El muro de Génova separa dos mundos

Un joven muerto de dos pistoletazos en la cabeza disparados por un carabiniere (Carlo Giuliani, de 23 años, hijo de un sindicalista de la CGIL) enluta las grandes jornadas de Génova contra el G8, las más gigantescas demostraciones populares realizadas en Europa (y en el mundo) desde el fin de la II Guerra Mundial, que alcanzó ayer 200 mil personas en un desfile de una diversidad y un colorido sin igual. Coronas de flores y velas encendidas señalan el lugar donde cayó el joven.

Un miembro del gobierno de Berlusconi propuso que en lo sucesivo el G8 se reúna en un crucero de lujo en medio del océano, pero aun así se verían cercados por un movimiento social en ascenso que no les da tregua, como lo demostraron las acciones de los ecologistas de Greenpeace ante los ensayos nucleares en el atolón de Mururoa o el transporte de desechos tóxicos. El tiempo de la impunidad se terminó.

Ya en los días previos decenas de miles de participantes habían desfilado sin incidentes, en un clima de fiesta del principio al fin, aportando cada uno de los cientos de grupos sus iniciativas originales. Un periódico italiano señalaba que, frente al G8, cada manifestación de ese ejército de soñadores estaba signada por el G2: Grande e Gioiosa (alegre, gozosa).

Entre las consignas desplegadas (contra la guerra, por la anulación de la deuda, en defensa del medio ambiente) sobresalía una pancarta con la inscripción: Movimento senza confini (sin límites, sin fronteras), lo que podría simbolizar el conjunto del movimiento que se viene gestando, sobre todo a partir de Seattle en diciembre de 1999, y que configura una formidable acumulación de fuerzas a nivel internacional.

Esto se vio plasmado particularmente en la manifestación de ayer, pero tiene como antecedentes memorables las concentraciones efectuadas dondequiera se reunían los centros del poder mundial, llámense FMI, Banco Mundial u OMC. Ya no podrán volver a hacerlo a la sordina. Esto es lo nuevo del mundo de hoy.

Esta concentración inédita de fuerzas populares se produjo a pesar de las medidas represivas (también sin antecedentes) del gobierno de Berlusconi, que incluían misiles tierra-aire, helicópteros y naves de guerra, además de restricciones en puertos y puestos fronterizos. La diversidad de los movimientos congregados es indescriptible.

No alcanza con señalar sus principales vertientes, con el agregado de multitud de agrupamientos de raíz religiosa, sino que todos los grandes problemas del mundo, incluidos sus aspectos más conflictivos, estaban allí representados, en una suerte de Estados Generales a nivel planetario.

También participaban –aspectos éstos muy controvertidos– delegaciones de movimientos sindicales y de partido políticos, como por otra parte ya lo habían hecho en el Foro Social Mundial de Porto Alegre, antecedente inmediato de Génova y que marcó una confrontación neta con los magnates reunidos en Davos.

Provocaciones a varias puntas

Centenares de organizaciones italianas se integraron en el Foro Social de Génova, cuya cabeza visible es el médico Vittorio Agnoletto, quien defendió a capa y espada el derecho a manifestar sin restricciones, condenó las medidas draconianas del gobierno con el lema: «No al gueto y al muro de la vergüenza» (las vallas de 4 metros y los muros de cemento que aislaron la zona roja), exhortando a manifestar en forma pacífica y a evitar las provocaciones.

Ciertas entidades religiosas condicionaron su participación a que no se registraran acciones de violencia. Por otra parte intervenían grupos del llamado Black Block, sindicados dentro de una tendencia general anarquista, partidarios del enfrentamiento directo, de penetrar por la fuerza en la zona roja, y que tomaron parte activa en los múltiples incidentes de la víspera.

A este cuadro debe agregarse otro componente ineludible (además de que las fuerzas represivas estaban armadas y aleccionadas como para la guerra), y es la provocación orquestada con anticipación desde el gobierno, además de la infiltración en los movimientos populares.

Existen por lo menos cuatro casos documentados al respecto, generados antes de las manifestaciones (paquetes-bomba, balas en una carta, bombas en la puerta de una escuela, alarmas que suenan, proliferación de mochilas abandonadas). Agnelotto denunció que eran obra de uno de los servicios secretos activos en la ciudad.

En Barcelona pasó lo mismo. Un comentarista señala que «la subida de tensión, la provocación, la infiltración tenderán a crear condiciones de desligitimación del movimiento. Es muy fácil…» y se refiere luego al poder mediático de unas vidrieras rotas.

Remember Líber Arce. El entierro del mártir estudiantil originó la mayor manifestación de dolor colectivo conocida en nuestro país. Pero al día siguiente la gran prensa sólo hablaba de los desmanes cometidos por un grupito al término de la jornada.

El disfraz filantrópico

Nacido en Rambouillet en 1975 para superar las contradicciones en el Consejo de Seguridad de la ONU, el G7 se propuso imponer al planeta, sin ninguna legitimación democrática, la ortodoxia neoliberal.

Ultimamente, en vista de la catastrófica situación mundial y de la toma de conciencia generalizada, ha variado un tanto el discurso, y habla de la pobreza, de la deuda, de las enfermedades.

Pero no engaña a nadie. Esas promesas ya las hizo en Colonia en 1999, y nada se cumplió. Ahora, y más allá de la mezquindad de sus propuestas (sobre todo de parte de EEUU), sucederá lo mismo. Esta es la otra cara de Génova 2001.*

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