ANALISIS INTERNACIONAL

La Cumbre de Caracas sobre la Deuda Social

NIKO SCHVARZ

 

La «Cumbre de la Deuda Social y la Integración de América Latina» efectuada del 11 al 13 de julio en Caracas confirmó que nuestro continente es el de mayor desigualdad social, en el que los ingresos y las riquezas están peor distribuidos en el mundo. Un resumen publicado en la prensa venezolana señala que «los más de 150 expertos de instituciones públicas y privadas nacionales e internacionales, movimientos indigenistas y campesinos, organizaciones no gubernamentales (ONGs), iglesias y personalidades pro derechos humanos han puesto su acento en la situación precaria de la región, bloqueada entre la nunca alcanzada y siempre deseada integración y la dependencia exterior, especialmente de Estados Unidos».

Cifras de la pobreza

El representante del Banco Interamericano de Desarrollo dijo en la apertura del encuentro que en América Latina 60 de cada 100 personas son pobres, que un tercio de la población carece de agua potable, una de cada cinco madres da a luz sin ningún tipo de asistencia médica y el latinoamericano promedio cuenta apenas con cinco años de escolaridad. Según Unicef, en nuestro continente el 57% de los niños menores de cinco años vive en hogares pobres.

Ya en la 42ª reunión anual del BID celebrada en marzo en Santiago de Chile su presidente Enrique Iglesias había caracterizado a América Latina como la región de máxima inequidad social, precisando que 220 de sus 500 millones de habitantes viven en la pobreza, y de ellos entre 80 y 100 millones en estado de indigencia. También destacó en dicha instancia el problema de la desocupación, con picos superiores al 12% en Argentina, Colombia, Uruguay y Venezuela. Esas cifras no tomaban en cuenta la subocupación y el trabajo informal, sumamente extendido en el continente. Aun con este opacamiento de la verdadera realidad, es dable observar que las cifras se dispararon los últimos cuatro meses, sobrepasando el 15% en Argentina, en medio de una situación extremadamente crítica, y acercándose a ese índice en nuestro país.

El presidente de la Federación Iberoamericana de Ombudsman y comisionado de los Derechos Humanos en Honduras, Leo Valladares, expresó el deseo de que «ojalá globalizáramos la lucha contra la pobreza», entendiendo que la globalización debiera concentrarse ante todo en el tema del desarrollo humano.

Deuda y militarización

En la reunión caraqueña tuvo destacada participación el argentino Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nóbel de la Paz 1980, quien hizo particular referencia al tema de la deuda externa y de la militarización. Estimó que cada niño latinoamericano al nacer ya está debiendo 1.500 dólares. Planteó el carácter ilegítimo de la deuda latinoamericana (que asciende a 750 mil millones de dólares, de ellos 150 de Argentina), y en consecuencia revivió la propuesta de comenzar por suspender el pago de los intereses, como condición para reactivar la economía de los países deudores. De paso sea dicho, para la contracumbre a la reunión del G8 a realizarse los próximos días en Génoa resurge con fuerza el tema de la anulación de la deuda externa de los países pobres, incluyendo un debate sobre su legitimidad. Uno de los puntos de apoyo de esta propuesta es el Jubileo 2000 de la Iglesia Católica, promovido por el papa Juan Pablo II, quien en su sermón del domingo pasado reiteró a los gobernantes del G8 el pedido de anular la deuda de los países pobres.

El destacado luchador por los DDHH se pronunció categóricamente contra el ALCA («no va a solucionar nada, al contrario, va a agravar la situación») y contra los planes de militarización por Estados Unidos en la región, en particular a través el Plan Colombia. Se refirió en ese sentido a la utilización de la base de Manta en Ecuador y al entrenamiento de tropas en varios países latinoamericanos por parte de EEUU para su eventual empleo en el Plan Colombia.

La carta azteca

En relación con la deuda externa latinoamericana se conoció hace poco una carta con la firma del indio azteca Guaipuro Cuauhtémoc, que reivindica su carácter de descendiente de los pobladores de América cuarenta mil años atrás, y se dirige a quienes presuntamente la descubrieron hace 500 años en estos términos: «Consta en el archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo, firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y el 1660 llegaron a San Lúcar de Barrameda (¿no les hace recordar las lecciones de historia en la escuela?) 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata que provenían de América». Agrega que no aspira a reclamarles «las viles y sanguinarias tasas flotantes de un 20 y hasta un 30 por ciento que los hermanos europeos les cobran a los pueblos del Tercer Mundo». Calcula que, limitándose a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados más el módico interés de un 10% anual acumulado durante los últimos 300 años, se le debe a América Latina una suma que se expresa en más de trescientas cifras y que supera ampliamente el peso total de la tierra. «Â¡Muy pesadas son estas moles de oro y plata!», escribe. Y culmina con esta reflexiva pregunta: «¿Cuánto pesarían calculadas en sangre?».*

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