En Nueva York, cuando apareció Superman
1 de junio de 1938
Ha salido a la venta hoy un comic book que habrá de tener un considerable éxito por algunos años, teniendo en cuenta el interés concitado mientras apareció como historieta en publicaciones diarias. Con guión de Jerry Siegel y dibujos de Joe Shuster, en él se narran las peripecias de un héroe singular, Superman (o el Superhombre) –originario de Krypton, un planeta ajeno al sistema solar– que tiene la singular virtud de concentrar en sí una impresionante suma de superpoderes: fuerza física excepcional, visión de RX, capacidad de desafiar la gravedad y de volar a una velocidad superior a la de la luz, oído capaz de captar los sonidos más lejanos. En fin, un hombre indestructible, inmune a enfermedades y a cualquier violencia física; una verdadera maravilla cuyo talón de Aquiles está en que en contacto con un trozo de kryptonita (material de que está constituido su planeta), todos estos superpoderes lo abandonan automáticamente, y se vuelve tan vulnerable e inoperante como cualquier ciudadano común y corriente.
Por supuesto que tan fantásticas capacidades, este superhéroe las pone sin excepción al servicio del bien, del orden, de la ley, del Estado, de la sociedad y del american way of life. No hay maleante, malhechor, delincuente, terrorista, anarquista o subversivo de la especie que sea que no sucumba irremediablemente ante la fuerza y valentía de Superman, que tanto salva a un niño que está ahogándose como desbarata un asalto a un banco.
Lo desconcertante es que Superman parece, a ojos del lector, un esquizofrénico. En efecto, junto al superhombre ataviado con una capa liviana roja sobre una suerte de malla azul que lo cubre del cuello a los pies y se adhiere a su espectacular musculatura, convive –en la vida cotidiana– un oscuro cronista del periódico local El Planeta: el tímido Clark Kent. Miope y vestido con un traje anodino, intenta vanamente obtener los favores de una colega, Louise Lane, quien –¡oh paradoja!– está perdidamente enamorada de Superman y desprecia a su compañero de trabajo, ignorante de que uno y otro son una misma persona.
En cuanto al éxito del comic, nuestro corresponsal explica que el ciudadano común se identifica con el personaje y su doble personalidad: consciente de sus limitaciones que lo asemejan a Clark Kent, el estadounidense medio sueña con realizar las proezas de Superman, su alter ego heroico capaz de sacarlo de la mediocridad.
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