La mayoría de los diputados frentistas quiere irse con Elisa Carrió

La Alianza de gobierno en los límites de su ruptura

A las puertas de la cesación de pagos, el gobierno descubrió lo obvio: que es beneficioso no pedir prestado a tasas usurarias, que es mejor «vivir con lo nuestro», lo que equivale a un equilibro fiscal absoluto. Claro, no es una fórmula matemática neutra: de como se define la ecuación, se puede calificar a una administración. El solo hecho de que el gobierno pautara que los recortes al presupuesto incluyen a los jubilados, empleados estatales y a proveedores (en general, empresas medianas), definieron sus intenciones de «no tocar» a los grupos concentrados de la economía, que han hecho su agosto con las privatizaciones o la monopolización bancaria, inducida durante el menemato. No le fue fácil.

Se encontró con una huelga general casi sin precedentes, aunque la propaganda oficial insista en que «una mayoría quiso trabajar, pero le fue impedida por coacción». El miércoles, todo el sector estatal dejó vacías oficinas y pobló calles con concentraciones, mientras en el seno de la Alianza se agudizó el conflicto entre quienes quieren que la crisis se pague con «equidad», léase que se grave a los grupos económicos poderosos, y los que insisten en que lo que importa es dar señales a los mercados, mostrando firmeza en la decisión y de su ministro económico.

El reticente respaldo al programa por parte de los gobernadores peronistas, duchos en eso de dar y sacar, hizo que los «mercados» recibieran al programa con salvas de más riesgo país. No hay que dudar: fue una manera de presionar. Finalmente, los mandatarios se sumaron al «acuerdo por la independencia», con que pomposamente se busca desde el poder darle al ajuste el carácter de gesta patriótica, aunque al uso de cada uno de ellos. Bregarán por que las provincias lleguen a la meta, pero no este año. Con todo, no garantizaron, porque no pueden, que los legisladores peronistas, y ya se demostró en la Cámara baja, respaldarán el proyecto.

Los radicales saben dos cosas: que un error de cálculo puede derrumbar a De la Rúa y que no pueden ser indiferentes ante esta realidad. Sus legisladores más progresistas negociaron algunos cambios, como elevar el piso de corte de las reducciones a jubilados y empleados estatales y que las diferencias se cubrieran con fondos provenientes de imposiciones de diferente tipo a empresas privatizadas. Esta vez Cavallo debió aceptar esta concesión, más especulativamente que con convicción, para que el programa no naufragara en la Cámara baja. El solo acuerdo abrió un compás de espera en los «mercados»: bajó el riesgo país, subió la Bolsa de Valores.

Pero aún así, aunque el piso del recorte del 13%, por ahora, a jubilados y estatales subió de 300 dólares a mil, según el acuerdo (en el gobierno sostenían ayer que será de 500 dólares) en el Frepaso no fue aceptado. El proyecto frentista elimina de toda poda ingresos de estatales y jubilados, y busca que los fondos que necesita el Estado para el déficit 0 provengan del sector privado, que se enriqueció estos años, y de los fondos de pensión, cuya creación por Cavallo durante el menemismo desfinanció al sector previsional estatal.

La UCR no se atrevió a tanto y en la madrugada de ayer la Alianza quedó partida en el Parlamento. Difícilmente pueda recrearse: la mayoría de los diputados frentistas quiere sumarse a las huestes de la disidente radical Elisa Carrió.

El peronismo votó en contra, con excepciones. Fueron las de los diputados bonaerenses, porque en la provincia de Buenos Aires el programa de restricciones obligó al gobernador Carlos Ruckauf a negociar respaldo en la Cámara de Diputados nacional (dieron quórum) a cambio que la en la legislatura bonaerense, la Alianza le aprobara su propio ajuste, aunque con modificaciones. Este acuerdo se conoce como «culo por culo».

La Cámara baja debe todavía votar punto por punto y el proyecto debe pasar por el Senado, donde se abren negociaciones infinitas. De todos modos, la victoria es menos que pírrica, porque no le da al gobierno sustento político más sólido. Ahora De la Rúa, salvo milagros que ya se sabe no suelen ocurrir en política, tiene como apoyo solamente a la mayoría del radicalismo que internamente vive dramáticamente lo que hace, es decir, sin convicción, de los diputados de Cavallo y de algunos partidos provinciales y lo que negocie, día a día con el fraccionadísimo peronismo.

¿Y si no sirve?

Si se pregunta a los analistas económicos, son pocos los que le dan chances al programa mas allá de su carácter antipopular. Los brokers siguen pensando que la Argentina podría no poder evitar el default, en un contexto de pujas entre davaluacionistas y dolarizadores, cada cual con su negocio a cuestas. Una debacle, para los observadores, sería el final de la actual administración, pero nadie sabe que podría venir después. Este temor explica la apoyatura crítica del sector radical progresista.

¿Y el Frepaso? Ha votado en contra y ya ni es consultado por el radicalismo. Los próximos días debe decidir si mantiene la ficción de permanecer en el oficialismo, o encuentra la manera de detener su sangría interna, saliendo del gobierno.

Una serie de detenciones contra piqueteros, anticipa que la mano viene dura. Pero pese a que el movimiento sindical esta fragmentado, lo que se puede prever son más medidas de lucha.

¿Cuál es el futuro para un pueblo que acaba de noticiarse que entre desocupados y semiparados sumas cerca de 4,5 millones de adultos, para un país de 35 millones de habitantes?. ¿O que no puede dejar de abordar el peso de la deuda externa?

Ese es el debate. La sombra de un imprevisto, campea por todos los sitios.*

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