Comienza a surgir el malestar con la administración de Fernando De la Rúa

Cien días después, la luna de miel se desvanece en Argentina

La luna de miel con la sociedad se diluye y eso lo percibe hace días el presidente cuando pidió dinamismo o cuando los referentes económicos de la Alianza salieron en tropel a asegurar que no están haciendo la «plancha» como sintió el ministro de Economía, José Luis Machinea, que le imputa la flor y nata del sector productivo. Como a Roque Fernández, su predecesor, se llegó a marcarlo con dejar la economía en «piloto automático».

El malestar es mayor entre las personas sencillas y no únicamente en sectores afectados por el impuestazo al que la nueva administración debió recurrir para evitar que el desórden fiscal heredado: 13.000 millones de dólares de déficit más una deuda externa equivalente a la mitad del PBI.

El crecimiento es moroso y está generando discusiones internas sobre el modo de revertir esta situación.

«No es que haya un ala ortodoxa y otra desarrollista, como la del gabinete (del brasileño Fernando Henrique) Cardoso pero hay diferencias en los tiempos. Machinea no cree en leyes mágicas sino en medidas puntuales para activar las exportaciones, como herramienta del crecimiento. Otros piensan que hay que urgentemente activar las Pymes», comenta un observador de estos tiempos aliancistas.

Dificultades

En el fragmentado peronismo saben que dejaron un presente griego a la Alianza, salvo Carlos Menem y sus amigos, pero creen que Dick Morris, el asesor norteamericano al que recurre De la Rúa, le aconsejó poner al país en «estado de emergencia», una imagen que creció, llegó un techo y luego se ha ido diluyendo como curso de acción.

En el gobierno ya no se apela a ese término, pero no porque piensen que «lo peor ya pasó» sino porque han comenzando las dificultades políticas con el Partido Justicialista.

Hay media sanción de una ley de emergencia cuyo eje es diferir pagos millonarios decididos por la Justicia, que incluye viejas demandas de jubilados que puede dormir el sueño de los Justos en el Senado Nacional ya que el Partido Justicialista no tiene intenciones de aprobarlo.

Si se piensa en desgaste del oficialismo, amén del impacto por los impuestos, algunos analistas computan como traspié el trámite alrededor de la ley Laboral.

Gran parte del tiempo transcurrido giró en torno a esta norma en un forcejeo con el sindicalismo y el peronismo político. Es probable que sea sancionada en abril, pero a un alto costo por la imagen que quedó instalada en el imaginario popular, de que se premió al viejo sindicalismo con un acuerdo que rebanó a la iniciativa la posibilidad de reducir su poder y sin convencer de que la ley servirá realmente para promover el empleo.

De la Rúa, Carlos «Chacho» Alvarez, y en general la Alianza ha dado muestras muy fuertes de que ha roto con el estilo menemista, frívolo y escasamente dialoguista; que es transparente y rápido para cortar de cuajo aprovechamientos personales del poder que da el Estado y con sus más y sus menos, hay una tendencia a ejemplificar la vida política, desprenderse de parásitos, cuidar los dineros públicos.

Pero hay aún muchos pelos en la sopa que pueden provocar algún escándalo y vínculos de influyentes de origen radical con viejos tramposos del peronismo que generan suspicacias.

Cuando no se tienen sueños

«El gobierno no cuenta si tiene sueños o una utopía», critica un antiguo dirigente radical. «No hay ningún think thank (ámbito de discusiones) ni tenemos claro donde vamos, en que, aparte de transparencia, nos diferenciamos del menemismo», añade la voz. Hay muchos datos que corroboran el razonamiento.

Tal vez por esta ausencia de objetivos, la carencia de planes a largo plazo que superen la justa obsesión por poner la casa en orden, es que el gabinete nacional no termina por configurarse como un sólido equipo, donde no escasean los disensos, que no es nada objetable, pero ya hay críticas duras entre sus miembros.

La ministra de Acción Social, Graciela Fernández Meijide recién levantó puntos estos días al ponerse al frente de las medidas de auxilio para los inundados del noreste. Ella como el titular de Salud, Héctor Lombardo, recibe objeciones en las dos vertientes de la Alianza.

La economía no crece al ritmo previsto y si suben las exportaciones es por mejora de los precios de los commodities y del petróleo. El oro negro actúa como la carabina de Ambrosio: la suba externa provoca alzas desmedidas en el precio interno de los combustibles y el gobierno nacional no acierta cómo poner límites a los abusos de los monopolios.

Sin avances con Brasil

Las relaciones con el Brasil, la máxima preocupación oficial en estos meses, siguen siendo conflictivas. Cardoso dice ser impotente para frenar las franquicias de los Estados Federales, que atraen a empresas que dan trabajo a los argentinos, aunque no en un número alarmante, según estiman en Economía y en la Cancillería.

Pero que algunas provincias están tentadas a repetir el juego, en una «guerra de subsidios» que no podrán cumplir a largo plazo aquí o en Brasil.

Los acuerdos políticos que alcanzó semanas atrás Adalberto Rodríguez Giavarini con su par del Brasil, quedaron en buenas intenciones. Viajes ulteriores de Juan Llach (Educación), Dante Caputo (Ciencia y Tecnología) o Aldo Ferrer (Comisión Nacional de Energía Atómica), o no concretaron nada o alcanzaron avanzar un poco.

El gran vecino tiene sus tiempos, pero su liderazgo puede estar jugando con fuego. Pruebas al canto: en el Palacio San Martín se ha ordenado estudiar alternativas al Mercosur, o pensar en acercarse junto a Chile al ALCA, el proyecto de integración hemisférica que quiere liderar Washington, cualquiera sea el habitante de la Casa Blanca.

Si es un aviso de presión dirigido a Brasilia o una decisión real, es tema de debate entre los especialistas.

De todos modos la consigna oficial es «más Mercosur» para superar el mal momento, que quiere decir, ampliarlo con Chile, avanzar en darle al agrupamiento instituciones políticas donde evacuar las consultas, terminar por acordar las diferencias puntuales con nuevos encuentros De la Rúa-Cardoso como el que se reiteró en Santiago.

De la Rúa estudia invitar a ministros de los Estados miembros a que lo acompañen cuando viaje a los EEUU entre el 12 y el 14 de junio y a países de la Comunidad Europea.

Rodríguez Giavarini irá a Washington en abril para fijar la agenda del viaje presidencial ya que cada parte tiene preferencias y agravios que quieren debatir.

Presiones de Washington

Las relaciones con EEUU se empañan nuevamente por las presiones que ejerce la embajada.

De la Rúa levantó el teléfono la semana pasada para hablar con el encargado de negocios, Manuel Rocha, para preguntarle si era verdad como dijo un diario que empresas informáticas estadounidenses con planes de inversión las paralizarían si la Argentina no cumple con la actual ley de patentes que obligara a fin de año a los laboratorios a pagar royalties y no podrán en el futuro producir remedios de última generación.

En el Parlamento quieren obligar a las grandes companías extranjeras a fabricarlos aquí no sólo que lo importen a precios fuera de control.

Lo que escuchó el presidente de Manuel Rocha es que «nosotros no dirigimos las inversiones, pero informamos sobre las condiciones que ofrece el país», una exquisitez del diplomático que ya deja el país.

En Economía y en la Cancillería, donde lo menos que hay es antiyanquismo, crece el descontento. Machinea sostiene que los EEUU deberían destrabar la entrada de numerosos productos a ese mercado, lo mismo ocurre en Europa donde «los franceses se oponen a nuestros quesos y nos inundan con los suyos».

El gobierno piensa cumplir con la ley sobre patentes por lo que considera impropias las presiones diplomáticas-periodísticas (como define Machinea) y quiere negociar, no imponer unilateralmente como llegarán al público argentino los remedios modernos.

Washington hizo saber, aunque con menos unción, que quiere que Argentina respete el acuerdo que se alcanzó con Menem sobre «cielos abiertos», una medida ahora suspendida. El gobierno tiene aquí que decidir qué hará con Aerolíneas Argentinas, vaciada por la española Iberia, si consigue interesar a capitales vernáculos a hacerse cargo de la línea de bandera o simplemente si la tendrá.

Los asuntos ásperos vienen en cascada. La luna de miel se acaba.

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