Miles de manifestantes protestarán contra el Grupo de los Ocho

Antimundialistas realizarán su cumbre en Génova

Si bien se declaran dispuestos a discutir reivindicaciones de los movimientos anti-mundialización, por el contrario tienen pocas respuestas que dar a sus exigencias y deben prepararse para una reunión difícil en la cual son esperados más de 100.000 adversarios de la globalización desenfrenada.

Los combates del «movimiento social mundial» son conocidos a partir de la cumbre de Seattle, en diciembre de 1999. Están inspirados por los temores nacidos de una mundialización considerada como generadora de injusticias y dan testimonio de aspiraciones sociales, medioambientales y democráticas.

El G8 inscribió en su programa de discusiones sobre la lucha contra la pobreza, la reducción de la deuda de los países más pobres, el medioambiente y el sida. Para convencer, los dirigentes del G8 no podrán contentarse con emitir pomposas declaraciones de buenas intenciones.

Incluso El Vaticano se pronunció con una advertencia sobre lo legítimo de la reunión.

«Esta cumbre de los países más poderosos del mundo que se reúnen cada cierto tiempo para tomar decisiones es un organismo que se autonombró, sin recibir ningún mandato internacional», comentó el arzobispo Diarmuid Martin, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Ginebra.

Anfitrión de la cumbre, el presidente del Consejo italiano, Silvio Berlusconi, se ha mostrado tranquilizador. «El G8 no es una torre de marfil en la que ocho hombres poderosos deciden el destino de los otros», afirmó a fines de junio durante una visita a Génova.

La ciudad se prepara para vivir jornadas muy tensas. Todos los movimientos antimundialización se han dado cita para una anticumbre a partir del 16 de julio, y con ellos se esperan también los vándalos que saquearon la ciudad de Gotemburgo durante la cumbre de la Unión europea del 15 y 16 de junio.

Los dirigentes del movimiento son conscientes del peligro, pero hacen recaer la responsabilidad sobre los gobiernos que tardan en responder a las aspiraciones de los militantes.

En el plano político, ya han ganado la apuesta. Si la cumbre no es anulada, como lo reclaman los grupos más radicales, se desarrollará en condiciones humillantes para los dirigentes de las ocho grandes potencias –Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Italia, Gran Bretaña, Canadá y Rusia– obligados a reunirse en un barco anclado en el puerto transformado en fortaleza sitiada.

Esa será la imagen que quedará entonces de la cumbre del Génova.

Los antimundialización se dicen escépticos en cuanto los resultados. «Los dirigentes del G8 están paralizados por lo que ocurre. Se dan cuenta que existe un problema, pero no están en condiciones de encontrar una solución», afirma Christophe Aguiton, uno de los responsables de ATTAC (Asociación por un impuesto sobre las transacciones financieras y de ayuda a los ciudadanos).

Algunos gobiernos han intentado dar respuestas. El primer ministro socialista francés Lionel Jospin defendió en abril en Río de Janeiro una mundialización «controlada, con rostro humano».

«El gobierno francés tiene que explicar claramente cómo cuenta hacer para que sus actos estén de acuerdo con sus palabras» comentó la Liga de los Derechos Humanos (LDH).

«Al no haber debate, los gobierno dejan a las fuerzas sociales sólo el espacio de la calle para expresarse abriendo así el camino a la violencia y buscando allí un pretexto para desacreditar toda contestación», acusó la LDH, miembro de la Federación Internacional de los Derechos Humanos.*

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje