Tecnología e Inteligencia en ataques israelíes
Este ataque con helicóptero que causó ocho muertos –seis miembros del movimiento radical palestino Hamas y dos niños– fue calificado por el primer ministro israelí, Ariel Sharon, citado el miércoles por el diario Maariv, como «uno de los mayores éxitos» del ejército israelí.
«Todos los ejércitos del mundo se vanaglorian de una capacidad semejante», destacó un especialista civil de operaciones especiales. Pero –añade– «el ejército israelí las aplica casi cotidianamente y una operación como la de Naplusa (Cisjordania) aparece, luego de otras, como (una operación) ejemplar».
El misil –un cohete– que estalló en la habitación donde estaban los miembros del Hamas, ingresando en el piso correcto por la ventana adecuada, fue probablemente dirigido por láser pues el blanco estaba «iluminado» sin lugar a dudas por un equipo en tierra.
La denominada «iluminación» del objetivo –un rayo de luz invisible al ojo– habría podido ser efectuado desde otro aparato, destacó un militar conocedor de operaciones similares, aunque una presencia de esa índole reduce la discreción del ataque.
También podría haber sido efectuada por el helicóptero que lanzara el cohete, pero ello supone que el aparato permaneciera en su lugar hasta el impacto y la explosión, mientras que una iluminación independiente brinda la posibilidad de «disparar y olvidar», es decir, alejarse rápidamente.
La identificación del blanco en sí mismo y la elección –por otra parte fundamental– del momento propicio para la intervención se apoya en un trabajo complejo que los militares denominan «fase de inteligencia antes de la acción».
Los especialistas prefieren ser discretos sobre los resultados de los materiales que utilizan, pero se conocen, por ejemplo, largavistas que permiten ver de noche, por detección de una fuente de calor o por amplificación del brillo.
La práctica permite actuar como si se estuviera en pleno día.
Cámaras que no son más grandes que una aguja pueden transmitir imágenes en tiempo real y también conversaciones. Inclusive las conversaciones que tienen lugar en una habitación pueden ser captadas desde unos 500 metros por «cañones acústicos». «La calidad permite identificar a las personas que participan en una conversación», afirmó un experto militar que al igual que las otras personas interrogadas, sólo aceptó hablar a cambio del anonimato.
Además de toda esta tecnología de avanzada, los israelíes disponen de «recursos humanos», destacaron los especialistas. Esto es agentes infiltrados e informantes que disponen de medios de comunicación sofisticados, incluidos satélites que les garantizan un «perfecto conocimiento del medio general y una gran facilidad para adquirir las informaciones deseadas».
Todos los datos son tratados por sofisticados programas informáticos que ayudan en la toma de una decisión y que permiten, particularmente, presentar en tiempo real las diferentes posibilidades y consecuencias de cada elección, los riesgos de incidentes y de disturbios incluidos.
Por su naturaleza y riesgos, los operativos especiales se inscriben en un marco político delicado que no sólo pertenece al ámbito militar.
La operación de Naplusa afectó la imagen de Israel, reconoció por la radio pública israelí un responsable del ministerio de Relaciones Exteriores, pero –añadió– «es el precio a pagar si uno quiere defenderse».
Sin embargo, operaciones de esa índole no logran un apoyo unánime, ni siquiera en Israel.
La entidad defensora de los derechos humanos, Amnistía Internacional (AI) las calificó, al igual que organizaciones similares, de «ejecuciones extrajudiciales».*
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