Realización de "marchas del hambre" en siete provincias argentinas

Los piqueteros ya no pueden ser desconocidos

ISIDORO GILBERT

 

Los piquetes, otrora hechos aislados, adquieren ahora organización y metodología nacional. Hace dos semanas fue por 24 horas, en esta oportunidad se extendió a 48 horas y en el palco del mitin se anunció que la próxima se extenderá desde el martes hasta el jueves venideros.

Una impresionante caravana de desocupados recorrió los casi 15 quilómetros de la avenida Rivadavia que parte en dos a esta ciudad, recibiendo muestras de simpatías de los viandantes, pese al caos de tránsito que generó semejante movilización. Eran los desocupados y militantes que en la madrugada de ayer salieron de La Matanza, partido paupérrimo del Gran Buenos Aires, el centro neurálgico de este movimiento singular que hoy es un actor importante en la vida política del país. De allí a Rivadavia y la Avenida General Paz, fueron en vehículos al punto de partida que sacudió a la gran urbe.

En tanto, cortes de ruta y calles se registraron en las principales ciudades del Interior. En Córdoba, donde la jornada coincidió con una movilización contra la privatización del servicio eléctrico, hubo obreros heridos y detenidos.

Dos temas

En la plaza histórica se congregaron, según los organizadores, 50.000 personas, pero el gobierno rebana ese número como el martes lo hizo con la cantidad de cortes y de participación ciudadana en los mismos. Es una discusión inútil: lo cierto es que hay dos hechos que cubren toda la atención pública; los piquetes nacionalizados y la marcha de los mercados, sobre todo el riesgo país cuyo descenso es implorado por las autoridades como signo de que el plan de ajuste, una de las consignas de repudio de los manifestantes, va por buen camino.

Mientras las autoridades ayer afirmaban que la rebanada del 13% de sueldos de estatales y jubilados no será ampliada, en el mitin se denunció que habrá más recortes y que el aguinaldo de fin de año se abonaría en bonos.

Los discursos de la plaza fueron duros. Amancay Abdala, dirigente de la Corriente Clasista y Combativa, que habló por Carlos «Perro» Santillán, el popular dirigente sindical jujeño «porque es rehén de este gobierno y por eso no pudo llegar», planteó objetivos de envergadura como ir preparando las condiciones para una huelga activa nacional, que se imponga la tarea de crear condiciones para convocar a una Constituyente que legitime, a su juicio, el poder político del país.

Por ahora, los objetivos son más precisos: el piquete nacional por 72 horas, la semana próxima y la realización de «marchas del hambre» en siete provincias, en setiembre, anticipadas por Víctor de Gennaro, líder de la CTA.

Las dos CGT, que agrupan gremios industriales, no participan de estos esfuerzos, pero la que orienta Hugo Moyano ayer anticipó que promoverá una movilización contra el modelo económico, aunque sin precisar fecha.

Pese a que la orientación económica es el factor de movilización clave, el primer punto de la demanda piquetera es la libertad de sus presos, algunos con condenas severas, y el desprocesamiento de casi tres mil militantes, algunos con peligro de ser caratulados como sediciosos, con penalidades graves.

Para Martha Mafei, máxima referente de los docentes que en la víspera acataron abrumadoramente la huelga, «los piqueteros de la Bolsa han tomado el gobierno». Fue un modo de confrontar imágenes y objetivos. *

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