Aznar con un saldo positivo
Los cuatro años de José María Aznar en el poder han estado marcados por grandes éxitos económicos, aunque el balance de su gobierno no es tan positivo en lo que respecta al conflicto vasco y la política internacional.
El Partido Popular (PP) de Aznar centra su campaña en «el milagro económico» conseguido gracias a su gestión, advirtiendo en todos sus mítines que una vuelta al gobierno de los socialistas significaría un regreso de «España al desempleo y el pesimismo».
El mayor éxito de los «populares» es la reducción del desempleo, que ha caído hasta el 15% frente al 23% en que se encontraba cuando el PP llegó al poder en 1996.
En España, que sigue sufriendo una tasa de desempleo récord en Europa, se crearon 1,8 millones de puestos de trabajo en cuatro años, lo que representa «más de la mitad» de los nuevos empleos creados en toda la Unión Europea durante este período, según repite una y otra vez el PP.
Estos buenos resultados se explican, según los analistas, por un fuerte crecimiento económico (cerca de un 4% anual), así como por una política rigurosa que ha servido para reducir la inflación, los tipos de interés y, sobre todo, el déficit público (1,1% del PIB en 1999 en lugar del 6,6% en 1996).
El éxito económico también ha permitido al gobierno de Aznar bajar los impuestos y no tocar los beneficios sociales (pensiones, sanidad, educación) heredados de la época socialista (1982-1996).
El Ejecutivo, orgulloso de haber «impulsado el diálogo social», firmó también numerosos acuerdos con los sindicatos, especialmente para defender el sistema público de pensiones o liberalizar modestamente el mercado de trabajo.
Sin embargo, este balance ha sido fuertemente criticado por la oposición de izquierda para quien la mala distribución de la riqueza ha aumentado en perjuicio de la mayoría de los españoles que sólo han podido cosechar «las migajas» del crecimiento.
Los socialistas denuncian especialmente las privatizaciones masivas que, según ellos, han permitido a «los amigos» de la gran patronal de Aznar crear «la mayor concentración de poder económico, financiero y mediático de la historia de España».
El gobierno saliente del PP no ha logrado, sin embargo, llevar la paz al País Vasco (norte) pese a las esperanzas sin precedentes generadas por la tregua de 14 meses por parte de la organización separatista armada ETA.
El alto el fuego, el más largo de la historia de ETA, terminó a finales de noviembre pasado y desde entonces los separatistas vascos han asesinado a tres personas: un militar, un dirigente socialista vasco y su escolta.
Durante la tregua, el Ejecutivo aceptó abrir negociaciones con los dirigentes de ETA, pero se negó a hacer cualquier tipo de concesión política a los independentistas. Su política de firmeza ha sido apoyada por la oposición socialista, pero también ha sido duramente criticada por los nacionalistas vascos, incluidos los moderados, que reprochan a Aznar haber «saboteado» una oportunidad histórica para la paz.
Finalmente, la gestión de Aznar también ha sido discreta en materia de política internacional.
Durante los últimos cuatro años, España no ha tomado iniciativas espectaculares y sólo se ha contentado con hacer gala, como en la precedente época socialista, de una política muy pro europea y centrada en un reforzamiento de sus lazos históricos con América Latina.
Según los socialistas, Madrid «ha perdido peso» en la escena internacional. Esta acusación es rechazada por el PP para quien España cuenta ahora más gracias a su «renacer» económico.
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