La economía determina el voto de los españoles
Madrid, Reuters
Cuando Aznar se convirtió en presidente del gobierno tras ganar por estrecho margen los comicios de 1996, muchos españoles se preguntaba cuánto tiempo se mantendría en el poder.
Cuatro años después, el ex inspector de Hacienda, cuyo objetivo inicial era lograr que su administración se mantuviera en pie, ha logrado bastante más que eso.
Las últimas encuestas, el fin de semana pasado, asignaron al Partido Popular (PP) de Aznar entre 158 y 171 bancas en el parlamento, contra 156 que tiene actualmente. Los socialistas, la principal fuerza opositora, que poseen 141 legisladores, tendrían entre 131 y 144.
Aznar, de 47 años, ha dejado mal parados a los críticos que decían que no era un líder con carisma para reemplazar al anterior gobernante, el socialista Felipe González.
Pese a los pronósticos de los sondeos de intención de voto, en el PP existen buenas razones para no cantar victoria por anticipado.
El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), conducido ahora por Joaquín Almunia, ha mejorado sus perspectivas al unirse con los comunistas, por primera desde la guerra civil de la década de 1930.
La ventaja de Aznar en las encuestas, de entre cuatro y cinco por ciento, es demasiado estrecha como para excederse en confianza a tan pocos días de la elección. El crecimiento de la economía y el cumplimiento de los requisitos para el ingreso de España a la zona de la nueva moneda única europea, el euro, son las principales cartas de los conservadores para estas elecciones.
La sociedad española llega al tramo final de la campaña electoral sumergida otra vez en la amenaza de violencia por parte del grupo separatista vasco ETA (Patria Vasca y Libertad).
Una nueva ola de atentados, que provocó tres víctimas fatales desde fines de enero, ha hecho retornar el tema vasco al centro de la agenda política.
Almunia acusa a Aznar de no haber hecho lo suficiente para salvar el proceso de paz con el grupo separatista.
Pero Aznar, quien fue víctima de un fallido intento de asesinato por parte de ETA en 1995, cree que su intransigencia contra la violencia de ese grupo está en armonía con el punto de vista de la mayoría de los españoles.
De una u otra forma, los analistas coinciden en afirmar que los atentados no alterarán la tendencia del electorado, porque los dos partidos mayoritarios rechazan tanto la violencia como las demandas independentistas de ETA.
En el plano político, Aznar afirma que la nueva alianza socialista-comunista implica un retorno al pasado que pone en peligro la estabilidad económica. Mientras que Almunia acusa a Aznar, quien durante años ha trabajado para alejar a su partido del legado fascista del dictador Francisco Franco, de tratar de revivir las teorías sobre la «amenaza roja». Para los socialistas, las declaraciones muestran la preocupación de Aznar, quien dirige uno de los pocos gobiernos conservadores de la Unión Europea, por una alianza que puede captar a un amplio electorado de centroizquierda.
Pero las encuestas muestran que, pese a todo, Aznar ganaría los comicios y, manteniendo la alianza con los nacionalistas catalanes, obtendría la mayoría parlamentaria para formar un nuevo gobierno.
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