Actos terroristas del gobierno de Israel
NIKO SCHVARZ
De Sharon a Shimon Péres, los gobernantes de Israel proclaman urbi et orbi –de Jerusalén a Washington, pasando por Berlín– que no reanudarán las conversaciones de paz y el diálogo con los palestinos hasta que no cesen la violencia y los actos terroristas. Mientras tanto, siguen perpetrando ellos una serie de actos de auténtico terrorismo de Estado, que incluso sus más fieles sostenedores han reprobado (tímidamente por cierto).
Israel está ganando la batalla de la propaganda (y la guerra en el territorio). Dispone de la mayoría de los medios de comunicación internacionales, en primer lugar los regenteados por EEUU, del cual es aliado incondicional en la estratégica región. Basta ver a los voceros del gobierno israelí de turno que aparecen a toda hora por la CNN. La campaña desplegada por estos medios procura introducir en la cabeza de millones de seres la idea de que los terroristas están en el bando opuesto. Mientras tanto prosiguen su escalada de bombardeos con aparatos F-16 de guerra y sus asesinatos selectivos y masivos, que han contribuido en la mayor medida a elevar la cifra de muertos desde el 28 de setiembre a 497 palestinos, 13 árabes israelíes, 118 israelíes y seis europeos. A ello se suma la ocupación de territorios palestinos, su bloqueo con tanques (como el consumado en Hebrón, Cisjordania, mientras Sharon se reunía con Bush), la extensión de los asentamientos judíos. Al dejar su cargo el embajador de EEUU en Tel Aviv, Martin Indyk, criticó a los israelíes por proseguir la construcción de asentamientos en Cisjordania, que actualmente alcanzan 200 mil, el doble que en 1993.
Bombardeos al Líbano y Siria
El mundo se horrorizó el 18 de mayo, cuando bombarderos F-16 del Tsahal efectuaron bombardeos con misiles contra Naplusa y Ramalá, repetidos al otro día con un saldo mortífero. Esto no ocurría desde la guerra de 1967. Se habló del peligro de una «guerra total». Hasta el vicepresidente Cheney solicitó que se dejara de utilizar los F-16 (proporcionados por otra parte por EEUU, lo mismo que los helicópteros Apache y toda la parafernalia armamentista).
Ahora, el 1º de julio los cazabombarderos israelíes extienden la guerra fuera de fronteras lanzando sus proyectiles en el sur del Líbano y contra instalaciones de radar sirias en el valle de la Bekaa al sur de la milenaria ciudad de Baalbek, por segunda vez en tres meses, mientras aviones israelíes sobrevuelan Sidón y Beirut, la capital. En el mismo operativo, tres palestinos son muertos en Jenín, Cisjordania, por misiles lanzados contra su vehículo desde un helicóptero israelí. La ciudad se transforma en un polvorín. Los incidentes se habían iniciado en el polémico sector de las granjas de Shebaa (en la frontera de El Líbano con Israel y Siria), que Israel sigue ocupando después de su retiro del Líbano en mayo de 2000.
Asesinatos selectivos
Los palestinos reiteraron entonces su reclamo de creación de una fuerza internacional de interposición en la región, pero los israelíes replicaron que sólo EEUU podía ser garantía de una tregua. Se recordará que una propuesta en ese sentido fue vetada precisamente por EEUU en el Consejo de Seguridad.
El 4 de julio el gabinete israelí dio luz verde para atacar a los palestinos que sindicaba como terroristas. De hecho el ejército ya estaba aplicando esa directiva. Incluso el Departamento de Estado se pronunció en contra, pero el gabinete de seguridad reiteró que mantendrá su política de eliminación selectiva de militantes palestinos sospechosos, lo que abre la vía de asesinatos en cadena.
La represión se ejerce también contra los israelíes que abogan por soluciones de paz. Ya informamos de las brutales agresiones contra los movimientos de convivencia árabe-judía que llevan ayuda solidaria a los habitantes de las zonas ocupadas, que sufren tremendas carencias. También se aplican castigos colectivos.
Castigos colectivos
En la noche del 2 de julio, el colono judío Yair Har-Sinai fue asesinado cerca de un asentamiento al sur de la ribera occidental. Sus compañeros declararon que él, a diferencia de los demás, no iba armado, y que día tras día llevaba sus rebaños a pastar a los territorios palestinos, para «transformarlos en territorios judíos en la práctica», lo que les merecía el mayor elogio.
A la mañana siguiente, tropas israelíes irrumpieron en el poblado palestino cercano arrasando las precarias viviendas y chozas donde se guarecían los campesinos pobres palestinos. Arrasaron todo a su paso. Más de 500 personas perdieron su hogar. El ejército rodeó la zona, impidiendo el paso a la Cruz Roja y a los pobladores vecinos.
Así procedieron los nazis en Lídice, o en represalia a las acciones del maquis o de los partiggiani como en el famoso episodio de las Fosas Ardeatinas. En este caso, se añadía el objetivo de expulsar definitivamente a los palestinos de esas tierras y de apoderarse de ellas, como se viene haciendo desde 1982.
Si el conjunto de estos hechos no configura un caso palmario de terrorismo de Estado, ¿qué es el terrorismo de Estado? Y esto viene de lejos. En su reciente gira europea, Sharon se salteó la proyectada etapa belga. ¿Saben por qué? Porque trascendió que podrían pedirle cuentas sobre las masacres de 1982 en los barrios beirutíes de Sabra y Chatila. Un buen tema para el Tribunal de La Haya, sin duda.*
Te recomendamos
¿inocentes?
Argentina: Adorni, Angeletti, Sturzenegger y Espert se acogen al régimen de “inocencia fiscal”
Lejos de dar explicaciones sobre los orígenes opacos de sus dineros, los funcionarios del gobierno de Milei se acogieron a una ley —diseñada y aprobada por el mismo gobierno— para quedar totalmente impunes.
Compartí tu opinión con toda la comunidad