Milosevic era un obstáculo para la estrategia occidental

En las páginas de LA REPUBLICA se ha informado bastante sobre la bochornosa entrega del ex presidente yugoslavo Slobodan Milosevic al Tribunal Internacional de las Naciones Unidas de La Haya. Sin embargo, se están conociendo cada vez más hechos que echan luz sobre las verdaderas «razones» que determinaron el destino del gobernante balcánico. En un reciente encuentro en Viena se distribuyeron millones de dólares en créditos y subvenciones para la reconstrucción de las destrucciones causadas por los bombardeos de la OTAN. Los beneficiarios de enormes sumas de millones de dólares son firmas europeas y americanas. El negocio es brillante: hay que construir unos 30 puentes, miles de kilómetros de carreteras y estructuras de todo tipo.

Primero fueron los bombarderos de la OTAN que lanzaron sus cargas mortíferas y ahora se trata de reconstruir lo destruido. Un verdadero círculo diabólico, contra el cual se opuso siempre Milosevic en su condición de jefe de Estado, exigiendo además fuertes sumas de reparaciones a quienes cometieron semejante salvajada, descargando unos 30.000 obuses para someter este sufrido país.

Occidente no escatimó recursos

El Senado americano y la Unión Europea abrieron las cajas fuertes de par en par para alimentar la campaña política y electoral contra Milosevic y lograron su desplazamiento. Más tarde pagaron 200 millones de dólares a los gobernantes venales serbios, a cuya cabeza se encuentra Zoran Djindie y su Partido Democrático, para encarcelar y extraditar al ex presidente. Mil millones de dólares prometidos fueron los treinta dineros.

La acusación contra Milosevic es de «crímenes contra la humanidad» y «crímenes de guerra». Pero cualquier observador puede darse cuenta que no se trata de eso, porque ninguno de los jefes de Estado de Slovenia, Croacia, Bosnia e inclusive de Occidente, que ordenaron acciones de guerra en los últimos 10 años, que causaron miles de muertes, es sometido a juicio.

Con Milosevic en La Haya Occidente se sacó del medio a un gran obstáculo para extender la OTAN hacia el Este. Se trata de una meta estratégica dirigida sin duda contra Rusia y China. Yugoslavia se opuso a toda integración en tratados de carácter agresivo y defendió firmemente la independencia y el derecho de decisión de cada país, de integrar el bloque que quisiera. Eso equivalía a una herejía intolerable, que los políticos y militares de la Unión Europea y la OTAN no estaban dispuestos a tolerar. Había que sacar primero al hereje del gobierno y luego llevarlo a La Haya.

A eso se agregan elementos negativos del propio Milosevic, que en la pugna por mantenerse en el poder consintió que su partido se convirtiera de socialista en nacionalista, alentando la lucha fratricida entre pueblos yugoslavos.

Condena de Milosevic para justificar la agresión

Una condena de Milosevic como criminal de guerra sería bienvenida para justificar la agresión de la OTAN, convertiría un acto infame en un acto de liberación. Las consecuencias de todo eso son imprevisibles, porque no se debe olvidar que Milosevic fue reelecto varias veces para los cargos gubernamentales con el amplio apoyo popular. Una profunda división de la opinión pública se perfila y ya ha habido manifestaciones en este sentido.

La independencia de Serbia cesó a la luz del acto de entrega de Milosevic y el peligro de la desintegración de la nación yugoslava se agrandó enormemente.

Los 14 jueces provenientes de 14 países recibieron refuerzo de 27 jueces y se preparan para un juicio largo, declaró la fiscal general Carla del Ponte, de Suiza. Los fiscales entregarán en los próximos días a los abogados defensores las pruebas.

La defensa elaborará en base a esta documentación sus alegatos en defensa de Milosevic. El Tribunal Internacional fue creado en mayo de 1993 por la resolución Nº 827 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para investigar graves crímenes de guerra cometidos desde 1991 en Yugoslavia.*

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