Bush presiona: el escudo antimisil irá contra viento y marea

El presidente George W. Bush reafirmó durante su reciente encuentro en Génova con su par ruso, Vladimir Putin, que nadie puede frenar su plan de llevar a la práctica el escudo antimisil (BMD). Aparentando una actitud magnánime, subrayó en rueda de prensa, que está dispuesto a darle tiempo a Rusia para adherirse al plan BMD. Recalcó enfáticamente «que no se equivoquen, yo creo que es importante trascender el Tratado ABM, suscrito en 1972 entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Este tratado proscribe los sistemas antimisiles, comprometiéndose las partes de abstenerse de lanzar un ataque nuclear contra otros países. Para Putin, el Tratado ABM es la piedra angular de sus relaciones con la Casa Blanca porque incluye unos 30 acuerdos sobre desarme y control de armas.

Los EEUU actúan como superpotencia

Con George Bush en la Casa Blanca se le dio un nuevo impulso al proyecto del escudo antimisil, que fuera planteado en 1983 por Ronald Reagan y que fue centro de la campaña electoral de George Bush. Ya en 1998 se publicó un estudio a favor del BMD, elaborado por el hoy ministro de defensa Rumsfeld. La conclusión a la que arribó el documento ha sido terminante: los Estados Unidos están amenazados por el hecho de que cada vez más estados pueden poseer cohetes intercontinentales. Se menciona a Corea del Norte, Irán e Irak como futuros poseedores de estas armas.

Para el influyente New York Times este documento se convirtió en guía y orientador de la moderna planificación política-militar americana.

Opiniones del Comité Nacional de Seguridad americano rechazaron categóricamente la afirmación de que los mencionados estados –Corea del Norte, Irán e Irak– puedan llegar a desarrollar cohetes intercontinentales. La Fundación Heritage y el Instituto de Análisis de Política Exterior coinciden en la opinión que es imposible que EEUU sea capaz de jugar su papel hegemónico si su propio territorio y el de sus aliados es violable y puede ser alcanzado por cohetes intercontinentales. La Casa Blanca debe estar en condiciones de garantizar el «orden mundial-liberal», si fuera necesario con medios militares.

El ex presidente americano Jimmy Carter criticó duramente la pretensión del actual mandatario de llevar adelante el proyecto de un escudo antimisiles. Carter descalificó al proyecto de «técnicamente ridículo», y que además violaría el tratado ABM, que ha sido un avance importante en el desarme nuclear.

El escudo antimisiles llevaría a una nueva carrera armamentista nuclear y sería un lamentable paso atrás en la convivencia pacífica, subrayó Carter.

La carrera por inmensas ganancias

En Washington actúa una BMD-Lobby que reparte unos 240 mil millones de dólares a las empresas de la electrónica y de alta tecnología, encargadas de proporcionar el equipamiento del proyectado escudo. El complejo militar-industrial es el gran beneficiado de este proyecto. Con razón escribió hace poco el «Wall Street Journal» que la carrera por inmensas ganancias recién se inició.

El gran obstáculo para llevar adelante el BMD es Rusia, que posee armas nucleares almacenadas en gran cantidad. También China está en la mira estratégica del Pentágono.

Vladimir Putin manifestó el interés de Rusia de mantener vigente el Acuerdo ABM de 1972 y ha sido muy claro en defender los acuerdos, que marcaron un importante acercamiento entre las dos potencias nucleares en aras de la distensión y la paz. El presidente ruso dijo que los peligros de guerra y la reanudación del rearme aparecen cuando falta confianza mutua.

Nadie en Rusia puede creer lo que afirma una y otra vez la gente de Bush, que Irak, Irán o Corea del Norte puedan ser una amenaza nuclear para Washington. Esto se considera en Moscú como un chiste de mal gusto. El destinatario de los planes americanos es Rusia y por elevación China.

El Centro para la Seguridad Política, una influyente institución americana, aconsejó a la Casa Blanca y al Pentágono a tener en cuenta el peligro que emana de China para los intereses americanos en Asia. La importante revista «Foreign Affairs» opinó que el proyecto BMD no se justificaría si sólo ofreciera seguridad contra cohetes extraños de Corea del Norte, Iraq o Irán, y no tuviera en cuenta el rival principal de los EEUU, China. *

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