Mutis del general Augusto Pinochet
Valparaíso,Chile, AFP
El mutis del ex hombre fuerte que gobernó desde 1973 hasta 1990 «fue una decisión prudente», celebró el titular del Senado, Andrés Zaldívar, quien encabezó ayer el acto de asunción en la sede del Congreso en la ciuda de Valparaíso, 110 km al oeste de Santiago.
Pinochet, 84, también ex jefe del Ejército, había comunicado formalmente por anticipado que no estaría presente, dijo Zaldívar.
La asistencia de Pinochet al Parlamento, del cual es senador vitalicio, suponía demostraciones de simpatizantes y opositores, según temores expresados públicamente por el gobierno saliente de Eduardo Frei.
Pinochet se mantuvo en la jornada en su finca de la pequeña localidad costera de Bucalemu, sobre el Pacífico, 200 km al sur de la sede de Valparaíso y a 150 de Santiago.
Varias decenas de manifestantes que gritaban consignas contra el ex gobernante se estacionaron en las calles cercanas a la sede parlamentaria, en vana espera.
«Cárcel para el asesino», proclamaba una pancarta, observaron periodistas.
«Fue mejor que (Pinochet) no viniera», sentenció Soledad Alvear, canciller de Lagos, cuya elección en las urnas en enero lo convirtió en el tercer gobernante desde el fin de la dictadura pinochetista.
Cabecilla del golpe que derrocó al marxista Salvador Allende en 1973, Pinochet entregó el poder en 1990, frustrado por el veredicto del plebiscito de 1988, que rechazó prolongar su gestión.
En los años precedentes, el general había enfrentado una sucesión de revueltas cívicas y acciones armadas, que culminaron con una emboscada guerrillera del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, de la cual escapó ileso en medio de un enfrentamiento en el que murieron cinco guardaespaldas.
Ciento de líderes y militantes de la oposición, entre ellos Ricardo Lagos, fueron encarcelados tras el golpe de Estado, a la par que el régimen castrense suspendía las garantías individuales y el mismo Pinochet lanzaba advertencias sobre «apretones» de mano dura contra la disidencia.
Entre los dignatarios extranjeros invitados a la asunción de Lagos, el presidente de Argentina, Fernando de la Rúa; y sus pares de Brasil, Henrique Cardoso; de Ecuador, Gustavo Noboa; y de Colombia, Andrés Pastrana, saludaron la instalación del líder socialista como «una fiesta de la democracia».
Una filmación a distancia transmitida el viernes por el canal 13 de la television santiaguina mostró al general retirado en una lenta caminata por su hacienda, junto a un médico, ayudantes y guardaespaldas.
Pinochet se instaló en Bucalemu el jueves, una semana después de su retorno desde Gran Bretaña, donde permaneció detenido 503 días bajo imputaciones de crímenes contra la humanidad, presentadas por el juez español Baltasar Garzón.
La demanda de extradición de Garzón fue frustrada finalmente por el ministro del Interior británico, Jack Straw, quien consideró su mal estado de salud y aceptó la liberación por razones de compasión.
Sin embargo, a su llegada a Santiago, Pinochet sorprendió con demostraciones de vitalidad, contradictorias con su supuesta gravedad, y mantuvo en duda su presencia o ausencia del cambio de mando presidencial.
Según el ex presidente Frei y su sucesor Lagos, el general Pinochet debería alejarse definitivamente de la vida pública, como un gesto de contribución al apaciguamiento del país.
Pinochet es blanco hoy de 72 querellas criminales presentadas por sobrevivientes de la represión en su gobierno o parientes de las víctimas de desapariciones forzadas, asesinatos, ejecuciones y torturas que significaron al menos 3.000 muertes.
Los cargos, investigados por el magistrado Juan Guzmán, de la Corte Apelaciones de Santiago, son los mismos que los del abortado procesamiento que llevaba el juez español Garzón en Madrid.
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