Los hijos del síndrome de la riqueza imprevista
Una nueva enfermedad ingresó en la jerga de los pediatras de Silicon Valley: el síndrome de la riqueza imprevista.
En la patria de la nueva economía, los psicólogos están alarmados por el stress emotivo inédito al que se ven sometidos los hijos de la prosperidad.
«La nueva e imprevista afluencia de dinero plantea a los padres e hijos problemas particulares», explica Judy Barber, una consultora de problemas de familia con oficinas en Napa, Paolo Alto y San Francisco responsable de una publicación «donde se comentan ciertos aspectos de la riqueza de los que nunca se habla».
El síndrome tiene el rostro de Jeffrey Mendelbaum, un adolescente de 13 años de Palo Alto que diariamente regresa a su casa y, a la hora de la merienda, con el pan y la mermelada en la mano, controla el funcionamiento del NASDAQ, el mercado telemático donde se tratan los títulos «high tech», antes de comenzar las tareas escolares.
Jeffrey sigue el funcionamiento de los mercados como sus coetáneos de la «vieja economía» coleccionaban figuritas o estampillas.
Pero esto ocurre incluso fuera del «valle del silicio».
En Silicon Valley los héres de la infancia ya no son más ni Michael Jordan o Mia Hamm.
Son sus hermanos mayores los que, a los 20 años o poco más, ganaron millones con las empresas de crecimiento rápido.
Alexa de 17 años explicó al The New York Times la filosofía dominante: «En la escuela hay que aprender lo más rápido que se pueda para aplicar velozmente lo que se sabe, de modo de ser rico a los 24 años. Aquí es así».
Pero los «jets» familiares, los Mercedes a los 16 años, las semanas blancas en Gstaad con una corte de amigos no son suficientes para garantizar la felicidad.
Laura, también de 17 años, experimentó una seria depresión cuando su madre lanzó su propia empresa: «Regresaba de noche tarde y yo cuando regresaba de la escuela encontraba esta enorme casa vacía».
Para ella y otros como ella víctimas del nuevo síndrome, Chris Goodrich, del Child Institute de Menlo Park, comenzó a ofrecer cursos antistress: «En Silicon Valley se dice que si no se asciende permanentemente se es reemplazable. Esta circunstancia plantea una tremenda presión sobre los padres que miran a sus hijos y piensan: debo darles todo para estar a la altura de las circunstancias».
Un niño de 11 años conocido suyo en 1999 le imploró que lo ayudara a simplificarle la vida: «No tanto por el dinero sino por el estilo de vida que los padres querían hacerle llevar».
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