Ofensiva total israelí
Una revista británica reveló días pasados un plan de ofensiva total por parte de Israel para aplastar a los palestinos mediante el uso extremo de la fuerza. El plan fue negado por las autoridades israelíes, entre ellas el canciller Shimon Peres luego de su reciente encuentro con Arafat en El Cairo. Pero la gran pregunta es ¿acaso se diferencia dicho plan de la escalada sangrienta que está practicando el gobierno israelí, de sus bombardeos a los territorios palestinos (y a la vez contra El Líbano y Siria), de sus asesinatos masivos y también selectivos por medio de atentados individuales, de la irrupción con blindados y topadoras para arrasar las viviendas en los territorios palestinos, a la vez cercados por los tanques y convertidos en campos de concentración? Recuérdese que mientras se producían estos últimos hechos el ministro Dani Naveh declaraba que Israel seguirá destruyendo casas palestinas construidas sin la autorización necesaria» (por lo visto para levantar viviendas en sus territorios los palestinos deberían pedirle permiso a Israel) y Sharon manifestaba en Roma que «Jerusalén es la capital unida e indivisible del Estado judío», evidenciando su decisión de seguir violando a ese respecto la ley internacional y de extender las construcciones judías –como se está haciendo aceleradamente– en la zona oriental palestina.
El plan de ofensiva total publicado en Londres por la revista Foreign Report incluye bombardeos a los territorios (como ya se ha estado haciendo con cazabombarderos F16, lo que suscitó la protesta airada de la comunidad internacional), una invasión a dichos territorios con apoyo de tanques y artillería pesada, y el despliegue de 30 mil soldados israelíes en incursiones que terminarían con decenas de miles de palestinos muertos o recluidos en campos de concentración y la caída del gobierno de Arafat.
El plan (revelado «por un informante que vio un resumen del proyecto» según consigna
El Observador del domingo 15) se ve confirmado por informaciones sobre las últimas irrupciones destructivas al sur de Gaza y en Hebrón, que se suman a actos de represalias desproporcionadas como las denunciadas por el movimiento de convivencia árabe-israelí, que dejaron a 500 palestinos sin hogar. Según cables publicados el día 13 fue «el propio premier israelí Ariel Sharon quien ordenó, antes de viajar a Roma, la dura reacción del Ejército». La información precisa: «No es la primera vez que grupos armados de colonos israelíes realizan acciones de este tipo. En realidad, se han transformado en un hecho casi cotidiano, aunque la prensa israelí es parca en noticias». O sea: los atentados se realizan, luego se ocultan, y una intensa campaña propagandística los saca de circulación.
Voces que acusan
Estos hechos estremecedores motivaron una carta de tres personalidades europeas: el escritor español Juan Goytisolo, el sociólogo francés Edgar Morin y el eurodiputado Smi Nair, la que recibió el apoyo expreso de los ex cancilleres de Francia y de Luxemburgo, Claude Cheysson y Jacques Loos, y de los eurodiputados Luisa Morgantini (de Italia) y Jannis Sakellariou (de Grecia), entre otros. La carta comienza por reflejar un sentimiento que se extiende por el mundo. «La situación de dominación total impuesta a los palestinos por el gobierno de Ariel Sharon ha alcanzado un punto intolerable. Nada, ni el pasado, ni el presente, ni el futuro del Estado hebreo justifica las humillaciones, los asesinatos y los bombardeos que sufren en forma indiscriminada los palestinos en los territorios ocupados». Expresa luego otra verdad de a puño: «La desproporción de las fuerzas entre los protagonistas de esta tragedia es abismal» y opina que los extremistas de ambos bandos parecen haberse puesto de acuerdo para hacer imperar la ley del Talión.
Una propuesta constructiva
Sobre la política de Israel afirma: «El gobierno de unidad nacional de Israel, dirigido por Sharon, practica masivamente una política de sangre y lágrimas». Recuerda luego el tremendo drama del holocausto, instando a los israelíes «en nombre de los ideales democráticos y del recuerdo de la terrible catástrofe que el pueblo judío padeció durante la II Guerra Mundial, a que recapaciten y actúen para poner fin a la política emprendida por su gobierno, (que) constituye hoy la principal amenaza contra el mismo Israel».
A la mirada crítica de los firmantes no escapa el pobre papel desempeñado por Europa, que se limitó a unas débiles recriminaciones ante los hechos más escandalosos pero siempre terminó renunciando a actuar. Señalan en términos conminatorios: «Las autoridades europeas deben exigir el envío de una fuerza internacional de interposición entre los protagonistas de este conflicto». También reclaman a la ONU que declare en peligro al pueblo palestino. Como se recordará, Israel rechazó de plano la creación de una fuerza de interposición sobre el terreno y una iniciativa en ese sentido que contó con los votos necesarios en el Consejo de Seguridad fue vetada por EEUU.
El documento culmina con una propuesta altamente constructiva compartible en todos sus términos: «el reconocimiento del derecho a un Estado palestino independiente, soberano y libre en sus relaciones con el exterior así como el de Israel dentro de sus fronteras reconocidas». *
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