Pueden abrir la puerta a un futuro de horror
Los más grandes expertos en clonación, reunidos en Washington por la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, discutieron ayer agriamente sobre la posibilidad de utilizar esta técnica para ayudar a parejas con problemas de fertilidad, dejando solamente en claro que esta tecnología puede abrir las puertas de un futuro de horror.
Los medios periodísticos estadounidenses dieron especial relevancia a la presencia del ginecólogo italiano Severino Antinori, un experto en fecundidad y entusiasta impulsor de la aplicación en seres humanos de las tecnologías de clonación.
Sin embargo, frente a Antinori y otros científicos favorables a la clonación humana, otros expertos advirtieron que la tecnología que hace posible «reproducir» criaturas vivas todavía no es completamente segura.
«En la actualidad, no hay forma de predecir si un clon se desarrollará hasta convertirse en un individuo normal o anormal», advirtió por ejemplo Rudolf Jaenisch, del Massachusetts Institute of Technology (MIT).
En un momento de la fuerte disputa, Antinori aseguró que en su laboratorio desarrolló la técnica necesaria para separar los embriones anormales, pero Jaenisch le respondió secamente que «no hay forma de hacer eso».
El presidente del panel convocado por la academia estadounidense, Irving Weissman –un renombrado biólogo de la Universidad de Stanford– dijo que la reunión tiene por objetivo poner en claro los actuales estándares de seguridad en un eventual proceso de clonación humana.
«Estamos aquí para tratar asuntos de ciencia y medicina solamente, no políticos o religiosos», dijo Weissman.
La cámara de diputados de Estados Unidos aprobó una legislación prohibiendo expresamente los experimentos de clonación humana, imponiendo multas millonarias en dólares y penas de varios años de prisión para los infractores.
Pero, al mismo tiempo, en el país se mueve intensamente una poderosísima industria de la salud que ya anunció que dará pelea en el Senado para levantar la prohibición. El «lobby» de la industria de la salud invirtió grandes sumas en apoyar las campañas de los dirigentes republicanos en la última temporada electoral, en el 2000, incluyendo al presidente George W. Bush. *
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