Domingo porteño sin diarios: huelga de "canillas"

ISIDORO GILBERT

 

Los canillitas, esa expresión acuñada por el uruguayo Florencio Sánchez, dijeron que no, con un cierre masivo de quioscos, a la pretensión de las empresas periodísticas de modificar las condiciones de comercialización de diarios y revistas.

Resultado, que la mayoría de los porteños y del conurbano, no pudieron acceder a la edición dominical, la de mayor venta en toda la semana, pese a que las empresas periodísticas permitieron la venta en supermercados, estaciones de servicios y otros lugares, donde se formaron largas colas para adquirir el diario de su preferencia.

Es otra expresión de la desregulación de la economía. Las empresas aducen que el monopolio de venta por parte de los canillitas afecta la libertad de expresión. Quieren que los diarios puedan ser vendidos de cualquier modo: por suscripción, en máquinas especiales, en supermercados, o en cualquier sitio. Los vendedores claman por mantener su fuente de trabajo en tiempos de crisis donde la caída de las ventas de cualquier publicación es impresionante.

Es, desde otro ángulo, un argumento más de las empresas. Ningún diario ha escapado a la caída de ventas o de publicidad y algunos como el mítico Crónica, está al borde del colapso. Clarín que habitualmente los domingos colocaba un millón cien mil ejemplares, difícilmente esté en el 60% de esa cifra espectacular. La Nación tiene menores pérdidas, pero su tiraje dominical era en buenos tiempos del cuarto de millón. Hubo venta de ejemplares en las oficinas de los diarios, no en Página/12 cuya circulación es fluctuante. Además de la desregulación, las empresas no quieren seguir pagando el 50% del precio de tapa del diario a los intermediarios (los llamados recorridos que ponen la pila de ejemplares en los quioscos y los canillitas). ¿Hay posibilidad de un acuerdo sobre nuevas bases de pago? Por ahora, el tema no aparece en las declaraciones de las partes en conflicto.

En los tiempos de gloria, un quiosco en el centro porteño podía considerarse una empresa próspera. Se ha llegado a pagar de «llave», varios millones de dólares. Esos puestos son una fiesta de orden y proliferación de publicaciones, nacionales y extranjeras. Amén de libros, CD, revistas de aquí y de afuera o videos.

Pero no es la norma entre los 18 mil quiosqueros, muchos de ellos con personal a cargo. El grueso, es manejado por familias humildes. En un tiempo, el sindicato estuvo dirigido por los comunistas. Ellos crearon una gran conciencia sobre derechos de los trabajadores. Pero hace tiempo, sobre todo por presión del poder militar, el sindicato quedó bajo el control del peronismo, en su expresión de derecha. Hoy el sistema de comercialización entra en crisis y lo que ayer se vio es sólo el inicio de un forcejeo donde, hay que aclararlo, no está en juego la libertad de expresión. Los incidentes fueron pocos, pero porque el cierre fue masivo. Fueron atacados algunos pocos puestos abiertos en los barrios. Las ediciones fueron para la jornada de tiraje desconocido, habida cuenta que la huelga de «canillas» no fue inopinada. *

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