Funerales por la muerte de tres palestinos
Cerca de 10.000 personas enfurecidas participaron, en un ambiente de extrema tensión, en los funerales de las tres víctimas, entre ellas un bebé, en Ezna, cerca de Hebrón, al grito de «Nosotros moriremos y palestina vivirá».
Desde que se produjo este atentado, una veintena de palestinos resultaron heridos, dos de ellos gravemente, en enfrentamientos con los soladados israelíes en Hebrón y en Ramalá, en Cisjordania, según fuentes palestinas.
El atentado fue reivindicado en un comunicado por «el comité para la seguridad de las carreteras», un grupo formado por colonos extremistas, asociado al movimiento de inspiración racista Kach, oficialmente ilegal.
Durante los funerales, activistas enmascarados dispararon al aire con armas automáticas mientras miembros del movimiento radical islamita Hamas, responsable de la mayor parte de los atentados antiisraelíes, distribuyeron octavillas prometiendo vengar a los tres muertos.
Las tiendas en Hebrón, una ciudad dividida a causa de la presencia en su centro de unos 400 colonos israelíes, se mantuvieron cerradas en señal de duelo.
El jefe de la diplomacia israelí, Shimon Peres, prometió capturar a los autores del atentado y hacerlos comparecer ante la Justicia.
«Israel detendrá a quienes cometieron este asesinato abominable y les castigará conforme a la ley», indicó en un comunicado.
La Autoridad Palestina estimó que este «crimen horrible» justificaba su petición de observadores internacionales.
El negociador Saeb Erakat pidió el envío «inmediato» de estos observadores y un calendario para la aplicación del informe Mitchell para salir de la crisis.
Los cancilleres de los ocho países más industrializados y Rusia (G8) alcanzaron el jueves, tras el atentado, una posición común proponiendo prudentemente, pero por primera vez por unanimidad, el envío de observadores.*
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