Los problemas familiares del presidente George Bush

Primera dama fuma a escondidas y las gemelas quieren alcohol

Washington, ANSA

 

Las versiones sobre los cigarrillos secretos de Laura circularon precisamente en el Día Mundial anti-tabaco, y por eso cobraron más dimensión.

El Washington Post escribió ayer «Dicen que (Laura Bush) fuma cuando no está en público» y le creó problemas a la vocera de la Primera Dama, Noelia Rodríguez, quien sólo atinó a responder, ante la consulta periodística: «No sé nada al respecto. No puedo confirmar ni desmentir».

En un país donde la elite que redujo el humo a un vicio proletario, la imagen de una First Lady que fuma provocó un pequeño escándalo, ocho años después que Hillary Clinton había categóricamente prohibido el tabaco en el ámbito de la Casa Blanca.

Para George W. Bush el rumor fue algo así como llovido sobre mojado: apenas 24 horas antes el presidente había montado en cólera al enterarse que su hija Jenna intentó comprar una bebida alcohólica en Texas, con una cédula de identidad falsa.

El estado de ánimo del presidente fue descripto eufemísticamente por un funcionario de la Casa Blanca: «No estaba precisamente feliz».

Y el enojo de Bush creció aún más cuando supo que Barbara, la hermana «sabia» de la «rebelde» Jenna, también estaba en Chuy’s, el local de Austin donde se produjo el incidente.

Un cliente de Chuy’s, un restaurante de la capital texana conocido por su mediocre comida mexicana además de sus «Margaritas» asesinas, reconstruyó el incidente para la prensa: Jenna Bush, con la cédula de identidad falsa, se acercó al bar y ordenó dos «Margaritas», uno para ella y otro para su hermana.

La foto del documento era de ella, pero el nombre era de otra persona y el barman no se dejó engañar. Reconoció a la hija de Bush y rehusó prepararle el cóctel: «No querrá que arriesgue mi licencia para la venta de alcohol», le dijo a la jovencita y llamó a la policía.

Un camarero del local que pidió mantener el anonimato, describió la reacción de Jenna: «Usted no sabe quién soy yo», le gritó al barman, enojada y sorprendida de que alguien rehusara satisfacer sus caprichos.

La Casa Blanca no formuló comentarios: «Es una cuestión privada. Son cosas de las chicas», reiteró ayer Ari Fleischer, el vocero de Bush.

El episodio de Chuy’s no terminó en un arresto para la joven, porque ni una gota de alcohol fue consumida por las dos menores gracias a la intervención del barman y a la rápida llegada al lugar de dos oficiales de la policía, a quienes se sumaron los guardaespaldas de las chicas, mastodontes del servicio secreto que trataban de disimular su presencia luciendo pintorescas camisas hawaianas.

Barbara no se había movido de la mesa y la sacó barata. Pero para Jenna, que en abril, por consumo de cerveza, fue condenada a ocho horas de servicio comunitario y a un curso sobre los peligros del alcohol, las consecuencias ahora pueden ser duras.

El juez que la condenó en abril le había advertido que no debía meterse nuevamente en problemas porque caso contrario las penas serían mucho más duras.

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