Incursión israelí en Gaza deja más palestinos muertos
Helicópteros israelíes atacaron con misiles un edificio del cuartel general de la policía palestina en Gaza que, según el ejército, albergaba una «fábrica de armas».
Cuatro policías palestinos resultaron heridos, uno de ellos de gravedad, en el bombardeo que también dañó seriamente el edificio de tres pisos.
Cazabombarderos israelíes sobrevolaron Rafah, en el sur de la Franja de Gaza, cercana a la frontera israelo-egipcia.
El bombardeo y los vuelos israelíes por el sector se produjeron horas después del disparo de tres obuses de mortero en dirección de la colonia israelí de Netzer Hazani, en el sur de la Franja de Gaza.
Nabil Abu Rudeina, consejero del presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat, calificó el ataque israelí de «nuevo crimen» contra el pueblo palestino.
Abu Rudeina exhortó a la comunidad internacional y especialmente a Estados Unidos a «actuar rápidamente para poner fin a la agresión israelí y garantizar la protección de los palestinos».
Reaccionando a la muerte de seis activistas, miembros de las «Brigadas de los Mártires de Al Aqsa», rama armada del Fatah, de Arafat, muertos la madrugada de ayer lunes en una explosión atribuida a Israel, unas 10.000 personas asistieron a sus funerales en Al Farah, cerca de Naplusa (Cisjordania) pidiendo venganza.
En un comunicado, las «Brigadas de los Mártires de Al Aqsa», prometieron una «respuesta rápida y dolorosa».
El ministro palestino de Información, Yasser Abed Rabbo, responsabilizó al gobierno del primer ministro israelí, Ariel Sharon, y al jefe del estado mayor israelí, Shaul Mofaz, de «ese crimen odioso que podría provocar una explosión en la región».
Oficialmente, el Estado hebreo desmintió estar involucrado en el caso.
El 18 de julio pasado, el gabinete israelí de seguridad había autorizado «interceptar a terroristas», práctica que desde noviembre pasado significó la eliminación física de unos 40 activistas palestinos.
Siguiendo adelante con sus ataques contra las fuerzas de ocupación israelíes, palestinos hirieron de gravedad a balazos a dos guardafronteras israelíes en el norte de Cisjordania.
Esos nuevos decesos llevan a 61 la cantidad de muertos –44 palestinos y 17 israelíes– desde el 13 de junio, cuando entró en vigor un cese el fuego, y a 675 desde el inciio de la Intifada, el 28 de setiembre pasado: 528 palestinos y 128 israelíes.
Por otra parte, un civil israelí, un judío ortodoxo, fue apuñalado por la espalda en Jerusalén este, ocupada por Israel en 1967, y se encontraba en estado crítico, indicó un portavoz de la policía israelí.
Una pequeña de siete años, hija de un matrimonio de colonos israelíes, también resultó levemente herida al estallar dos obuses disparados por palestinos contra la colonia de Kfar Darom, en el sur de la Franja de Gaza. Finalmente, una bomba de baja potencia estalló sin causar víctimas en un supermercado del centro de Jerusalén oeste.
El jefe de la policía de Jerusalén, Micky Levy, acusó a palestinos de desplegar «esfuerzos mayores para precipitar a Jerusalén en el ciclo de violencia».
La víspera, un cochebomba estalló sin causar víctimas en un aparcamiento del barrio de colonización judía de Pisgat Zeev, norte de Jerusalén.
«El domingo tuvimos un ejemplo en el Monte del Templo», añadió Levy, refiriéndose a los incidentes registrados el domingo en la Ciudad Vieja de Jerusalén que causaron 33 heridos, entre ellos 15 policías y 18 palestinos.
Esos enfrentamientos se produjeron luego de una ceremonia simbólica de la colocación de la primera piedra del Tercer Templo judío, organizada por un grupúsculo judío de extrema derecha, los «Fieles del Monte del Templo». *
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