. Todo el mundo se achica.
–¿Cómo se sale de esto?
–Con otro modelo económico. Ahora estamos en las manos de usureros internacionales. No hay democracia. No es el gobierno para el pueblo, es el gobierno de los grupos económicos. (Fernando) De la Rúa no tiene poder ni para bajar tarifas. Son las multinacionales las que imponen el ritmo de las cosas, allí esta el poder real. Es la dictadura del sector financiero. Y los políticos, que durante las campañas electorales prometen, terminan por darse vuelta, defendiendo intereses contra el pueblo. Hay una ausencia de una clase política creíble, austera, que represente los valores del pueblo. Falta un proyecto de país. Ahora lo único que se busca es recaudar para pagar los intereses de la deuda externa, la única obsesión oficial.
–¿Cómo es posible romper con el pensamiento único?
–América Latina tiene que unirse. Fui hace poco a Cuba y Venezuela, también a ver a Marcos. Con el Frente Amplio en el Uruguay, los indígenas en Ecuador, hay que tender puentes, cambiar ideas para restablecer las grandes que nos legaron Bolívar, Artigas, San Martín. Es muy difícil, es una construcción lenta, pero es por este lado, serán tal vez muchos años, pero hay que trabajar en esa dirección. La corriente que viene es la de los grandes del pasado, de (Hipólito) Yrigoyen, de (Juan) Perón y Eva Perón, de los 30 mil desaparecidos, la de los anarquistas y socialistas.
No se trata de que yo sea senador ahora, se trata de construir una fuerza que sirva para cambiar la historia. El pueblo quiere reverdecer las grandes banderas nacionales.
Las elecciones, no son un acto mágico.
Yo no prometo nada, qué puedo prometer. Queremos hacer política como algo nuevo.
Hay diferenciaciones en casi todo el espectro político. Desprendimientos en el Frente Grande, la aparición de Argentinos para una República de Iguales (ARI) de Elisa Carrió, posturas críticas en el radicalismo, en fin, en casi todos los sectores.
–¿Ustedes buscan acordar con ellos?
–Sin duda, esa es nuestra voluntad. Yo quiero diálogo, diálogo, diálogo, con todo el campo popular, con la izquierda.
–Pero Patricio Etchegaray, secretario del Partido Comunista, los criticó.
–Bueno, ya saben cómo son ellos, son bastante sectarios. Lo que no quiere decir que no tenga respeto por los comunistas.
–Hay en otros sectores de izquierda pronunciamientos insurreccionales.
–Son los que no quieren hacer elecciones como los de la Corriente Clasista y Combativa (chinoístas), dicen que son asuntos burgueses. Ellos proponen «un argentinazo», una insurrección popular. Yo creo que es muy peligroso. Lo que no se canaliza en una salida política, puede ser caldo de cultivo para la derecha. Le tengo miedo a cosas así. Parecen muy puras, muy hermosas. Si no hay una salida viable, política, puede haber represión y regresa la derecha. Es un infantilismo que a veces tiene la izquierda. Hay que tener cuidados con esto. Yo tengo muy buenos amigos en la CCC, como Raúl Castells, que ahora está en la cárcel, son compañeros muy valiosos, trabajan en los barrios, construyen bien. Pero vio, es una concepción medio trosquista.
–El secretario del Partido Obrero sostiene que de lo que se trata es de la cuestión del poder.
–No es así. Están siempre equivocados. Gente del Partido Obrero dice: «Cavallo y Farinello son lo mismos». Qué ceguera. No puede ser. Van a los lugares más pobres y bajan una línea política a gente hambrienta que no los entiende. Hay que hablarle de otra manera, con sus palabras. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad