Crece el poder del superministro de la economía argentina Domingo Cavallo

¿El padre de la convertibilidad en la jefatura del gabinete?

Isidoro Gilbert – Argentina

 

Por ahora no sucederá ni habrá cambios ministeriales. Ni en lugares claves como la secretaría general de la presidencia donde tiene puesto el ojo el ministro de Economía. Eso sí, Cavallo ampliará su control sobre lo referente a la seguridad social como señal a los mercados que es seria la voluntad del gobierno de poner el diente en el gasto, un regreso al ajuste.

Se ve en el rostro del ministro que aspira a tener más poder, convencido que será la manera para revertir la depresión de la economía. Sus conmilitones sostienen que la petición para llevarlo a la jefatura de gabinete proviene de «más de un empresario que se lo sugirió al Presidente; él no lo ha pedido», se justifican. Lo cierto es que le disgusta el sistema de decisiones del Presidente: «Menem lo dejaba trabajar, porque lo necesitaba. Sospechamos que el Presidente no lo cree a Cavallo imprescindible», comentan en el entorno del cavallismo. Exageran: De la Rúa hablará con quien sea para que el ministro no sea enfrentado por gobernadores o sindicalistas.

El jefe radical, Raúl Alfonsín, no pudo contener las modificaciones que afectarán la fuerza partidaria en los organismos sociales que utilizan casi la mitad del presupuesto nacional. Fue a ver al Presidente en la seguridad de poder conversar tranquilamente, pero se encontró con una mesa poblada. Conclusión, los resultados de la charla fueron magros. Sirvió para hacer saber a la gente que la UCR respaldaba a De la Rúa en esas horas donde incluso se llegó a plantear que el gobernador del Chaco, el radical Angel Rozas, con respaldo del ex presidente, se alistaba para aplicar la ley de acefalía.

Fue otro de los dislates de los últimos días, que han podido tener visos de realidad por dos factores. Primero, porque hay cada vez más convencidos, de que el país tiene un Presidente debilitado, sea por su estilo, o por razones de su salud. La otra razón, la impericia de la que hacen gala los comunicadores del oficialismo. Rozas dijo lo que pensaba, como antes, el ministro de Salud, Héctor Lombardo, describió la enfermedad del Presidente como artereoesclerosis, de la que se habla en reservado, jamás para los medios. Al gobernador, lo vendió el subconsciente, no un curso de acción.

Revés para Ruckauf

Quedó flotando la idea que hubo intentos de obligar a irse a De la Rúa. Lo dijo el jefe de la bancada de la Alianza, Darío Alessandro pero cargó el mochuelo sobre Carlos Ruckauf. El diputado fue impreciso, pero el gobernador, al menos en tres lugares sugirió que renunciaría para forzar al Presidente a dar también ese paso, y blanquear la realidad política con comicios anticipados. El gobernador bonaerense negó, en reservado, que dijo lo que dijo «pero no pensaba renunciar», aclara con esa sonrisa que lo distingue, cuando hace una travesura. No eran palabras para divertirse, sino expresión de sus propias dificultades. Pugnaba por dinero contante y sonante para poder pagar sueldos a los estatales y usaba sus amenazas laterales en su forcejeo con el jefe de gabinete, Crhystian Colombo, que tenía los fondos, pero quería arrancarle el compromiso de que ajustaría la dislocada. En la puja, dicen en el oficialismo, el gobernador sufrió un revés que se verá si lo saca del camino hacia la presidencia, de la que se consideraba el más aceptado.

El forcejeo desnuda una realidad: ni Nación ni Provincias tienen fondos para enfrentar las necesidades reales, un virtual default: no pueden recurrir al exterior a buscar créditos, con tasas superiores al 16%. Sobre las provincias tocan las campanas del ajuste y por eso cada reclamo real que hagan a la Nación, será un tour de force para que apliquen el torniquete.

El juego ortodoxo

Cavallo denunció como «traidores a la patria» a los súperortodoxos del Centro de Estudio Macroeconómicos (CEMA), los «Chicago Boy’s» criollos endilgándoles los propósitos de sacarlo del gobierno, y no sólo a él. Hay un viejo dicho: «Una chambonada, no es más que eso, dos dan que pensar, tres, constituyen una línea política». Si se aplica este pensamiento a la sucesión de acontecimientos que siguieron al discurso de Eduardo Escasany, titular de la Asociación de Bancos, propiciando dureza política para enfrentar piquetes de desocupados, agitando el fantasma del «vacío de poder» y el regreso al ajuste sobre el ajuste, se puede colegir que desde un sector de las finanzas concentradas se estaba empujando a cambios en la casa rosada. Son presunciones. Ningún relevo imaginado, tiene poder político para imponer una plataforma como la que reclama el sector financiero más concentrado.

De aquí a las elecciones de octubre, los tembladerales se repetirán: habrá aumento de expresiones sociales, se reiterarán las contradicciones con los gobernadores, y los mercados harán sentir su peso, mediante el «riesgo país». Reclaman que haya excedentes para los compromisos de la deuda externa.

Si se hace un ejercicio de imaginación y se retira de los cálculos de ingresos y egresos los fondos destinados a los compromisos externos, la Argentina no tiene déficit. Pero es sólo eso, un ejercicio voluntarioso, pero que desnuda que el problema es la deuda. Tanto el blindaje como el megacanje postergaron la cesación de pagos. Pero antes de que finalice el año 2002, volverán los nubarrones.

La idea mayoritaria es que la ortodoxia fracasó y hay que imaginar formas de revertir la depresión, reingresar a la producción sostenida, mirando al mercado interno, pero también las exportaciones. No es fácil ni lo uno ni lo otro: lo revela el nuevo cimbronazo con Brasil. La inestabilidad argentina arrastró a todas las monedas de los países sudamericanos e impactó en España.

Menem preso

La prisión preventiva contra Carlos Menem, no incidió en la crisis. Cuando se supo de la novedad durante el encuentro de los gobernadores peronistas, no mereció ni un gesto de atención especial.

En sectores del radicalismo resulta incomprensible las declaraciones de Alfonsín criticando la figura de la «asociación ilícita». No la entienden, como se ha dicho, como parte de un «pacto de impunidad». La leen como «reacción de la corporación política», que ve con disgusto este proceso.

Hay una más reiterativa: el temor del ex presidente a que el país se vuelva ingobernable si Menem sigue preso por largo tiempo, lo que parece lo más probable, y sobre todo, si es condenado. Se supone que la transparencia es la que permitirá que la Argentina vuelva a ser un país confiable. Por eso este proceso al ex presidente y parte de sus colaboradores, debería ser leído como una oportunidad.*

AFP

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