Forcejeos por los espacios de poder en Argentina
ISIDORO GILBERT
De la Rúa recibió un cálido recibimiento en esa provincia, donde encabezó los fastos del 185 aniversario de la independencia nacional. Sus exhortaciones no tienen respuestas positivas, pese a que las ha reiterado. La atención estuvo en la Capital Federal, donde el ministro de Economía, Domingo Cavallo, explicó a los banqueros que el presidente le ha dado poder suficiente para achicar gastos, especialmente en los destinados a jubilaciones y atención de los jubilados. Es que para hoy el gobierno espera colocar emisiones de Letras y no quiere pagar exorbitantes tasas con un riesgo país de casi 1.100 puntos básicos.
Cavallo acaba de sentir la dureza externa en sus viajes relámpago por Berlín, Roma y Turín, donde pensaba lograr que compromisos en euros fueran negociados para modificar vencimientos, como lo hizo con bancos y tenedores de títulos de la deuda, en el meneado megacanje. Sus efectos no perduraron porque los acreedores, que han hecho un negocio suculento con esa operación, reclaman la poda del gasto, que Argentina cumpla con compromisos sobre su déficit fiscal, firmados con el FMI. El padre de la convertibilidad quiere, para ese cometido, controlar más efectivamente que ahora la obra social de los jubilados (PAMI) y el sistema de jubilaciones (Ansses). Ambos gastan cerca del 40% del presupuesto nacional. A esa mayor influencia de Cavallo sobre el gobierno se ha opuesto abiertamente el titular del radicalismo, Raúl Alfonsín, lo que demora las decisiones. Se supone que De la Rúa se recostará en su ministro, que tiene ambiciones más amplias, según los comentarios de los diarios locales. Tanto el presidente como los más altos funcionarios juran que no habrá disminuciones de las jubilaciones ni que se desmantelará el sistema de salud de los ancianos.
El jefe del gabinete, Crhystian Colombo, informó que los gastos se reducirán en 1.600 millones de dólares, pero que el peso fundamental lo deberán hacer las provincias, donde se viven las dificultades sociales más litigiosas. En ese sentido, el llamado presidencial tiende, más que a conformar un gobierno de unidad nacional, a lograr el respaldo de los gobernadores para ajustar los gastos. La semana pasada, el gobierno central consiguió hacer hocicar al gobernador bonaerense, Carlos Ruckauf, que se comprometió a la poda a cambio de préstamos (bonos, en realidad) para pagar sueldos y el aguinaldo y evitar que la provincia estalle.
Ruckauf ha sido acusado por sectores del oficialismo de intentar desplazar al Presidente y anticipar las elecciones presidenciales, un asunto que la semana pasada cubrió las preocupaciones políticas. *
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