Débiles respaldos políticos para el ajuste que anunció la Alianza para salir de la crisis económica

La última oportunidad para el presidente Fernando de la Rúa

Isidoro Gilbert – Argentina

 

Un nuevo fracaso llevaría al país a la cesación de pagos y al gobierno a una crisis que hoy es difícil de medir. Pululan por eso planes para modificar la actual coalición, dada la resistencia que el plan de Domingo Cavallo encuentra dentro de la Alianza. Hacia ese objetivo marchan como agitadores, no como constructores, el delarruismo más fiel y gobernadores del peronismo. El Presidente, sometido a un ritmo dañino para su corazón enfermo, piensa.

La apelación a «vivir con lo nuestro» porque el crédito le ha sido cortado a la Argentina, dentro y fuera de sus fronteras descarga el peso de la crisis, en general, sobre los sectores más desamparados, particularmente los de la tercera edad. Es un buen principio económico no gastar más de lo que se recauda, pero el equilibrio fiscal no es neutro, depende de qué sector se recogen los ingresos y cómo éstos se gastan. Es por ello que surgen opciones alternativas en el radicalismo y el Frepaso por un lado y desde el arco mixturado del peronismo.

El ministro de Economía no puede hacer un diagnóstico objetivo porque él es parte de la enfermedad que tiene sus raíces en la política de acumulación y distribución iniciada bajo Carlos Menem, convertibilidad incluida, que se ha transformado en el lecho de Procusto, donde debe ser acomodado el cuerpo social del país, serruchando su parte más débil. En marzo, otro ajuste fue derribado en dos semanas por la reacción popular. Entonces, como no había alternativas fuera del universo de lo que se denomina «el modelo», el repudio desbrozó el camino del padre de la convertibilidad. Este tomó la temperatura de la sociedad y repudió a su antecesor con un discurso que sonó a canto celestial en un sector considerable de la sociedad, especialmente los vinculados a la producción y al mercado interno. Incluso se especuló con el surgimiento de un tercer movimiento histórico llevado por la imaginación del nuevo ministro.

A falta de un diagnóstico, la improvisación campea por gran parte de las políticas de Cavallo. Semanas atrás, anunció la rebaja de impuestos para impulsar la demanda como uno de los motores de la reactivación y ahora impulsa indirectamente más recesión. ¿Malos cálculos? Lo real es que la esperanza blanca retornó a la feroz ortodoxia, que se ha probado, desde hace rato, que es ineficaz para resolver los problemas del crecimiento.

Choque de intereses

Un lugar común ha sido atribuir a un forcejeo entre el ministro y los mercados el empinamiento del riesgo país. Es cierto que Cavallo desafió de palabra a los operadores de Wall Street y a los grandes bancos, que calificó de miopes a los primeros y de usureros a los otros por las tasas que le exigieron, y debió aceptar, para cada préstamo que les requirió. Pero es una explicación epidérmica. Los temores externos desembarcaron con los anuncios de la nueva convertibilidad, que quedó como una ilusión para instrumentar una política financiera más flexible, que afuera confundieron con el camino hacia la devaluación, y especialmente por las malas perspectivas de crecimiento.

Detrás de la debilidad del gobierno y el país bulle la especulación, la apuesta contra el peso, el forcejeo entre grandes intereses, sea por la devaluación, sea por la dolarización que quieren sacar partido de la situación y mucha ignorancia y pánico. Va de suyo que para enfrentar la gravedad primero hay que saber dónde se marcha y qué se combate, segundo promover un gran acuerdo para sostener ese rumbo. El gobierno no abrió ningún espacio de discusión ni con la Alianza ni con la oposición para analizar el camino que debería tomarse. Se lo dijeron a De la Rúa unos y otros ex posfacto en medio de una gran confusión en el poder. El miércoles por la mañana el jefe de Gabinete, Crhistyan Colombo, esbozó a la conducción de la Alianza en la cámara baja un esquema del plan para cortar 4.500 millones de pesos de los 84.000 millones que se gastan anualmente entre la Nación y las provincias.

Horas más tarde, Cavallo cambió el libreto frente al mismo auditorio y tuvo con el jefe de la bancada, el frentista Darío Alessandro, un fuerte cambio de palabras. El ministro se negó a escuchar siquiera la posibilidad de gravar a los grupos económicos con más solvencia y ganancias. La idea en los dos encuentros es la misma: si no agrandamos la deuda y mostramos que ponemos en caja las finanzas, retornará la confianza y con ellos los capitales de riesgo: el círculo virtuoso del credo neoliberal. Tanta improvisación en la confección del programa exhibiría desorientación o necesidad de enfrentar los hechos por errores de cálculo. De un modo u otro, no fue solamente el método recoleto de decisión lo que generó las primeras rispideces en el seno de la Alianza. El Presidente debió insistir en la situación límite indicando que la alternativa sería el default, una perspectiva que algunos creen inevitable y otros la promueven.

Tironeos

De todos modos, el programa pedido entró a tironearse. Las modificaciones a los anuncios de Cavallo sobre todo de dónde se extraerán los recursos para cumplir con déficit 0, requieren de un gran respaldo político para poder implementarse. En su forma original, sólo obtiene apoyos formales.

Insólitamente, aquí y afuera, en los círculos económicos más concentrados, se demonizó al ex presidente Raúl Alfonsín como si él fuera el causante de la crisis. Una lectura posible de tanto agravio gratuito fue la de presionarlo a que expresara el respaldo público al ajuste, como ocurrió en la cena de Olivos donde puso algunos reparos y prometió aportar reformas.

El alfonsinismo temió caer en una trampa. «Vamos a dar el apoyo al ajuste y el peronismo lo va a criticar dejándonos mal parados», pensaban. Pero el encuentro y la declaración de Olivos se convirtieron en condición sine qua non para discutir con los gobernadores peronistas el respaldo al programa.

Estaba escrito que éstos criticarían la ausencia de debate previo y la necesidad de un consejo económico y social, vieja aspiración del PJ para preparar su regreso al gobierno.

Los resultados se conocerán hoy, lo que desnuda la complejidad de esta trama. Hay algo más: en Olivos, los provinciales sin compromiso tomado pusieron una pica en Flandes; obligar al Presidente a decidir con qué coalición quiere gobernar. Leen que las propuestas de reformas al ajuste y las gestiones de Alfonsín ante sindicalistas y empresarios vinculados al mercado interno tienden a limar el poder de Cavallo y no sólo de él. *

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