Tras años de enfrentamientos en España

Los socialistas y comunistas juntos

Esta unión de las fuerzas progresistas, inspirada en el modelo francés de la «izquierda plural» que permitió al primer ministro Lionel Jospin llegar al gobierno en 1997, es un fenómeno histórico en España.

Es la primera vez, desde el Frente Popular de 1936, que las dos grandes formaciones de la izquierda española concluyen un acuerdo que prevé la formación de un gobierno común con participación de ministros comunistas, en caso de producirse una victoria electoral.

Los socialistas, en el poder de 1982 a 1996, siempre han gobernado solos o en coalición con los nacionalistas catalanes (centristas).

La alianza entre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y la coalición pro comunista Izquierda Unida (IU) se basa en un principio simple: la izquierda española es mayoritaria en votos, pero perdió las elecciones de 1996 por culpa de su división frente a una derecha totalmente unida, que Aznar consiguió federar en torno al Partido Popular (PP).

En las legislativas de marzo de 1996, el PP había obtenido un 38,8% de los sufragios, ganando por un solo punto al PSOE que consiguió el 37,6% de los votos, mientras que IU obtuvo un 10,5% de los sufragios.

El acuerdo PSOE/IU, concluido en febrero pasado ante la sorpresa general, estipula que los diputados comunistas apoyarán la investidura del candidato socialista, Joaquín Almunia, si el PSOE obtiene más escaños que los «populares».

El pacto se complementa con un programa común de «gobierno de progreso» que contempla, entre otras medidas, una reducción de la jornada laboral hasta las 35 horas semanales, una mejor distribución de la presión fiscal favorable a las rentas más pequeñas, una subida del salario mínimo y de las pensiones, una liberalización del aborto y un desmantelamiento progresivo de las centrales nucleares.

Sin embargo, el alcance electoral del acuerdo está seriamente limitado en un sistema de escrutinio mayoritario a una sola vuelta, por la falta de unas listas comunes al Congreso de los diputados y el rechazo de IU retirar sus candidatos de las provincias donde no tienen ninguna posibilidad de salir elegidos.

Los socialistas querían conseguir esta retirada para asegurarse un mayor número de diputados y tratar de superar en escaños al PP.

A pesar de esta limitación, PSOE e IU esperan que su alianza «histórica» imprimirá «dinamismo» a la izquierda que beneficiará a ambos partidos.

En especial, cuentan con una vuelta de los electores «progresistas» que, decepcionados por las incesantes polémicas que oponían a ambas formaciones, habían terminado por abstenerse en las precedentes elecciones.

Por su parte, el PP afirma, al menos oficialmente, que no teme la unión de la izquierda «social-comunista».

Esta fórmula hará perder votos centristas a los socialistas en beneficio de los «populares», aseguran los estrategas electorales de la formación presidida por Aznar.

Según los sondeos, esta alianza no ha conseguido, al menos hasta ahora, aumentar de forma espectacular la intención de voto en favor de la izquierda.

Las últimas encuestas de opinión aseguran que el PSOE se mantiene estable con una desventaja de entre 3 y 5 puntos respecto al PP. IU, que cayó en picada en la intención de voto el año pasado (6 a 7%), sube ligeramente, pero se mantiene muy por debajo de su marca de 1996 con sólo entre 7 y 8% de los sufragios.

Si estas previsiones se confirman el próximo 12 de marzo, la izquierda será de nuevo mayoritaria en votos, pero tendría menos diputados que el PP que se mantendría en el poder.

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