Otro gobierno de concertación
Santiago, AFP
Lagos, economista de 62 años, ministro de Educación durante el gobierno del presidente Patricio Aylwin (1990-1994) y ministro de Obras Públicas del presidente Eduardo Frei (1994-2000), reaccionó indignado ante la recepción que los altos mandos brindaron al ex dictador Augusto Pinochet, cuando regresó el viernes pasado luego de 503 días de detención en Londres.
El mandatario electo afirmó que en ese momento «la patria sufrió» al ver el despliegue de helicópteros, soldados con metralletas y marchas militares que rodearon la llegada del ex presidente de facto (1973-1990).
«Estoy triste por Chile y entiendo que hoy tengo un desafío mayor: hacer en mi gobierno un tremendo esfuerzo por demostrar al mundo que somos un país democrático donde manda la autoridad elegida por el pueblo, y donde las Fuerzas Armadas son disciplinadas, obedientes y no deliberantes. Que lo tenga claro Chile», advirtió Lagos.
Para el ex canciller José Miguel Insulza, próximo ministro del Interior del gobierno de Lagos, «el despliegue militar del Ejército, el paso de los helicópteros por sobre La Moneda (el palacio presidencial), la música alemana, todas esas cosas son una provocación».
Insulza, uno de los más cercanos colaboradores de Lagos, reiteró que en el tercer gobierno de la Concertación «se cuidará que las Fuerzas Armadas sean obedientes y no deliberantes».
Indicó que «eso no es un juicio al presente, sino una propuesta al futuro. El ejército no puede ser un actor político. No hay un régimen realmente democrático si existe una rama de las Fuerzas Armadas que se convierte en oposición política».
Y es que nuevamente el factor Pinochet cobró fuerza en la vida política chilena, después que Gran Bretaña lo liberó del juicio de extradición a España, donde el juez Baltasar Garzón lo reclamaba bajo cargos de genocidio, terrorismo y torturas.
Tanto el presidente Eduardo Frei como el nuevo mandatario chileno invocaron razones humanitarias para obtener esa liberación, basados en el precario estado de salud y la avanzada edad del general de 84 años.
Frei cumplió así su compromiso de traer de regreso a Pinochet antes del término de su gobierno, porque su detención y enjuiciamiento en Europa «pudo haber sido el detonante de una crisis institucional de consecuencias mayores», según señaló en un mensaje al país el día del retorno del ex dictador.
La etapa que viene en el «Caso Pinochet», ahora con el Gobierno de Lagos, es lograr «que los tribunales chilenos y no los de otro país, sean los que apliquen la ley», según palabras de Frei.
Hace diez años, el gobierno de Patricio Aylwin planteó como prioridad restablecer el imperio de los derechos humanos conculcados en el régimen de Pinochet y buscar la reparación de los daños causados a los familiares de las más de 3.000 víctimas de la represión, entre ellos los 1.198 detenidos desaparecidos.
Aylwin, primer gobernante de la Concertación, abrió el camino de la transición chilena a la democracia, que continuó el gobierno de Frei en medio de las dificultades económicas de los últimos dos años, por la sequía y los efectos de la crisis asiática que provocó una fuerte caída en los ingresos por exportaciones.
«Nunca escondimos la cabeza, siempre dimos la cara, siempre estuvimos con la gente, con responsabilidad y seriedad, sin demagogia»., dijo Frei a la hora del balance.
La reactivación económica comenzó el segundo semestre del año pasado, reflejada en una inflación anual de 2,3%, un superávit comercial de 1.640,6 millones de dólares y una disminución del desempleo, que había sobrepasado el 11% (600.000 trabajadores).
«Hoy se cuenta con un país sólido que puede iniciar un camino de recuperación con gran solvencia y sentido de futuro», aseguró Frei el lunes pasado, en un encuentro con sus ministros y otros asesores.
Lagos recibirá la presidencia de manos de Frei durante una ceremonia en el Parlamento, este sábado, después que la oficialista Concertación, encabezada por la democracia cristiana y el socialismo, ganó el 16 de enero la segunda vuelta electoral con el 51,31% de la votación, mientras el ex asesor de Pinochet, Joaquín Lavín, reunió el 48,69%.
Ricardo Lagos intentará a partir del sábado, cuando asume la presidencia, que Chile relegue al museo de la historia al ex dictador Augusto Pinochet, aunque medios políticos consideran que la sombra del anciano dictador seguirá proyectándose sobre este país andino.
«Esta es una de las caraterísticas centrales o diferentes de Chile, que está dividido por su pasado y no por su futuro, gracias a Lagos», precisó el diputado socialista Jaime Estévez.
Estévez, economista y futuro presidente del Banco del Estado, sostuvo que Lagos, además del respaldo popular, tiene una visión de modernidad integradora con sentido social. «Lo que nos divide son los dolores del pasado no resueltos, que deben ser enfrentados por la justicia y obviamente por el personaje que va de salida (Pinochet), que provocó un cúmulo de dificultades», comentó.
Estévez coincide con el malestar del oficialismo por la «solemne» recepción que los altos mandos militares brindaron al ex dictador el viernes, a su regreso de Londres después de 503 días de detención.
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