El ocaso de los intocables
Algo está cambiando en la política brasileña. La separación, aunque temporal, del presidente del Senado, Jader Barbalho, sólo dos meses después de la renuncia al escaño también de otro tótem de la política brasileña, Antonio Carlos Magalhaes, preludia el fin de una generación de políticos.
Tanto Magalhaes (llamado simplemente ACM), con más de medio siglo en la política, como Barbalho, con algo más de tres décadas, son el prototipo del «caudillo» latinoamericano, que encuentra su caldo de cultivo en el norte de Brasil, donde el clientelismo en política está a la orden del día.
«El caudillismo sería menos posible en otros Estados, donde el juego político es más moderno», aseguró a la AFP el polítologo Fabio Wanderley Reis.
En Bahía, el clan Magalhaes mueve sus tentáculos por la política, los medios de comunicación y los latifundios, al igual que el clan Barbalho en el Estado de Pará.
En el primer caso, el hijo homónimo ocupó su escaño en el Senado a finales de mayo cuando el todopoderoso ACM renunció antes de que el Congreso le abriese un proceso de desafuero por faltar a su deber: violar, cuando era presidente de la Cámara Alta, un panel para conocer la tendencia en la votación de la expulsión de otro miembro de la ilustre casa por corrupción, en junio del año pasado.
Barbalho sólo ha renunciado a la presidencia por un período de sesenta días para facilitar a la Justicia la investigación de la cascada de denuncias por corrupción, pero en su línea sucesoria al escaño, en caso de una eventual renuncia, se encuentra su anciano y enfermo padre Laercio Barbalho, que también ha sido senador.
Este ocaso de los hasta hace poco intocables se debe «a la madurez del sistema institucional brasileño», explicó Reis, ayudado por una mayor «transparencia» y mayores «presiones de la opinión pública» en contra de la corrupción.*
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