La ETA irrumpió en la campaña electoral

El terrorismo de la organización separatista ETA ha irrumpido en la campaña electoral española sembrando la desunión en el País Vasco (norte), que constituye una baza importante para todas las formaciones políticas.

La organización independentista armada ha acentuado, como lo ha hecho en todas las elecciones anteriores, su ofensiva armada ante la proximidad de las legislativas del 12 de marzo. Tras romper una tregua de 14 meses, ETA ha cometido tres asesinatos y se ha convertido en el inevitable protagonista de los próximos comicios.

La ola de atentados ha precipitado la división entre los nacionalistas y los grandes partidos nacionales incapaces de unirse contra ETA, que ha asesinado a 772 civiles y militares desde el comienzo de su lucha armada en 1968.

Tras el asesinato de un dirigente socialista vasco el pasado 22 de febrero, esas divisiones han salido a la luz de manera rotunda.

El Partido Popular (PP) del presidente del Gobierno de centro-derecha saliente, José María Aznar, y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Joaquín Almunia, principal fuerza de oposición española, se negaron a manifestarse contra ETA junto al gobierno regional dirigido por el Partido Nacionalista Vasco (PNV, nacionalistas moderados).

El PP y el PSOE exigen que el PNV rompa todos sus lazos con los independentistas radicales de Euskal Herritarrok (EH), mientras este movimiento político, cercano a ETA, no condene los atentados perpetrados por la organización armada.

EH, que representa cerca del 18% del electorado vasco, ha llamado a sus militantes a abstenerse en los comicios del domingo venidero. Oficialmente, EH no quiere avalar la elección de los diputados de Madrid.

Pero, en realidad, la formación ha sido tomada por sorpresa por el fin de la tregua de ETA, cuya vuelta a la violencia es incomprensible para una parte de su base que no pensaba acudir a las urnas. EH se había comprometido con el PNV a buscar una solución nacionalista al conflicto vasco, en vista de que Madrid era incapaz de traer la paz.

Las dos formaciones habían firmado en 1998 el acuerdo de Lizarra (Navarra, norte), presentado como una fórmula para pacificar el País Vasco. El pacto había recibido la bendición de ETA que había decidido una tregua.

Madrid vio en este acuerdo la constitución de un peligroso frente nacionalista mayoritario en el País Vasco, ya que en las últimas elecciones regionales de junio de 1999 obtuvo el 54% de los sufragios.

El PNV, la fuerza política más importante del País Vasco, se encuentra también entre dos fuegos: el de EH, que, a pesar de los atentados, le pide que mantenga su alianza y el de los partidos nacionales que exigen una ruptura total con los radicales y, sobre todo, el abandono de Lizarra.

El PNV se ha limitado a romper su alianza parlamentaria con EH con lo que el gobierno regional se encuentra ahora en minoría.

El PP de Aznar, favorito para las próximas elecciones, rechaza toda concesión a ETA mientras la organización siga matando. Para encabezar su lista en el País Vasco, feudo del PNV, el PP ha elegido al actual ministro del Interior, el vasco Jaime Mayor Oreja, frontalmente opuesto a las tesis nacionalistas.

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