Pareja renuncia a clonar a su hijo muerto

Una pareja de padres estadounidenses renunció por el momento a que la secta de los raelianos –movimiento que atribuye a los extraterrestres el origen de nuestra civilización, instalado en Canadá– clone a su bebé muerto debido a la repercusión mediática que tomó el caso, informó el diario local Sunday Gazette Mail. Mark Hunt, abogado de profesión y ex representante local de Virginia Occidental, y su esposa habían decidido patrocinar a un laboratorio secreto instalado por una química francesa de 44 años, Brigitte Boisselier, directora científica de Clonaid, una sociedad ligada a los raelianos, e instalada en un antiguo liceo de Nitro (Virginia Occidental).Se trataba de una «gran aventura, pero habíamos guardado el secreto (sobre el proyecto) porque su trascendencia mediática lo habría puesto en peligro», declaró Hunt al periódico en su última edición dominical, precisando que había invertido 500.000 dólares en el caso.

Luego de haber sido interrogado por investigadores de la Agencia Federal de Control de Alimentos y Medicamentos (FDA), que allanaron el laboratorio de los raelianos y requisaron documentos, Hunt anunció que había hecho cambiar las cerraduras del laboratorio y renunció a continuar con el proyecto porque Boisselier daba demasiadas entrevistas y se había convertido en una «vedette en la prensa». Temía además que hubiera un intento de atentado con bomba contra el laboratorio secreto luego de las revelaciones sobre su existencia.

Hunt había perdido su bebé de diez meses, Andrew, luego de una intervención quirúrgica realizada para corregir una malformación cardíaca. Fue entonces que la pareja pensó en recurrir a la clonación para producir «una copia sana, un gemelo» de su hijo. La secta de los raelianos fue fundada por un ex corredor de automóviles y periodista francés, que se hace llamar Raël, y cuyo verdadero nombre es Claude Vorilhon.

Sus miembros profesan que la vida sobre la Tierra fue establecida por extraterrestres que llegaron en un plato volador hace 25.000 años y sostienen que los propios humanos son clones. *

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