La ecología mundial es factor de opiniones divergentes para los jefes de Estado

Con desacuerdos terminó la polémica cumbre del G8

Un muerto, centenares de heridos (500, según algunas fuentes), más de dos centenares de detenidos, unos 10 millones de dólares en daños (saldo provisional): el G8 de Génova pasará a la historia como el más polémico, a falta de nuevas citas.

No habrá sido el más productivo. El grupo no pudo llegar a un acuerdo sobre el protocolo de Kyoto, para reducir las emisiones de gas.

Por el contrario, la cumbre de los Ocho grandes no tuvo dificultades en acordar, a lo largo de sus plácidas jornadas de debate, un Fondo Mundial de la Salud (su aportación es de 1.300 millones de dólares), su apoyo a un plan de desarrollo para Africa que será ultimado en un año, y una vaga declaración sobre la posibilidad de enviar observadores internacionales a Oriente Medio.

«Aun cuando existe actualmente un desacuerdo sobre el Protocolo de Kyoto y su ratificación, nos comprometemos a trabajar juntos e intensamente para alcanzar nuestro objetivo común», esto es, luchar contra el efecto invernadero, reconocieron los Ocho en dicho proyecto de comunicado.

El otro tema «sensible» para los miles de manifestantes pacíficos, que consiguieron ser más de 100.000 el sábado en Génova, era la reducción de la deuda de los países más pobres.

Fue en otro G8, el de Colonia (Alemania) en 1999, donde se impulsó ese proyecto de forma definitiva, del que se han beneficiado hasta ahora 23 países.

«Estamos resueltos a que la globalización beneficie a todos nuestros ciudadanos, y especialmente a los pobres del planeta», señaló simplemente el comunicado final.

En la jornada del viernes, el G7 no quiso tampoco hablar de una nueva reducción.

El G8 pone el acento en el comercio para sacar de la pobreza al Tercer Mundo, según el comunicado final, que se muestra partidario de lanzar cuanto antes una nueva ronda multilateral, teniendo en cuenta los intereses de los subdesarrollados.

«Integrar a los países más pobres dentro de la economía global es la forma más segura de satisfacer sus aspiraciones fundamentales», advirtieron los mandatarios.

Buena parte de esos desacuerdos estuvieron provocados por la actitud decidida de Bush, que acudía por primera vez a una «cumbre de los grandes».

El mandatario estadounidense ya había dejado claro antes de acudir a Génova que no estaba dispuesto a ceder sobre el tema de Kyoto.

En cuanto a la deuda de los más pobres, la «Alianza para Africa» supone un sucedáneo, sin cifras ni plazos por el momento. Los mandatarios se reunieron durante tres días en una zona roja de seguridad protegida por centenares de metros de vallas de cuatro metros de altura y unos 18.000 agentes del orden, incluidos militares.

El movimiento antimundialización, que consiguió en Génova convocar a más personas que nunca, quedó ciertamente exhausto en su intento de «liberar» esa zona.

Sus organizadores, agrupados bajo el nombre de Foro Social de Génova, deberán repensar con toda probabilidad su estrategia tras su primera víctima mortal, el joven italiano Carlo Giuliani.

En poco más de 48 horas se pasó de una manifestación pacífica (el jueves, en favor de los inmigrantes), a una jornada de total descontrol (el viernes, cuando murió el joven Carlo Giuliani y se produjeron los peores incidentes).*

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